lunes, 12 de septiembre de 2011

Menos impuestos, más penas de muerte

Por Fritz Sack (*)

Crece la creencia en el efecto disuasivo de los castigos carcelarios. Sin embargo, sólo un tratamiento racional y humano con los delincuentes puede conducir a su reintegración social.

 

Cuando a comienzos de los noventa le preguntaron al anterior presidente de la Cámara de Representantes de los EE.UU. y hoy aspirante republicano a la presidencia del país Newt Gingrich cómo pensaba llevar de vuelta a los conservadores a la presidencia, respondió lacónicamente: "menos impuestos, más penas de muerte".

Para John Major, el sucesor de Margaret Thatcher, el lema de su política penal cuando juró el cargo en 1990 fue "más penas, menos comprensión". La lección de Thatcher de que no existía tal cosa como la sociedad, dio abiertamente sus frutos.

Tony Blair quiso ser "tough on crime and tough on the causes of crime." Los expertos británicos, que desde hace años reivindican la segunda parte de esta consigna, no pudieron más que comentar esta afirmación con cinismo. Las citas son muestras de un desarrollo común a ambas sociedades anglosajonas. Pero este desarrollo también se aplica a la República Federal Alemana: lo que hoy puede verse en California, mañana se encuentra en el resto de los Estados Unidos y pasado mañana en Alemania.

Por estos pagos la política criminal la dirigen desde hace años los políticos exclusivamente contra los autores del crimen. Es célebre la frase del canciller Gerhard Schröder a propósito de un asesinato con motivación sexual en Hessen: "encerrarlo y echar la llave, y para siempre". Pocas cosas han cambiado desde entonces en Alemania. Todo lo contrario. El debate actual sobre la reforma de la detención preventiva la sanción más controvertida del derecho penal muestra que esta sociedad avanza, cada vez más, por el mismo camino.

Que a las declaraciones enérgicas de los políticos le siguen consecuencias en la política penal es algo que puede comprobarse en dos observaciones, una indirecta y otra indirecta. La directa se refiere a un desarrollo que apenas ha tenido repercusión en la opinión pública y la política alemana, y que tampoco ha sido entendido, en sus conexiones y en sus orígenes, por los expertos. Se trata de las cifras de las cifras de las penitenciarias estadounidenses, cuyos presupuestos e internos se han multiplicado desde mediados de los setenta del siglo pasado.

El porcentaje de población carcelaria (el número de presos por cada 100.000 ciudadanos) era en 1970 de 137 y en la década del 2000 ascendió a cerca de 750, esto es, se ha quintuplicado. Los EE.UU. lideran así la lista de todos los países en los que se lleva a cabo esta estadística.

Aunque no en la misma medida, pero sí en la misma dirección, encontramos los resultados en Gran Bretaña. Con 152 presos por cada 100.000 habitantes en el 2011, el Reino Unido se encuentra a la cabeza de todos los países europeos occidentales, una posición que ha alcanzado sólo en 20 años: en 1992 registraba 88 presos por cada 100.000 habitantes. También Alemania presenta una tendencia similar.


Cambio en el mundo occidental

La segunda observación, que demuestra claramente que la introducción de la citada retórica es seguida por cambios en la política penal, descansa en un análisis científico de la política criminal realizado por el internacionalmente reconocido criminólogo David Garland. The Culture of Control, el estudio de Garland sobre el giro de 180º grados en esta política en los modernos estados occidentales ha sido traducido a varios idiomas, entre ellos el alemán e incluso el chino. Un giro completo desde una aplicación racional, humanitaria y civilizada del derecho penal durante casi todo el siglo anterior hacia un recrecimiento de la represión, "el renacimiento de las prisiones", el retorno de la creencia en los enormes efectos del castigo. Se trata de un desarrollo alarmante.

Garland ha trazado detalladamente el declive de la confianza en el principio de reintegración social. Ha identificado, por ejemplo, la orientación del código penal a las víctimas, una orientación contraproducente y orientada a erosionar el estado de derecho, que se extiende a la sociedad; esta orientación ha determinado la roma retórica emocional del discurso público hacia quienes quebrantan la ley; entre otras cosas que escapan al espacio de este artículo.

Sin embargo, hay una punto de inflexión en la política penal encontrado por Garland que aquí merece una especial atención. Aparece en un lugar concreto de su libro para ilustrar un delito penal esencial de la política criminal, uno que encarna las características y "abismos" como ninguno y que podrían valer como clave para entender la moderna política penal y de seguridad.

Junto a la impasible y rutinaria gestión del estado y la sociedad y de su justicia de la criminalidad "cotidiana" robos, fraudes, hurtos o delitos parecidos hay una política criminal paralela para los criminales, a quienes a la vez deniega toda responsabilidad a través del derecho. A esta categoría pertenecen los delitos de violencia cometidos por los jóvenes y los delitos sexuales contra niños y menores de edad. Sobre todo estos últimos son presentados en los medios de comunicación como el epítome del mal y la perfidia, y tratados como una encarnación del mal más allá de todo sentido y raciocinio. Estos "monstruos" "inhumanos" pueden encontrarse no sólo en el ámbito de los delitos sexuales, sino también en el de los delitos de violencia, y allí sobre todo los cometidos por jóvenes en la medida en que se han visto implicados en sucesos violentos contra personas o bienes inmuebles y que se demostraron como igualmente "monstruosos".

Ejemplos pueden encontrarlos los usuarios de los medios de comunicación al alcance de la mano. Puede pensarse, por ejemplo, en las imágenes y los textos publicados en relación con la muerte por apaleamiento de un hombre a manos de dos jóvenes en una estación de tren en Múnich, cuando éste intentó interceder en una pelea entre los jóvenes viajeros. Y estas dimensiones del horror son sobrepasadas por el noruego Anders Breivik y la masacre cometida en la isla de Utøya, que el autor preparó psicológica y logísticamente con frialdad moral y emocional durante años, y que terminó con el asesinato de 77 jóvenes.

En el recuerdo de todos están frescos los en esta ocasión colectivos estallidos y excesos de violencia y delitos que durante cuatro días a comienzos de agosto recorrieron Londres y otras ciudades inglesas con violencia, numerosos incendios y saqueos. Hubo cinco muertos y varios heridos. La sociedad quedó conmocionada y la justicia respondió con procesos rápidos y con extraordinaria dureza contra los jóvenes. Dos jóvenes que intentaron sin éxito llamar a los disturbios a través de Facebook fueron condenados incluso a cuatro años de prisión con libertad condicional.

A partir de aquí hay, de hecho, un pequeño paso hacia el imaginario en el que el "mal" tiene su lugar concreto y al que debe su arcaico y prehistórico origen. Es la forma secular de una visión del mundo maniquea que se remonta al nombre de su fundador, Mani, en el siglo II a.C., y enseñaba un dualismo radical del mundo: el reino de la luz y el reino de la oscuridad, separados claramente el uno del otro. Este significado del mundo no conoce grises, ninguna mediación, ningún compromiso. Y tampoco ninguna historia, ningún futuro, ni el paso del tiempo.

Dos características distintivas de un dualismo así se dejan reconocer en la manera en que se trata la violencia a niños, personas y cosas, que puede calificarse de "derivado" maniqueo, ya que se trata de la carencia e ignorancia de toda perspectiva dinámica de la biografía de su autor. El principio, arriba mencionado, de "más castigos, menos comprensión", no significa otra historia que la destrucción de la historia del hecho y de quien lo comete, de su biografía, de su "mundo vital", del que procede y en el que está "inscrito". Se silencia por completo cualquier "consideración" de las circunstancias y otras "normas" que son necesariamente inherentes en la supervivencia en la pobreza, la falta de trabajo y de perspectivas, especialmente en una sociedad en la que las clases trabajadoras han dejado de existir para las clases altas en su existencia aislada.


"En cada hombre hay algo de valor"

La segunda característica por la que puede comprobarse cómo se abre paso una imagen social maniquea cuando se refiere a las penas por delitos de violencia o sexuales es el retorno del pensamiento biológico, que se creía superado, en la sociedad, la política y especialmente deplorable en una parte de la ciencia para la "explicación" del hecho criminal y sus autores. El Spiegel encabezó su reportaje sobre "Los disturbios en las ciudades inglesas" preguntándose acaso retóricamente, quizá no tan errónea desde el punto de vista del sentido común si lo que había sucedido no era el "estallido de un virus terrorírico hasta ahora desconocido y que afecta al cerebro y convierte a las personas normales en monstruos y de un momento a otro se apodera de todo: la voz interior, la moral, el efecto represor de los instintos que tiene la civilización". La lógica de la biología es estática, determina a los hombres, los fija en el reino del mal, del cual no sólo no hay ninguna escapatoria, sino que además se nace en él. Las ideas de reintegración social, sobre todo las de educación, desarrollo y constitución, no tienen aquí ningún lugar.

Todavía hay más. El pensamiento biológico en la criminología está encaminado a la figura artificial del individuo aislado y, en consecuencia, destruye el concepto de sociedad. Que esta perspectiva tiene enormes consecuencias políticas puede verse ante todo en el desdén hacia el caldo cultivo que permite en última instancia la comisión de actos criminales: ¿se trata de autores individuales, posiblemente de alguien que debiera ser tratado psiquiátricamente, o de un autor que tiene relaciones sociales y, posiblemente, políticas? El "autor individual" es en última instancia benigno: no supone una amenaza seria para la sociedad. Que el autor individual haya "llegado a serlo" es posible sólo presentando el telón de fondo sobre el que se hilvanaron múltiples experiencias ganadas a lo largo de toda una vida, algo que debiera valer como lugar común en la investigación criminológica.

La misma concepción de los autores individuales la veía de manera muy diferente uno de los mayores políticos y estadistas del pasado siglo: Winston Churchill. Churchill dijo en una ocasión en la Cámara de los Comunes que el cómo una sociedad lidia con criminalidad y criminales es "una muestra sólida de la civilización de cada país" y reclamó al estado y a la sociedad emplear la rehabilitación y confiar en que "en cada hombre hay algo de valor, si uno se toma el coraje de encontrarlo." ¿Qué político de hoy no movería la cabeza con preocupación al oír estas palabras?


(*) Fritz Sack fue el primer sociólogo en ocupar la cátedra de criminología en la Universidad de Hamburgo. Desde hace años dirige el Instituto para la Investigación Social en Criminología.
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jueves, 8 de septiembre de 2011

Semana política




8 de septiembre de 2011.


Hola, adjuntamos los sucesos más interesantes de la semana.


  1. Terror y contexto electoral.

  2. El caso Batres y la estrategia pejista.

  3. Egresos: hasta donde Pemex alcance.

  4. Elecciones 2012: ¿arbitro vendido?


TERROR Y CONTEXTO ELECTORAL. Cuando el Presidente Calderón califica el incendio del casino en Monterrey como un acto de terrorismo pareciera que lo hace sin conocer los supuestos y consecuencias jurídicas que implica una declaración de esa naturaleza. El terrorismo, como cualquier otro delito, requiere que desarrollen una serie de supuestos para poder ser definido como tal. De acuerdo con la legislación nacional, el terrorismo se compone de tres elementos: 1) uso de mecanismos violentos -entre los cuales está el incendio- en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, 2) que produzcan alarma, temor o terror 3) la motivación de atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinación. Pareciera que, en Monterrey, los primeros dos supuestos se actualizaron. Sin embargo, no queda claro si los responsables eligen sus objetivos al azar y, sobre todo, desde cuándo tienen la clara motivación política de atentar contra el gobierno en turno. Si existiese consciencia al respecto se podría presumir que el mensaje que busca transmitir el Presidente está cuidadosamente articulado, que ha trazado las consecuencias jurídicas de apelar al terrorismo y que llegar a ellas es precisamente su objetivo. Lo anterior es así porque, en el plano nacional, equiparar el crimen organizado con terrorismo, implica dejar atrás la discusión sobre la participación del Ejército en tareas de seguridad pública y abrir las puertas a una nueva estrategia de defensa nacional. Claro que, dadas las limitaciones del sistema de procuración de justicia nacional, una investigación exitosa de redes financieras parece poco probable. Sin embargo, el terrorismo es un delito que trasciende fronteras e invita a la cooperación internacional. Por ejemplo, México y Estados Unidos han firmado y ratificado la Convención Interamericana contra el Terrorismo y, bajo ese cobijo jurídico, el gobierno estadounidense tendría argumentos legales válidos para intensificar su labor de investigación en el país y para congelar, embargar o decomisar fondos. Elgobierno, por supuesto, jamás ha imaginado tal contexto a la hora de definir los hechos como terrorismo. No hay que perder de vista, tampoco, que la declaración del Presidente Calderón sobre el incendio en el casino de Monterrey sigue formando parte de la estrategia de desacreditación de otros actores con tal de justificar la situación actual del país: en primer lugar, al crimen organizado y su efecto sobre el entramado social; en segundo lugar, a las instituciones, formales e informales del PRI autoritario y del pasado inmediato foxista; en tercer lugar, a los gobernadores y su falta de apoyo a la política de seguridad; en cuarto lugar, a los otros poderes, particularmente al Legislativo donde diversas iniciativas fueron detenidas; y finalmente, a los Estados Unidos, vecino cuya política armamentista, entre otras cosas, ha dificultado la contención del problema de seguridad en el país. Es claro que el caso del casino en Monterrey, como todas las acciones del crimen organizado, no han versado en atacar al Estado, si no en menoscabar la fuente de financiamiento los grupos rivales o ganar zonas geográficas. El llamar a ese suceso un acto terrorista permite al Ejecutivo, sin embargo, justificar su necesidad de intervención y la defensa de la estrategia. Y si bien existen elementos para señalar como culpables del fenómeno de la violencia en México a diversos actores, el desarrollo del argumento del Ejecutivo, que desde luego tiene un componente electoral, de ninguna manera asegura detener el voto de castigo que se está gestando en el país hacia el partido gobernante en turno. El sentimiento de miedo puede ser capitalizado electoralmente. La pregunta es ¿qué partido y qué candidato lograrían comunicar una imagen de autoridad y de solución a los problemas que lo causan?


EL CASO BATRES Y LA ESTRATEGIA PEJISTA. El cese de Martí Batres como Secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal ha tenido una seria repercusión en lo que será la definición de la candidatura presidencial de la izqueirda mexicana. Hasta el lunes, las distintas facciones del PRD e izquierda habían empezado a forjar su alianza: se definió un método de selección con condiciones que favorecían a Andrés Manuel López Obrador sobre Marcelo Ebrard, sólo ciudadanos que simpatizan con la izquierda serán tomados en cuenta; se estableció la posibilidad de entrada a candidatos ciudadanos, que compiten directamente en simpatías con Ebrard y, finalmente, se consolidó el "no" de la izquierda a las ínfimas posibilidades que quedaban de formar una alianza que incluyera al PAN. Al determinar que sólo ciudadanos de izquierda serán tomados en cuenta en la encuesta, la ventaja de López Obrador se vuelvía clara -encuestas señalan preferencia por él de hasta el 60%-. Es, en ese escenario donde se da el cese de Batres, pro unas críticas al saludo del Jefe de Gobierno a Calderón en el Informe de Gobierno. Decía Hamilton en El Federalista que la política muchas veces adquiere matices institucionales, pues trata las relaciones entre los distintos ordenes de gobierno. Las criticas que recibió el ex Secretario de Desarrollo Social por su comentario vienen sin duda desde esta perspectiva. Pero también, no hay que olvidar que Hamilton también advierte que la política es un juego de voluntades y un choque de personalidades. Quienes den por muerto ahora a Batres rumbo al GDF 2012 habrá que recordarles que Calderón no era tampoco el delfín de Fox y compitió, internamente, sin estructura. La estrategia de Ebrard, con el cese, parece clara: perdida la presidencia hay que vender cara la piel, influyendo, de paso, en la contienda local del Distrito Federal, donde la influencia de AMLO aún es enorme. En este escenario para López Obrador no parece haber marcha atrás ni declinación posible a favor de Ebrard, pero tampoco es posible una confrontación clara y abierta, a pesar de la cercanía de AMLO con Martí. Si bien se podrá criticar el no aceptar una competencia que, al tener menos negativos entre la población, sea menos negativa en términos de aceptación popular, lo cierto es que en este momento AMLO está mostrando mayor oficio y capacidad de presión con su nueva estructura MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional). La estrategia de López Obrador estaría entonces ante el reto de transitar a mensajes más de centro y evitar las radicalizaciones que lo llevaron a fracasar hace cinco años. Sin embargo, la animadversión y temor previamente creados serán difíciles de revertir. Quizá, para ello, entonces, se tenga que tener en cuenta a Ebrard.


EGRESOS: HASTA DONDE PEMEX ALCANCE. Año con año se evalúan los criterios sobre los cuales debe aprobarse el presupuesto de egresos para el ejercicio fiscal por venir; posiciones encontradas es lo que marca el rumbo de las discusiones, posicionamientos partidistas y debates estériles caracterizan este proceso. Las negociaciones del presupuesto son aún más complicadas en este período porque es el último año de gobierno de la actual administración, es un año de elecciones y hay un deseo de todos los partidos de obtener el mayor beneficio posible. Los gobiernos de los estados por ejemplo, han pedido un incremento en los recursos, en parte para paliar un creciente endeudamiento,pero también para financiar el desarrollo y crecimiento de cada región. No obstante, los temas centrales en las discusiones que tendrán lugar en próximas fechas para la construcción y aprobación del presupuesto de egresos 2012, deben centrarse principalmente en la disciplina fiscal, la vigilancia y cuidado del déficit público que se vuelve esencial para el buen tránsito hacia la consolidación de la recuperación económica y el crecimiento. En el tema recaudatorio, el debate puede centrarse en la reducción o no de los impuestos, lo cual por supuesto tendría tintes electoreros. Es indispensable pensar en verdaderas reformas que permitan una ampliación de la base tributaria, para fortalecer el poder recaudatorio del Estado. En el tema del desempeño económico; después de los acontecimientos sufridos por los países a nivel global, economías golpeadas por la crisis financiera están en un proceso paulatino de recuperación. En el caso de México las expectativas de crecimiento económico se han revisado a la baja, el más reciente dato publicado por el INEGI, muestra un crecimiento de 3.32 por ciento durante el segundo trimestre de 2011 respecto el mismo periodo del 2010; éste debe ser uno de los factores principales a considerar dentro de la construcción del próximo presupuesto; es decir, se debe alentar el gasto público para fortalecer los niveles productivos que se han mostrado en los últimos meses. Por otra parte y desafortunadamente hay que considerar la dependencia que tiene el presupuesto de ingresos respecto a la contribución del petróleo, lo cual hace que se convierta en un tema muy álgido en la discusión del presupuesto en el Congreso de la Unión. Es el tema recurrente año con año: habrá dinero hasta donde lelgue Pemex. La petrolera representa cerca de 33% de los ingresos del Estado. A partir de 2004, cuando se llegaron a producir 3.4 millones de barriles diarios de crudo, se ha ido reduciendo la producción hasta un nivel de 2.5 millones de barriles diarios, dado el agotamiento del yacimiento Cantarell y la ausencia de nuevos yacimientos que lo compensen. Esto, que ningún gobierno ha osado a medir científicamente desde los tiempos en los que Juan Igancio Martí estaba en Hacienda, afecta la participación en los ingresos de muchos Estados y sin lugar a dudas tendrán impactos en las elecciones próximas del 2012 y posteriores. Para la configuración del presupuesto del próximo año, debería de tomarse como prioridad la generación de más y mejores empleos, destinando los recursos públicos a incentivar el mercado interno, que puede ser ejecutando las obras de infraestructura planeadas, incrementando el contenido nacional en las compras de gobierno, impulsando a la MIPyMES a sumarse a las cadenas productivas, incentivando la innovación y desarrollo tecnológico, entre otras medidas que fortalezcan el desarrollo económico de la nación.


ELECCIONES 2012: ¿ARBITRO VENDIDO? Todo fanático de los deportes sabe qué significa tener un arbitro vendido. Pongamos esa imagen en perspectiva electoral y, particularmente, en el Instituto Federal Electoral. Con ello en mente, podríamos decir que el corruptor es la Cámara de Diputados, o más estrictamente, la Junta de Coordinación Política, que con la omisión legislativa en el nombramiento de los tres consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE) que faltan, ha manifestado su conformidad con el statu quo. Es cierto que no es la opción preferida, sino porque cualquier elección que mejora a algún partido empeora a los demás, lo que termina favoreciendo la congeladora legislativa, que lleva más de 300 días sin hacerle caso al mandamiento constitucional. Por ahora, poseer un número par de consejeros dificulta decisiones internas en el Instituto. Cuando llegue el tiempo de las quejas por parte de los partidos políticos en el proceso electoral de 2012, el no tener un número impar de consejeros, podría menguar la capacidad de respuesta. No obstante, es importante recalcar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ya se ha hecho de un buen número de resoluciones que blindan a las que podrían llegar al colegiado del IFE, otorgándole mayor capacidad de arbitraje y legitimidad durante el proceso electoral de 2012. En el tema del incremento en el presupuesto del IFE, la prensa parece estar exagerando los montos presupuestados. El presupuesto, a diferencia de lo que algunos calcularon, es de 27% y no de 52% si se considera la inflación. Además, por ser un año electoral un aumento del 30% en gastos operativos no es tan dramático. Es cierto que la reforma del 2007 buscaba reducir el gasto, pero el aumento en recursos para monitorear medios fue un costo hundido que se mantiene con costos operativos elevados. No obstante la elección de diputados federales y senadores en las entidades, el IFE afirma que las elecciones concurrentes en los 15 estados elevarían el costo de la operación en 2012, pero el gasto de aquellas instancias es responsabilidad de las entidades. Los verdaderos ganadores del incremento al presupuesto serán los partidos políticos: aumentaron 3% el monto asignado con respecto a la elección de 2006, pero sin tener que gastar en radio y televisión. Al respecto las quejas de los partidos duraron menos de una semana ya que el IFE jugó con su carta más fuerte, tal cual niño berrinchudo: si no me aprueban mi presupuesto limito los recursos de los partidos para las campañas en 2012. En juego nada más y nada menos que 5,292 millones de pesos.


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lunes, 5 de septiembre de 2011

La dimensión de la guerra

Por Adolfo Gilly (*)

Es sabido, en buena doctrina militar, que una nación no puede utilizar a su ejército en tareas de combate a la delincuencia sin condenarlo a la desmoralización y la destrucción.
La persecución y el control de la criminalidad es tarea de otro órgano del Estado: la policía. Esa tarea y este cuerpo tienen sus propias reglas, sus modos de investigación, persecución y regulación del crimen, así como su ámbito específico de actividad y responsabilidad.

Haber encargado, por las razones que fuere, la persecución al narcotráfico como tarea primordial del Ejército Mexicano, y haber confundido y fundido su actividad con la que corresponde a los cuerpos policiales, es una descomunal irresponsabilidad mido mis palabras por parte del gobierno federal. Haber convertido la represión de una actividad criminal como el tráfico de drogas en una guerra una guerra interna contra un enemigo impreciso, ubicuo y enmascarado que ha llevado a las corporaciones militares y policiales del Estado también a enmascararse es una consecuencia natural de esa irresponsabilidad.

Resulta así que el Estado nacional mexicano está en guerra por decisión exclusiva del Poder Ejecutivo. Está por lo tanto en una situación excepcional, la de un Estado que, en los hechos, actúa una y otra vez por encima y al margen de las normas constitucionales y legales que fijan y delimitan sus poderes y sus relaciones con la sociedad. La proyectada ley de seguridad nacional propone diluir y desvanecer aún más la existencia y la vigencia de dichas normas.

Es el reconocimiento suprajurídico de un ente, llamado El Narco, como un Estado paralelo con fuerza militar propia, con finanzas que operan dentro del circuito financiero legal y en sus márgenes, con capacidad y autoridad impositiva de hecho en regiones del territorio nacional, con un cuasi monopolio de la violencia ilegal, contraparte del monopolio de la violencia legítima que por definición corresponde al Estado nacional. Se trata de una imaginaria construcción del enemigo sobre duros hechos reales así interpretados, similar al Eje del Mal de Baby Bush, para justificar una política sin sustento y sin futuro.

Ese reconocimiento, sintetizado en la fórmula guerra contra el narcotráfico, nos coloca a todos dentro de una realidad brutal: la disputa entre organizaciones de múltiples actividades criminales, enfrentadas y enlazadas en una lucha violenta y sin límites, y empuja a las fuerzas armadas de la nación a involucrarse como parte de ese conflicto.

En esta guerra no se respetan normas jurídicas ni límites morales. El narco por naturaleza no lo hace, ya ni siquiera con los antiguos códigos de honor de las organizaciones mafiosas. El Ejército federal se ve arrastrado al mismo terreno y, quiéralo o no, termina moviéndose fuera de la ley en su propio país. No es la primera ni la segunda vez que esto sucede. Pero ahora se convierte en norma de conducta, en modo y en costumbre desesperada. Los responsables de este proceso en el gobierno federal están destruyendo la fuerza moral de ese Ejército, ya antes lesionada por su utilización en conflictos sociales y políticos interiores.

* * *

Organizaciones armadas que por largo tiempo se combaten entre sí terminan asemejándose en métodos y costumbres. Cualquier novela policial muestra esta relación simbiótica entre los cuerpos policiales y el mundo de la delincuencia al cual la policía tiene que combatir, conocer, contener y regular. No se puede involucrar a un Ejército y una Marina nacionales en ese juego imposible e interminable sin pagar las consecuencias como nación y como sociedad y sin acabar desmoralizando, a la corta o a la larga, a los cuadros militares de cualquier nivel. Esto lo sabe bien y se abstiene de hacerlo Estados Unidos, cuyos gobiernos y cuyo ejército miran con sorna cómo el vecino México se adentra en ese camino, y hasta le dan su buena ayudadita.

La situación se agrava cuando las fuerzas armadas se ven obligadas por el gobierno federal a aceptar la intervención, y en muchos casos la tutoría técnica, de las fuerzas armadas del poderoso país vecino, Estados Unidos. Desde los tiempos de Porfirio Díaz, México rechazó esa dependencia, se negó al establecimiento de bases militares y navales extranjeras incluso en tiempos de guerra mundial y no envió a sus oficiales a recibir instrucción en Estados Unidos.

Esa tradición se ha disuelto. Hoy actúa directamente en nuestro territorio, con la aquiescencia y el beneplácito del gobierno federal, personal militar, policial y de inteligencia de la nación vecina.

Desde siempre, la política nacional de Estados Unidos en esta cuestión ha sido tratar de tener al otro lado de la frontera un Ejército mexicano débil y subordinado. No le basta la inmensa desproporción entre ambas fuerzas. Quiere, aunque sus gobernantes no lo digan, un Ejército convertido en constabularia, en cuerpos de policía temidos y odiados por la población, como la Guardia Nacional de Anastasio Somoza en Nicaragua o el ejército del sargento Fulgencio Batista en Cuba.

* * *

Esa política ha pasado ya todos los límites. El Ejército federal de Porfirio Díaz, sin dejar de mantener sus intercambios con Estados Unidos (que no era la potencia actual), adquiría sus armas en la lejana Europa y allá iban sus oficiales. Hoy México depende de la potencia militar limítrofe, Estados Unidos. Pero sucede que la industria de este país también provee de armas al narcotráfico, y no sólo a través de la operación Rápido y furioso. Un mismo proveedor está surtiendo de material bélico a los bandos enfrentados en la llamada guerra del narco , un actividad comercial sin control tal como les conviene a la industria del narco y a sus diversos intereses colaterales en los mundos de las finanzas y de la política.

Por otra parte, por los canales intercomunicados del sistema financiero de Estados Unidos y de México circulan impunemente los miles de millones de dólares de esa industria que figura entre los primeros rubros de exportación de este México de hoy, mientras su Ejército está entrampado en una supuesta guerra sin sentido, sin enemigo ubicable y sin posibilidad alguna de éxito. Este es el estado de cosas que la estrategia del narco provoca y desea como cobertura de sus negocios y sus rentas a ambos lados de la frontera.

Desde el punto de vista militar y geopolítico, ¿qué mejor para Estados Unidos en tanto poder militar vecino cuya zona declarada de seguridad se extiende desde Alaska hasta el canal de Panamá, incluido el entero Caribe que un México débil politica, social y militarmente, donde las violencias paralelas del narco y el gobierno diseminen indefensión, resignación y miedo?

A ese país nos lleva, si no lo detenemos, el actual gobierno federal con sus otras múltiples guerras contra las organizaciones sociales y sus derechos y conquistas; contra las propiedades de la nación en el suelo, el subsuelo y el espacio aéreo; contra el SME, las comunidades zapatistas, las organizaciones comunitarias de Oaxaca, Guerrero, Veracruz, San Luis Potosí, Sonora, los mineros de Cananea, los pueblos de La Parota, y contra cuantos sectores organizados de la sociedad resisten el despojo territorial, salarial y social.

No es inevitable que así sea.
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México: Casino Royale

Por Ximena Peredo (*)

¿Qué decir? Me pregunto sentándome frente a la pantalla con la tristeza a cuestas. Ya no reconozco a Monterrey.

Estoy cansada de esforzarme tanto en encontrar motivos para seguir amando a mi Ciudad. Trato de tomar aliento al contemplar sus atardeceres o sus montañas desperezarse al tacto del sol tierno. Pero al bajar la mirada advierto que sigo aquí, pasajera en esta nave de locos.

No queremos abandonarte, Monterrey, aunque nos escupas en el rostro, porque tu historia es la nuestra, porque no podemos hablar de nosotros sin hablar de ti. Porque no podemos salvarnos, si antes no te salvamos a ti. Porque vemos en las calles la confusión nuestra, porque hemos sembrado discordia y ahora éstos son los podridos frutos que cosechamos.

¿Tiene otro sentido acusar a las autoridades por su ineptitud o su complicidad, que no sea el desahogo? Porque me resisto a reaccionar a la tragedia del Casino Royale como lo hemos venido haciendo, exigiendo a las "autoridades" su renuncia, acusándolas de ineptas o de cómplices. Yo ya no. Me ha pasado algo que percibo irreversible. Ya no creo que éstas son autoridades. Luego, no creo que valga la pena descoserme en exigencias que son recibidas como cuencos vacíos. El problema de fondo es que están interpretando un papel -el de autoridades- que no comprenden. Su renuncia sólo los aliviaría a ellos mismos.

Sin embargo, me asusta la reacción de Rodrigo Medina y Alejandro Poiré de seguir inventándose un gobierno que ya no existe. Decir que darán todo el apoyo a las víctimas y prometer que darán con los culpables raya en el ridículo. Sabemos que ya no existe capacidad de reacción. Las víctimas se lamen las heridas solas. Los deudos de esta guerra reciben estas promesas televisivas como cachetadas, porque han comprobado que el Estado es un cascarón de palabras, una ficción inverosímil.

Los familiares de las personas que hasta anoche aún no habían sido rescatadas reportan que se les niega toda información. No hay reportes periódicos. No hay interlocutor. Están abandonados con el nombre de su madre o de su hermana en los labios. Están por enterarse, como otros miles de mexicanos, que no hay gobierno. Que la ciudadanía está sola y no sólo eso, sino que debe defenderse de quien debiera protegerla.

Aunque usted vaya a gritarles y a zarandearlos, quienes detentan el poder creen que lo correcto es salir a deslindarse de la tragedia. Creen que lo que procede es hablar sobre los permisos de un casino hecho cenizas. Creen que lo que corresponde es condenar el terrorismo. No comprenden que esta sociedad pide a gritos autoridades. No se atreven a romper el guión. Insisten en replicar discursos fáciles, carentes del peso inobjetable de la verdad.

¿Dar con los responsables de la tragedia del Casino Royale? ¿Y los culpables del Café Iguana, del Sabino Gordo? Rodrigo Medina cree que resuelve todo con la magia de sus declaraciones. Sus promesas sólo evidencian que no comprende la complejidad de la tragedia. Los culpables están en todas partes, señor Gobernador: quien dispara es acaso el último eslabón de una cadena de perversidades cómplices que usted conoce bien.

Monterrey se ha convertido en una gigantesca falla del sistema neoliberal en donde vivir es absurdamente caro y matar es asquerosamente barato. Las políticas públicas están encaminadas a que el sistema se sobreponga a sus propios achaques, pero no advierten que lo que nos hace falta es advertirnos humanos. De seguir así vendrán tiempos peores. Esperar a que las cosas mejoren haciendo exactamente lo mismo que hemos hecho durante años es aceptar la derrota.

Una de las testigos de la masacre de ayer en el Casino Royale narró una anécdota que quedó diluida entre la cascada de información sin valor. La clientela, presa de pánico, frente a una puerta de emergencia clausurada, entre detonaciones y gases decidió ceder la preferencia a una mujer embarazada. Nuestras vidas valen igual, pero ella representaba dos, por eso ayudamos a que saliera primero que nadie, narró la sobreviviente.

Sobre ese Monterrey honorable debe refundarse la Ciudad.


(*) Escritora mexicana.
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Vaticano: la brecha entre la filosofía y la acción

Por Antoni Domènech (*)

Antoni Domènech escribió hace dos años para SP-papel la reseña de la encíclica de Benedicto XVI Spe salvi. La reciente visita de Ratzinger a Madrid nos ha parecido una ocasión oportuna para reproducir también aquí, electrónicamente, ese texto.

 Spe salvi, la segunda carta-encíclica de Benedicto XVI, confirma la voluntad de especulación filosófica y filológica mostrada ya por Ratzinger en la primera.

Si en Deus caritas est se explayaba en las sutilezas de una distinción propia y desleídamente católica entre el amor clásico (eros) y el amor específicamente evangélico (agape, caritas) una distinción clave en la teología luterana contemporánea desde la gran aportación de Anders Nygren , Spe salvi no se queda corta, y aun va más allá.

Hay, por lo pronto, un esfuerzo de aggiornamento filosófico. Coquetea (superficialmente, al estilo de muchos filósofos alemanes de su generación) con el léxico de la filosofía analítica: el mensaje novotestamentario no sería sólo un acto "informativo", sino que tendría fuerza ilocucionaria o "performativa"; no sería sólo acción de decir algo nuevo, sino que, en decirlo y por decirlo, generaría realidad, "esperanza real", "positiva"; "vida nueva".

Coquetea con la escuela de Francfort, bien es cierto que con la peor: la que más acabó influyendo en la pseudoizquierda académica relativista postsesentaiochesca, la que confundió modernización capitalista con Ilustración, e Ilustración con apología acrítica del pretendido despliegue de una fantasmal "ciencia-técnica" instrumental. Pero ningún pensador ha conseguido imprimir en el siglo XX la colosal huella dejada por Marx en el XIX.

Ratzinger es demasiado inteligente para ignorar eso, y a su manera, rinde tributo intelectual a la bicha: se confiesa impresionado por el "vigor de lenguaje y pensamiento", la "agudeza de análisis" y "la clara indicación de los instrumentos para el cambio radical" de Marx, quien "fascinó y fascina todavía hoy de nuevo".

Por qué "fascina hoy de nuevo" es pregunta que queda en el aire. No decepcionará Spe salvi a quien sepa buscar respuesta por vía rodeada. Lejos de la optimista moda conservadora que, à la Lord Desai, celebra ahora a Marx como "genial anticipador de la globalización", se diría que, para Ratzinger, el que Marx "fascine de nuevo" se debe sobre todo a su calidad de profeta moral y a la inopinada actualidad que, en nuestro "presente fatigoso", parecen cobrar sus recomendaciones de "cambio radical".

De aquí la insistencia en los "errores de Marx", no como "agudo analista" ¿quien negará a estas alturas que, tras el paréntesis del capitalismo "keynesiano", socialmente reformado y conscientemente desmundializado, ha vuelto, con la contrarreforma remundializadora neoliberal del último cuarto del siglo XX, un capitalismo belicista y desembridadamente codicioso, harto parecido al estudiado por Marx? , sino como crítico político de lo existente que no rinde la esperanza en lo venidero.

Los yerros de Marx son entonces los de quienquiera espere en la Tierra un "reino de Dios instaurado sin Dios" y busque transformar las condiciones materiales del existir humano: "el cristianismo no traía un mensaje socio-revolucionario como el de Espartaco que, con luchas cruentas, fracasó".

Eso se declara desde el comienzo con franca llaneza. Luego se dice también de otros modos, no exentos de pompa y aun cursilería académicas. Así en su discusión sobre la interpretación de la fe como hypostasis, que, contra la teología luterana, Ratzinger traduce por "substantia", algo real y objetivo, no mera expectativa subjetiva.

Lo que prepara el terreno para una digresión filológica sobre los hyparchonta (bienes materiales reales: la base de la libertad política republicana clásica), a fin de oponerles, con el Pablo de Hebreos, los "bienes permanentes" de la fe (hyparxin), "base mejor para la existencia" humana, y no menos "reales".

Habría podido ahorrarse algunas de esas digresiones, si en vez de complicarse en Hebreos la epístola que menos gustaba a Lutero , se hubiera acordado del Pablo de Colonenses (3: 22-24), tan explícito: "Esclavos: obedeced a vuestros amos (...) porque Cristo es el verdadero Amo al que servís" . O del Pablo predilecto de Lutero (y de Hobbes), el de Romanos, apologético de toda dominación: "Los poderes que son, de Dios son ordenados" (13: 1).

Pero Ratzinger no es teólogo protestante, y no puede reducirse a especular filosóficamente sobre la inanidad y aun la intrínseca maldad de todo intento de corregir terrenalmente la opresión y la injusticia. Está obligado a componendas cismundanas, ancilares de un activismo católico inveteradamente dispuesto al terrenalísimo troquelamiento de la vida política. Eso sitúa seguramente al teólogo Ratzinger en una contradicción genuinamente "performativa" ("llueve , pero no creo que llueva"; "mi Reino no es de este mundo, pero hago tal que si lo fuera").

No a Benedicto, jefe de un pequeño Estado teocrático que, por ejemplo, mantiene todavía hoy, sin solución radical de continuidad en ningún caso, concordatos urdidos en su día con las dictaduras de los cinco países europeos que sucumbieron al fascismo (Italia, Austria, Alemania, Portugal y España).

De aquí que, aunque no haya nada doctrinalmente nuevo en Spe salvi, resulte acaso reveladora de una época propicia a actos (¿"performativos"?) como el de aquel rey famoso del Conde de Lucanor que, resuelto a evitar interpretaciones capciosas, mandó que donde el Magnificat dice: «Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles» (derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes), figurara esta traducción a clara fabla castellana: «Dios ensalçó las siellas de los sobervios poderosos et derribó los omildosos.»


(*) Periodista, editor general de SinPermiso.
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Libia y la propaganda de guerra

Por Anne Morelli (*)

Los ciudadanos de nuestros países democráticos deben alzarse y hacer oír sus voces para tratar de evitar a Siria la pesadilla de la intervención militar de las fuerzas de la OTAN bajo mandato de la ONU o de las coaliciones de voluntarios que han padecido y que continúan padeciendo los pueblos de Afganistán, de Iraq, de Somalia y de Libia.
Indignada por la visión unilateral generalizada por los periodistas sobre las guerras cada vez más destructivas y sanguinarias que se desarrollan ante nuestros ojos, Anne Morelli, profesora de la Universidad Libre de Bruselas y Presidenta de Mujeres por la Paz , reacciona por medio de este hermoso y generoso texto (Silvia Cattori).

Los principios generales de la propaganda de guerra siempre son similares. Tratan de hacer que nos unamos a una causa belicista por medio de declaraciones primero pacifistas y después resignadas: nos vemos obligados por el Otro a hacer la guerra. Él la ha provocado y nosotros vamos a comprometernos en ella por unas causas nobles: la protección humanitaria de los civiles, la democracia, la lucha contra el militarismo desenfrenado de nuestro enemigo ...

Por supuesto, nuestro enemigo comete sistemáticamente atrocidades, mientras que nuestro ejército está compuesto de gentilhombres, todo lo más susceptibles de un abuso involuntario. Además, nosotros no arriesgamos nada con esta guerra: la aplastante superioridad de nuestros ejércitos nos garantiza unas pérdidas cero , mientras que nuestros enemigos están condenados desde un principio a la derrota. Finalmente, quien se oponga a esta guerra corta, moral y ferozmente victoriosa solo puede ser un agente del enemigo.

Reuní estos principios que rigen la propaganda, previa y contemporánea a todas las guerras desde el inicio del siglo XX, en un pequeño volumen [1]. Con cada nueva edición tengo que añadir a este mismo esquema ejemplos de patrañas que se han utilizado para movilizar a la opinión pública en los conflictos más recientes: Afganistán, Iraq... Y cada vez formulo en vano un deseo siempre desmentido: espero que los lectores, entendidos, dejen de caer, no caigan en las burdas trampas de la propaganda...

Pero, por desgracia, la reciente guerra de la OTAN contra Libia nos obliga a constatar que estos principios están activos... ¡y funcionan muy bien!


Nosotros somos pacifistas y reaccionamos ante los actos violentos libios

Según la tesis oficial de la OTAN, nuestros bombardeos vía la operación Protector unificado (sic) tienen por objetivo impedir que el régimen libio (las palabras tienen toda su importancia) prosiga con sus bárbaros ataques contra el pueblo libio [2]. Por consiguiente, él es quien comenzó y nosotros lo único que hacemos es reaccionar ante los actos violentos enemigos que, además, son difíciles de cuantificar y juzgar. Así, ¿son verdaderamente civiles inocentes los rebeldes de Bengasi contra los que actúa Tripoli, aunque hasta en las muy primeras fotos nos los mostraban armados hasta los dientes (¿por quién?) y aunque su Consejo Nacional de Transición se queje cuando se dirige a la OTAN en Bruselas de no recibir suficiente dinero para profesionalizar a su ejército? [3].

Los bombardeos, rebautizados, campañas de ataques aéreos fueron autorizados por el Consejo de Seguridad de la ONU el 18 de marzo de 2011 como reacción a estas supuestas masacres de civiles y para proteger a los civiles libios . Puede parece que bombardear civiles para protegerlos es contradictorio, pero la misión se lanzó verdaderamente en estos términos [4]. Por lo tanto, la guerra sería una réplica a lo que la OTAN llama los bárbaros ataques de régimen de Gadafi contra el pueblo libio .


Gadafi, monstruo en funciones

La propaganda canaliza clásicamente el odio y los resentimientos de la opinión pública hacia un dirigente enemigo, que se supone es la causa de todos los males. Este será al mismo tiempo un loco, un demagogo, un cínico, un militarista... Así, durante la Primera Guerra Mundial, Guillermo II - antes de Ben Laden, Milosevic o Saddam Hussein personificó al enemigo que había que abatir. Evidentemente, la guerra tiene como objetivo su captura, después de lo cual la humanidad recuperará la felicidad.

El conflicto con Libia no es una excepción a esta regla, pero la construcción mediática del personaje de Gadafi es particularmente interesanre. En efecto, tras haber sido la personificación del mal, del terrorismo internacional y el enemigo público n°1 al que se hizo responsable de todo tipo de atentados, el coronel (que también había nacionalizado las compañías petroleras de su país) volvió a ser recomendable. Cuando en junio de 2011 el ministro belga de Defensa, De Crem, asegura querer bombardear Libia mientras no se libre de Gadafi, parece haber olvidado que el jefe del anterior gobierno belga, Guy Verhoofstadt, recibió a Gadafi en Bruselas unos pocos años antes con toda la consideración posible. Entonces Gadafi volvía a ser un interlocutor válido tanto para Berlusconi como para Sarkozy, quienes le autorizaron a instalar su campamento en sus jardines, lo trataron con familiaridad y le hicieron firmar sobre todo el compromiso de detener en su país los flujos migratorios del sur deseosos de ir a Europa [5].


Unos bombardeos nobles

Uno de los principios de la propaganda de guerra quiere que se haga creer a la opinión pública que nuestro compromiso belicoso tiene unos nobles fines. Nunca debe tener que ver ni con recursos económicos que hay que controlar ni con objetivos geoestratégicos, sino verdaderamente con una democracia que hay que imponer, con un militarismo que hay que sofocar y con pobres personas en cuya ayuda acudimos. Así, en el caso libio no tendrá que ver con el control de los recursos petroleros de excelente calidad de este país ni con la situación estratégica entre dos países con un destino político desestabilizado por la primavera árabe . En cambio, toda la propaganda se estructurará en torno a la falta de democracia del país (lo que no es falso, pero no provoca sistemáticamente intervenciones armadas de la OTAN como en Arabia Saudí y en los Emiratos...) y a los libios que esperan nuestra ayuda .

Esta vez no se trata de socorrer a los kosovares ni a las mujeres afganas ávidas de emancipación ni a los kurdos iraquíes ni a los chiíes oprimidos, sino más bien de salvar a unos civiles a los que debemos proteger de la brutalidad de las fuerzas de Gadafi. Por lo tanto, nuestros bombardeos sobre Libia tendrían un fin noble y altamente humanitario .


Las atrocidades libias y los abusos de la OTAN

Las guerras arrastran inexorablemente tras de sí su cortejo de actos violentos, de iniquidades y de víctimas inocentes. Aunque en grados diversos, en cada campo se asesina a niños y ancianos, se viola y se tortura.

El genio de la propaganda de guerra es hacer creer al público que nosotros llevamos a cabo una guerra limpia , contrariamente a nuestros enemigos. Así, en la guerra de la OTAN contra Libia los medios de comunicación describen en el menú las atrocidades enemigas, pero tratan de silenciar las de la OTAN y sus aliados. A pesar de ello, la tortura se legalizó verdaderamente en el campo occidental con ocasión de la guerra contra Iraq [6], pero no se hace la menor alusión a ello.

En cambio, cuando se haga imposible negar el carácter mortífero de los bombardeos de la OTAN, habrá que minimizar su carácter atroz. Rebautizados ataques , se supone que son incursiones de precisión que tienen por objetivo únicamente blancos militares. Y cuando se deduzca que las víctimas son civiles e incluso niños, habrá que negarlo primero, utilizar el condicional, hablar de las alegaciones del régimen de Gadafi que no se pueden verificar y después reconocer finalmente un abuso , haber matado accidentalmente o por error a civiles. Así, una incursión de la OTAN en 20 de junio en Sorman, a 65 km al oeste de Tripoli, causó quince muertos civiles, tres de los cuales eran niños.

Después de que un periodista de la Agencia France Presse constatara que verdaderamente eran las víctimas, la OTAN ya no puede negar que esta incursión de precisión solo haya atacado objetivos militares. También tendrá que reconocer haber matado el 19 junio a civiles por error durante un bombardeo nocturno de Tripoli, en el barrio de Souk-al-Yuma (que, sin embargo, ¡se suele señalar como hostil a Gadafi!) y haber atacado accidentalmente a una columna de vehículos rebeldes en la región de Brega el 16 de junio de 2011 [7].

Para minimizar los daños ocasionados por el bombardeo de una vivienda particular [el periódico belga] Le Soir [8] pone hábilmente en duda el testimonio de la víctima escribiendo que Khalid El-Hamidia afirma haber perdido a su mujer, a sus tres hijos pequeños y su casa durante un ataque de la OTAN y más adelante que según él su casa había sido atacada por un bombardeo de la OTAN. Como el titular habla de un blanco legítimo (sin signo de interrogación), muy evidentemente retoma el punto de vista de la OTAN y desacredita el de la víctima.

Por supuesto, estos errores trágicos y daños colaterales son inexorables, pero solo se observan entre los enemigos. Cuando quienes son culpables de ellos son nuestros ejércitos o nuestros buenos aliados de la rebelión libia, la discreción es de rigor. Desde las primeras semanas de la rebelión y al menos hasta julio de 2011 la ONG Human Right Watch (HRW) de origen estadounidense y poco susceptible de simpatía por Gadafi, señala que la rebelión libia se entrega a graves excesos contra los civiles de las regiones que controla: palizas, saqueos de bienes, incendios de casas, saqueos de hospitales, domicilios y comercios... Pero cuando se trata de nuestros buenos aliados, la información de HRW se publicará en condicional ( habría tenido lugar unos incidentes ) [9] contrariamente a lo que concierne a las atrocidades de nuestros enemigos que siempre se consideran confirmadas a priori. Por lo que se refiere a quienes huyen de Libia, no olvidemos que la causa principal de su exilio reside en nuestros bombardeos.


Pérdidas cero

Para tranquilizar a la opinión pública, la propaganda repite machaconamente que nuestros ejércitos son tan eficientes que no hay ningún riesgo en que nuestro ejército participe en esta nueva operación .

Es cierto que unos bombardeos son, evidentemente, menos arriesgados para quien bombardea que para aquel que es bombardeado (sobre todo si no tienen una defensa antiaérea eficaz). Sin embargo, este desequilibrio flagrante de los riesgos empieza a difuminarse cuando la operación se prolonga por tierra. Las guerras en Afganistán e Iraq también se debían haber saldado teóricamente en cero muertos pero, naturalmente, la realidad desmintió esta previsión.

El balance de muertos se calcula muy a la baja ya que generalmente solo tiene en cuenta las muertes producidas entre los soldados oficiales . Ahora bien, cada vez más la ocupación se confía a mercenarios privados, llamados contratistas . En Afganistán, por ejemplo, estos subcontratados son tan numerosos como los verdaderos militares estadounidenses, pero sus contratos escapan al control parlamentario y mediático. Solo la sociedad L3-Com cuenta a día de hoy con 350 muertes de soldados privados [10]. Así pues, en caso de que la operación libia se prolongue por tierra, hemos de estar atentos cuando se nos presenten balances tranquilizadores de nuestras tropas en caso de que estas incluyan también a mercenarios que, además, son difíciles de controlar en su manera de actuar y a veces son reclutados sobre el terreno sin discernimiento.


¿Cómo seguir siendo crítico?

La crítica histórica nos enseña que discernir los hechos exactos exige contrastar las informaciones que provienen de fuentes diversas. En el caso que nos ocupa, este ejercicio es muy complicado si no imposible: se filtran pocas informaciones independientes de Libia, la radiotelevisión libia es absolutamente inaccesible en el extranjero porque los emisores satélite están bloqueados y porque nuestros medios de comunicación acompañan inmediatamente cualquier información molesta de un comentario de los rebeldes a los que apoyamos o de la OTAN. Así, el contribuyente que se pregunta por qué una parte de sus impuestos se destina a pagar las salidas excepcionales de los F-16 belgas y sus bombas solo puede contar consigo mismo ante la propaganda que domina en nuestros medios de comunicación, ejercer su sentido común y dudar.


Notas


[1]Anne Morelli, Principes élémentaires de propagande de guerre applicables en cas de guerre chaude, froide ou tiède, 1ª edición 2001, última edición Aden 2010. La obra se ha traducido a siete idiomas, entre ellas el japonés. [Hay traducción en castellano: Principios elementales de la propaganda de guerra: (utilizables en caso de guerra fría, caliente o tibia ), Hondarribia, Hiru, 2001].
[2]Declaración del comandante de la operación Protector unificado , general Charles Bouchard (La Libre Belgique, 21 de junio de 2011).
[3] Mahmoud Jibril en la sede de la OTAN en Bruselas, 13 de julio de 2011 (La Libre Belgique, 14 julio de 2011).
[4] El Congreso estadounidense puso en duda la legitimidad de estas operaciones militares contra Libia, que no fueron objeto de su autorización y, por consiguiente, según la legislación estadounidense hubieran debido terminar 90 días después de su inicio (La Libre Belgique, 16 de junio de 2011).
[5] El acuerdo contra los refugiados firmado con Italia data de 2008.
[6]Véase el testimonio del general Riccardo Sanchez que dirigió las fuerzas internacionales en Iraq de 2003 a 2004 y que reconoció que estas utilizaban sistemáticamente el maltrato y la tortura ignorando las Convenciones de Ginebra (cf. el documental de Marie-Monique Robin, «Torture made in USA», La Une, 15 de junio de 2011.
[7]Despacho de AFP (La Libre Belgique, 21 de junio de 2011)
[8] 29 de julio de 2011
[9] Despacho de AFP (La Libre Belgique, 14 de julio de 2011). Aunque HRW denunciaba que en junio y julio habían tenido lugar excesos, el periódico titulaba La rebelión niega los excesos y ponía un pie de foto: Al principio de la revolución habrían tenido lugar incidentes (sic) , es decir, ¡a mediados de febrero! Por consiguiente, incidentes viejos.
[10]Véase al respecto el artículo de P. Descu, «Externalisation et privatisation de la guerre: un pari risqué», en Tribune-CGSP, julio-agosto de 2011.

(*) Profesora de Crítica histórica en la Universidad Libre de Bruselas y Presidenta de Mujeres por la Paz . Bélgica.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Libro de la semana: El mapa y el territorio

  • El mapa y el territorio, Michel Houellebecq. Anagrama. Barcelona, 2011. 384 páginas.

Con Houellebecq uno ya sabe que habrá costras levantadas y que alguien, un misterioso y muy elegante narrador, meterá la nariz en la realidad de forma incómoda, escalpelo en mano, y que al revelarnos su versión, su desnuda puesta en escena sin maquillajes ni concesiones, acabará tarde o temprano por salpicarnos de algo que puede ser fétido, proveniente de los más complejos charcos de lo humano, o su contrario: de las refinadas galerías parisinas de arte, de sus frívolos y galantes vernissages en donde Jed Martin, el protagonista de esta grandiosa novela (Premio Goncourt 2010), realiza su ascendente carrera artística, desde su primera muestra, llamada por él Homenaje al trabajo humano, hasta su consagración y llegada a la cima del mercado del arte, haciendo "una descripción objetiva del mundo", o aquello que la crítica dio en juzgar "una reflexión fría, distanciada, sobre el estado del mundo".

¿De dónde proviene Jed Martin? De un medio aburguesado y culto, aunque algo triste. Su padre, exitoso arquitecto, fue una figura distante y rígida. La madre se suicidó cuando él tenía siete años. De ahí su necesidad de suplir carencias desde joven con la lectura de Platón, Esquilo, Sófocles, Racine, Molière, Hugo... Su primer amor, Geneviève, fue una escort. "A decir verdad, las relaciones humanas no son gran cosa", piensa, cenando en Navidad con su padre anciano, solos, sin mucho que contarse y mirando el reloj.

A medida que avanza la vida de Jed, en una narración sobria en la que aparece como personaje importante el propio escritor Michel Houellebecq y su amigo Fréderic Beigbeder ("una especie de Sartre de la década de 2010"), se habla de la relación del hombre con el trabajo y la productividad, y en general sobre los oficios de toda índole, tema de los cuadros más famosos de Jed: Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática, o Aimée, escort-girl, o Damien Hirst y Jeff Koons repartiéndose el mercado del arte. Se habla sobre la vida y las ocupaciones, y por supuesto sobre arte: "La cuestión de la belleza es secundaria en la pintura", afirma el narrador; sobre los cambios de estilo, alguien dice: "Las más favorecidas son las artes plásticas. En literatura, en música, es totalmente imposible cambiar de rumbo, te lincharían, te lo aseguro. Por otro lado, si haces siempre lo mismo te acusan de repetirte y de estar en declive".

La vida europea de hoy y de un futuro no muy lejano es expuesta y analizada con cierta melancolía: las costumbres veraniegas, los vuelos low cost, la soledad y el tedio, la filosofía gastronómica de los restaurantes de moda, la capacidad matemática de los cerdos, las relaciones del arte con la prensa y el papel de esta en la formación del gusto popular (incluyendo una parodia del crítico literario de Le Monde, Patrick Kéchichian), las aguas minerales noruegas o la solitaria condición del artista, "alguien sometido. Sometido a mensajes misteriosos, imprevisibles", que cada tanto debe exponer, salir a la luz pública, "menos para recibir su juicio que para tranquilizarte sobre la existencia de ese trabajo e incluso sobre tu existencia propia, la individualidad es apenas una ficción breve dentro de una especie social".

Houellebecq, calificado de misógino, racista y de hacer apología del turismo sexual por tratarlo desde personajes fríos o acríticos (en libros como Plataforma o La posibilidad de una isla), muy pronto saca su armamento. Hablando de la seducción, le hace decir a su narrador: "Las mujeres de carnes exageradas sólo interesaban ya a algunos africanos y algunos perversos". Marylin, la jefa de prensa de la galería, que según el narrador viste con prendas que le dan "un falso aspecto de lesbiana intelectual", exclama al regresar de sus vacaciones en Jamaica: "He follado superbién". El propio Houellebecq personaje informa de que desde abril a fines de agosto, cada año, se va a Tailandia, época en que los burdeles funcionan a medio gas, pero "las prestaciones siguen siendo excelentes o muy buenas".

En la tercera parte ocurre un hecho insólito que le da un vuelco a la historia, convirtiéndola además en un apasionante thriller. Una peripecia descomunal y aterradora que podría lesionar cualquier otro libro por exceso de carga explosiva, pero no este, pues la verdad es que Houellebecq, ya es hora de decirlo, es de lejos el mejor escritor francés de hoy  y uno de los tres o cuatro mejores de Europa, y esta novela, El mapa y el territorio, uno de los libros más complejos, ricos, estimulantes y totalizadores de los últimos tiempos, dentro de una estética nihilista que emparenta a Houellebecq con los grandes heterodoxos franceses, y que lo proyecta hacia el futuro, interrogando el porvenir de un modo lúcido y avasallador.
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