jueves, 5 de mayo de 2011

Semana política: la muerte de Bin Laden



Síntesis GALMA


5 de mayo, 2011
 
¡Hola!  Adjuntamos los sucesos más interesantes de esta semana.

  1. La muerte de Bin Laden.
La muerte de Bin Laden. En realidad, la muerte de Bin Laden, en un barrio lujoso de Pakistán ha estado rodeada de muchos matices que no han despejado las dudas sobre qué sucedió exactamente. Se han publicado fotos de los guardaespaldas muertos, pero no de Osama bin Laden; y no las habrá por decisión de Barack Obama, que no quiere soliviantar los ánimos islámicos con la exhibición de un trofeo al más puro estilo de los Césares en el Capitolio. Fluye una información lenta que administra interesadamente la parte que ejecutó la operación. No hay fuentes independientes. Eso, por supuesto, es muy importante.

En este goteo surgen las contradicciones: ¿estaba armado o no estaba armado?, ¿fue la tortura clave para arrancar la información que condujo a él? La única voz exterior al relato oficial es la de la hija, que denuncia que su padre fue detenido y ejecutado.

Primera duda: la pista que condujo hasta Bin Laden fue producto de la tortura. La mayoría de las informaciones apuntan a que se conoció el apodo de Abu Ahmad al Kuwaiti, el mensajero de confianza del jefe de Al Qaeda, mediante torturas. Unos sitúan el centro de interrogatorios en Guantánamo; otros, en una cárcel secreta en algún lugar de Europa del Este. Unos terceros reducen el peso de este tipo de interrogatorios condenados por Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Al Kuwaiti era el hombre de confianza del supuesto cerebro del 11-S, que está en Guantánamo.

Leon Panetta,  jefe de la CIA, admitió en un primer momento que el waterboarding (asfixia por agua) había desempeñado un papel decisivo. Ahora, la Casa Blanca despliega su aparato de información (propaganda como lo llamarían algunos) para desligar el operativo  de la tortura. No solo es una cuestión de imagen. Se trata de un asunto político, más ahora que ha arrancado la larguísima campaña hacia las presidenciales de 2012: los demócratas tratan de miminizarlo; los republicanos, sobre todo los miembros del equipo de George W. Bush, de esgrimirlo como justiciación de sus métodos. Juan Cole, profesor estadounidense y experto en el mundo islámico, apunta en su blog otra posibilidad que nada tiene que ver con la tortura. Cita una entrevista del diario Al-Sharq al-Awsat con Nu'man Bin Uthman, antiguo miembro del entramado radical de la yihad globalizada. Este dice que Al Kuwaiti cometió el error fatal de utilizar un teléfono satélite  para hablar a Irak. Este desliz permitió dar con la primera pista.

Segunda duda: el debate del asalto.
Parece claro que fueron los Navy Seals, una unidad de élite de la Marina de Estados Unidos. Está hoy compuesta por 2.500 hombres. Cuatro días después se sabe más: los encargados del ataque fueron los Seal Team Six (ST6), su mejor unidad, conocidos como el Warfare Development Group (DevGru), la élite de la élite en las operaciones secretas. Su lema es: "El único día agradable fue ayer". Con eso se hace uno a la idea de que estos tipos son todo menos corderitos de dios.

Algunos datos seguros: el ataque se produjo de noche; participaron dos docenas de comandos de los Navy Seals, además de pilotos de los dos helicópteros; uno de los aparatos sufrió un supuesto fallo mecánico y tuvo que ser abandonado y destruido. El ataque duró 38 minutos. A pesar de eso, hay dos buenos relatos que no coinciden en los detalles, pero se complementan: dos publicados por el diario 'The New York Times' y otro del 'The Washington Post'.

Después, llega la confusión. El Osama bin Laden armado pasó a estar desarmado, aunque presentó resistencia, después sin resistencia pero buscando un arma. La última: estaba en pijama. También se ha modificado la versión de la mujer muerta; primero que era su esposa, después dejó de serlo. No se interpuso ni el jefe de Al Qaeda se escondió detrás de ella. En un principio se habló de un intenso tiroteo. La nueva versión es que solo el mensajero, el hombre que desveló el escondite, utilizó su arma.

Además del cuerpo de Bin Laden, EEUU se llevó abundante material informático del que espera obtener datos y pistas. Atrás quedó ligeramente herida la esposa verdadera, la más joven, del jefe de Al Qaeda, una hija y varios niños. Dieciséis personas esposadas que quedaron a disposición de los militares paquistaníes. El Ejército paquistaní ha detenido a 11 personas, incluído el hombre que construyó la casa.

Tercera duda: las consecuencias.
Comentábamos que parecía un asunto típicamente interno. Quizá por ello el gran salto de Obama en las encuestas y los problemas de los republicanos para  'resetear' su discurso. El presidente ha caído en la tentación de acudir a la Zona Cero; nadie se pierde una buena foto, tampoco Obama. A costa de Bin Laden, la campaña para la reelección ha comenzado.

Sigue vivito el debate ético sobre la legalidad de la operación y el futuro de Al Qaeda. Numerosos periodistas hablan de asesinato, y lo escriben. Parece un adjetivo demasiado fuerte. Primero, porque un principio del periodismo indica que los adjetivos los pone el lector. Segundo, en la resolución de la ONU que ampara la invasión a Afganistán se mencionaba el derecho a matarlo de las tropas. Incluso Obama dijo en campaña que no era un tema que estuviera olvidado. ¿Quién decide si es un castigo justo? Por supuesto, un juez. Y Bin Laden no fue puesto a disposición de ninguno. ¿Entonces? ¿Una resolución puede ser justa? ¿Vale el ojo por ojo? ¿Es válido que sea un norteamericano quien lo matase cuando también mató a españoles, británicos, australianos, etc?

Salta también a la vista de que la operación se realizó en Paquistán sin conocimiento de los paquistaníes. ¿Es legal que un país actué en otro para apresar/matar a una persona de un tercer país sin el conocimiento de nadie, si quiera un juez o el Consejo de Seguridad? Parece un piso muy peligroso y una consecuencia que, de momento, nadie quiere estudiar. 

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Almanaque de Al Qaeda

Por Peter Bergen y Katherine Tiedemann.

En diciembre de 2007, el número dos de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, mostró, en un gesto casi inadvertido, que era consciente de que la popularidad de su organización estaba descendiendo: solicitó a los participantes en un foro yihadista que intervinieran con él en una sesión de preguntas y respuestas. Parecía una táctica desesperada para recuperar apoyos, y es lo que era. Desde los atentados del 11 de septiembre, la organización terrorista y sus filiales habían matado a miles de musulmanes: un número incontable en Irak y centenares en Afganistán y en Pakistán sólo en ese año. Para un grupo que pretendía defender la umma islámica, esas matanzas habían asestado un golpe devastador a su credibilidad. Al Zawahiri sabía que los fieles estaban perdiendo la fe en Al Qaeda.



La sesión de Al Zawahiri en Internet no salió bien. Al preguntarle cómo podía justificar la matanza de civiles musulmanes, respondió a la defensiva, con fragmentos densos y complicados que remitían a otras declaraciones también densas y complicadas sobre el tema. Ahora bien, como una serpiente arrinconada, una Al Qaeda debilitada no es menos peligrosa. Foreign Policy ofrece aquí el primer examen exhaustivo de este tipo, el Almanaque de Al Qaeda, una descripción detallada de cómo han cambiado los miembros, los métodos y las estrategias de La Base en el último decenio, y de cómo pueden evolucionar. El resultado es la imagen de una vanguardia terrorista que está perdiendo la guerra de las ideas en el mundo islámico, pese a que sus atentados violentos aumenten.

No es porque los estadounidenses estén ganando; la mayoría de los musulmanes sigue teniendo una actitud muy negativa hacia Estados Unidos por sus guerras en el mundo islámico y su historial de malos tratos a los presos. Es porque los musulmanes, en gran parte, se han vuelto en contra de la siniestra ideología de Osama Bin Laden. Los índices de aprobación del líder terrorista y los atentados suicidas que propugna bajaron a la mitad en los dos países islámicos más poblados, Indonesia y Pakistán, entre 2002 y 2009. En Irak, la despiadada campaña de violencia sectaria de Abu Musab al Zarqaui eliminó todo el apoyo con el que contaba Al Qaeda e hizo un tremendo daño a su nombre en todo el mundo árabe.

Además, la yihadha fracasado de forma espectacular en la consecución de sus objetivos fundamentales. El fin primordial de Bin Laden ha sido siempre el cambio de régimen en Oriente Medio, acabar con todos los gobiernos desde El Cairo hasta Riad y sustituirlos por un gobierno de estilo talibán. Quiere que las tropas y la influencia occidentales desaparezcan de la región, y piensa que atacar al “enemigo lejano”, Estados Unidos, hará que se desmorone el “enemigo cercano”, los regímenes árabes respaldados por Washington. Sin embargo, pese a sus dotes de líder y a su carisma, Bin Laden ha conseguido lo contrario de lo que se proponía. Casi diez años después del 11-S, sus últimos refugios seguros en las montañas del Indu Kush están siendo atacados, y los soldados estadounidenses patrullan las calles de Kandahar y de Bagdad.

Aunque parezca que estamos ante una victoria en la llamadaguerra contra el terror, es una victoria incompleta. Los yihadistasdirigidos por Bin Laden han demostrado ser muy resistentes, y Al Qaeda sigue siendo una amenaza importante para los intere-ses occidentales. Todavía puede llevar a cabo un atentado capaz de matar a cientos de personas, como se demostró en el atentado fallido de Times Square de Nueva York. La historia nos enseña que los grupos pequeños, pero decididos, pueden mantener su actividad sanguinaria durante años casi sin apoyo de la población. Los dirigentes de Al Qaeda, desde luego, creen que su lucha épica contra Occidente en defensa del verdadero islam durará generaciones. —Peter Bergen

Las bases

La definición de “combatiente” de Al Qaeda es variable. Los miembros permanentes son relativamente pocos –unos cien en Afganistán en 2009, frente a 200 en 2001, según los servicios de inteligencia– y prestan un juramento religioso de lealtad personal (bayat) a Bin Laden. En el núcleo de trabajo de Al Qaeda –ahora centrado en Pakistán–, hay varios centenares más de extranjeros libres, sobre todo árabes y uzbecos, que son, “aunque no se llamen así oficialmente, personal de Al Qaeda”, dice un agente de los servicios de inteligencia estadounidenses. Otra capa más es la que forman varios miles de militantes procedentes de las tribus pastunes, con cuyas familias se han casado algunos de los extranjeros.

COMBATIENTES DE AL QAEDA HOY EN PAKISTÁN


NÚMERO de combatientes entrenados en los campos de Al Qaeda entre 1996 y el 11 de septiembre de 2001: de 10.000 a 20.000.

Estrategia de Relaciones Públicas

El brazo de Al Qaeda dedicado a los medios de comunicación, As Sahab(Las Nubes, en árabe), es un maestro en aprovechar las oportunidades. Con una mínima estructura operativa, As Sahab trata de llegar a los aliados ideológicos y geográficos –“de Kabul a Mogadiscio”, como decía el título de una declaración de Zawahiri en febrero de 2009– y se atribuye de forma oportunista las acciones de los militantes yihadistas en todo el mundo. Los comunicados suelen ser declaraciones de individuos concretos, documentales o vídeos en los que se elogian atentados y ataques militantes.

COMUNICADOS POR AÑO

COMUNICADOS POR TEMA


COMUNICADOS POR FUENTE

¿Y dónde está Bin Laden? Preguntemos a la CIA


PORTER GOSS
DIRECTOR DE LA CIA

“Tengo una idea excelente de dónde está [Bin Laden]”.
22 de junio de 2005

JOHN KRINGEN
SUBDIRECTOR DE INTELIGENCIA DE LA CIA

“Nosotros, como ustedes, seguimos pensando que Osama Bin Laden está vivo. Aún creemos que probablemente está en las zonas tribales de Pakistán”.
11 de julio de 2007

MICHAEL HAYDEN
DIRECTOR DE LA CIA

“¿Qué pasa con Bin Laden? ¿Por qué no le hemos matado ni le hemos capturado? Cualquiera que conozca la región fronteriza entre Afganistán y Pakistán sabe que es un terreno escarpado e inaccesible”.
13 de noviembre de 2008

LEON PANETTA
DIRECTOR DE LA CIA

“Osama Bin Laden y su número dos, Ayman al Zawahiri, se esconden “o en las zonas tribales septentrionales [de Pakistán] o en Waziristán del norte, o en algún lugar próximo”.
17 de marzo de 2010

¿Y después de Bin Laden?

Cuando era adolescente, Osama Bin Laden era tan devoto que otros chicos no decían palabrotas ni contaban chistes verdes si él estaba delante. Esa religiosidad acabó convirtiéndose más tarde en un odio fanático. “Todo musulmán, desde que comprende de corazón la diferencia, odia a los americanos, odia a los judíos y odia a los cristianos”, declaró a Al Yazira en una entrevista de 1998. “Esto forma parte de nuestra fe y nuestra religión”.

Hoy, Bin Laden ejerce un control personal y casi absoluto sobre los miembros de Al Qaeda, patente en el juramento de lealtad que le prestan, el bayat. Varios seguidores suyos han descrito su primer encuentro con el líder de Al Qaeda como una intensa experiencia espiritual, y han calificado como amor su sentimiento hacia él.
Pese a los rumores persistentes sobre su salud, que incluyen una enfermedad mortal de riñón, existen numerosas pruebas de que continúa vivo y mandando en Al Qaeda. Desde el 11-S, ha emitido una sucesión constante de grabaciones de audio y vídeo en las que habla de la actualidad; en la más reciente elogiaba el atentado fallido de Navidad. En una grabación de 2007, el líder de Al Qaeda llegó a teñirse de negro su barba canosa, lo cual indica que el militante saudí no es inmune a cierta vanidad a medida que envejece.

¿Quién podría sucederle si desaparece? Uno de los más probables es Abu Yahya al Libi, el teólogo del grupo, joven, implacable y amigo de los medios de comunicación. Otro es Mustafa Abu al Yazid, un egipcio y miembro original de la shura directiva de Al Qaeda, que ejerce el mando del grupo en Afganistán. También podrían ser cruciales varios hijos de Bin Laden; desde luego, el líder de Al Qaeda les ha inculcado su ideología desde niños.

Terroristas suicidas

¿Quiénes son los hombres y las mujeres tan entregados a Al Qaeda que están dispuestos a renunciar a todo? En Afganistán, la nueva zona caliente para los atentados suicidas, casi todos los terroristas proceden de la frontera oriental. Jóvenes, poco formados y procedentes, sobre todo, de las madrazas paquistaníes, los terroristas no están motivados por ninguna causa concreta, según un estudio de la ONU de 2007. Se cree que intervienen varios factores: la religión, la seguridad, el nacionalismo y las preocupaciones personales por la deshonra. En Irak también eran mayoría los terroristas extranjeros, casi ninguno era local. Mohammed Hafez, autor del autorizado estudio Suicide Bombers in Iraq, llegó a la conclusión de que, de los 139 terroristas suicidas “conocidos” en Irak hasta 2006, 53 eran saudíes y sólo 18 iraquíes, mientras que los demás procedían de otros países árabes, e incluso de Europa.




Las tramas frustradas

En la mayoría de las tramas terroristas importantes dirigidas contra países occidentales desde 2004, los autores obedecían órdenes o habían recibido entrenamiento de grupos yihadistas establecidos en la frontera Afganistán-Pakistán. En los dos últimos años, por el contrario, en las regiones tribales de Pakistán se han unido más reclutas occidentales a los aliados de Al Qaeda que a la organización propiamente dicha, con lo que han aumentado los cauces por los que la red terrorista puede enviar agentes a cometer atentados a Occidente. Las tramas importantes son las que causaron la muerte de 10 personas o más, las que habrían matado a un número importante si los explosivos no hubieran sufrido fallos o en las que los miembros de una célula adquirieron materiales para la fabricación de bombas sin ayuda de informadores ni agentes de los servicios del orden trabajando clandestinamente. Datos de Paul Cruickshank

Bombas de fertilizantes

Blanco: Londres, un club nocturno y un centro comercial.

Conspiradores: cinco.

2001: Omar Khyam y cuatro colegas británicos contactan con Al Qaeda en la frontera entre Afganistán y Pakistán.

2003: los cinco conspiradores reciben entrenamiento en el noroeste de Pakistán para fabricar bombas.

Marzo de 2004: la policía británica detiene a los cinco extremistas.

Abril de 2007: culpables de conspirar para provocar explosiones y condenados a cadena perpetua.

Los aviones británicos

Blanco: siete aviones transatlánticos.

Conspiradores: al menos seis.

Muertes posibles: 1.500.

2005-2006: unos terroristas de origen británico viajan a la región de las FATA (las áreas tribales paquistaníes).

9 de agosto de 2006: la policía británica detiene a 24 hombres.

Septiembre de 2008: tres son declarados culpables por conspiración para el asesinato.

Septiembre de 2009: tres son condenados de conspirar para hacer estallar unos aviones.

Metro de Nueva York

Blanco: el metro de Nueva York.

Conspiradores: al menos tres.

Muertes posibles: docenas.

Otoño de 2008: Al Qaeda entrena a Najibullah Zazi, antiguo encargado de un puesto de café en Wall Street y ciudadano estadounidense, y otros dos presuntos conspiradores, en las FATA de Pakistán.

Septiembre de 2009: Zazi es detenido en Denver.

Febrero de 2010: Zazi se declara culpable de conspirar para cometer un atentado en el metro de Nueva York.

Opinión Pública

El número creciente de atentados suicidas, primero en Irak, luego en Afganistán y ahora en Pakistán, demuestra sin duda cuánto se han extendido las tácticas de Al Qaeda. Pero ese triunfo ha tenido un coste elevado: Al Qaeda está perdiendo partidarios a medida que mueren civiles musulmanes en la refriega.


Ataques de aviones no pilotados

Abu Khabab al Masri

Son la piedra angular de la labor antiterrorista del presidente Barack Obama en Pakist án; su Gobierno autorizó más durante su primer año que el de George W. Bush en sus ocho años de mandato. ¿Pero sirven para algo? A juzgar por la violencia sobre el terreno en 2009, quizá no. El año pasado, Pakistán y Afganistán sufrieron unos niveles sin precedentes de violencia de los talibanes y otros insurgentes, que son claramente capaces de absorber las pérdidas constantes de militantes de base. Sin embargo, dada la oposición de las autoridades paquistaníes a la presencia de soldados estadounidenses en su territorio, es de suponer que los ataques con aviones no pilotados seguirán siendo un arma del Gobierno de Obama.

PRINCIPALES BAJAS

8 de diciembre de 2009: Saleh al Somali, jefe de operaciones externas de Al Qaeda y enlace entre la organización en Afganistán y en Pakistán y la organización en otros países.

28 de julio de 2008: Abu Khabab al Masri, experto de Al Qaeda en armas de destrucción masiva.

29 de enero de 2008: Abu Laith al Libi, que organizó en 2007 un atentado suicida contra el vicepresidente estadounidense Dick Cheney durante su visita a la Base Aérea de Bagram.


Franquicias de Al Qaeda

Talibanes

Miembros: 25.000 en Afganistán; decenas de miles en Pakistán.
Líder: el mulá Omar.
Hay unos 25.000 combatientes en Afganistán y decenas de miles en Pakistán, pero sólo el 10% de la población de dichos países apoya el movimiento. En Pakistán, los talibanes financian sus actividades recaudando decenas de millones mediante secuestros, robos de bancos, extorsión e impuestos ilegales que gravan las joyas, la madera y a las minorías locales. Al otro lado de la frontera, los servicios de inteligencia creen que los talibanes en Afganistán obtienen entre 70 millones y 300 millones de dólares al año (entre 55 y 234 millones de euros) del lucrativo cultivo de amapolas, y alrededor de 106 millones de dólares anuales en donaciones de fuentes extranjeras, seguramente del Golfo Pérsico.

Al Qaeda en Irak

Miembros: en su apogeo, varios miles de iraquíes, además de 100 combatientes extranjeros importados al mes.
Líder: Abu Omar al Baghdadi.
Al Qaeda en Irak (AQI) se formó en octubre de 2004, cuando el ex convicto jordano Abu Musab al Zarqawi juró lealtad a Bin Laden en nombre de su grupo militante, Tawhid wal Jihad (Monoteísmo y Yihad). Zarqawi murió durante una incursión aérea estadounidense en junio de 2006; hoy, Al Qaeda utiliza el nombre de Estado Islámico de Irak y tiene como jefe titular a Abu Omar al Baghdadi, una figura misteriosa que quizá sea un personaje inventado para dar al grupo un tono más iraquí. Desde su periodo de más poder en 2006 y 2007, AQI ha pasado a la clandestinidad debido a la presión de las milicias tribales suníes, el Ejército de Estados Unidos y las fuerzas de seguridad iraquíes.

Al Qaeda en la Península Arábiga

Miembros: entre 200 y 300.
Líder: Nasir Abd al Karim al Wahayshi.
Al Qaeda en la Península Arábiga saltó a la fama el año pasado con el atentado fallido de Umar Farouk Abdulmutallab el día de Navidad. Tiene poco más de un año: se formó oficialmente cuando las filiales saudí y yemení de Al Qaeda se fusionaron por la intensa presión del Gobierno saudí sobre Al Qaeda en todo el reino. El jefe del grupo, Nasir Abd al Karim al Wahayshi, es un yemení de treinta y tantos años que combatió en Afganistán durante la batalla de Tora Bora en diciembre de 2001, y se cree que trabajó directamente con Bin Laden.

Nº 3 de Al Qaeda: El trabajo más peligroso del mundo

Si se compara la lista actual de los terroristas más buscados con otra de 2001, es inevitable ver todos los número tres de Al Qaeda que han ido al encuentro del Creador (o al menos del carcelero).

MUERTOS

Mohammed Atef
Abu Laith al Libi

Mohammed Atef

Nacionalidad: egipcio.
Causa de la muerte: ataque de un avión no pilotado en Afganistán en noviembre de 2001.
Puesto en Al Qaeda: comandante militar.

Hamza Rabia

Nacionalidad: egipcio.
Causa de la muerte: ataque de un avión no pilotado en Waziristán del Norte en noviembre de 2005.
Puesto en Al Qaeda: jefe de operaciones internacionales.

Abu Laith al Libi

Nacionalidad: libio.
Causa de la muerte: ataque de un avión no pilotado en Waziristán del Norte en enero de 2008.
Puesto en Al Qaeda: comandante de operaciones y portavoz.

DETENIDOS

Saif al Adel
Khalid Sheikh Mohammed

Saif al Adel

Nacionalidad: egipcio.
Capturado: en Irán, 2003; hoy sometido a arresto domiciliario.
Puesto en Al Qaeda: comandante militar.

Khalid Sheikh Mohammed

Nacionalidad: paquistaní, nacido en Kuwait.
Capturado: en Pakistán, 2003; espera juicio en EE UU.
Puesto en Al Qaeda: comandante de operaciones de los atentados del 11-S.

Abu Faraj al Libi

Nacionalidad: libio.
Capturado: en Pakistán, 2005; hoy prisionero en Guantánamo.
Puesto en Al Qaeda: comandante de operaciones, sucesor de Khalid Sheikh Mohammed.

HUÍDOS

Abu Yahya al Libi

Nacionalidad: libio.
Presunto escondite: región fronteriza entre Afganistán y Pakistán.
Puesto en Al Qaeda: portavoz.

Mustafa Abu al Yazid

Nacionalidad: egipcio.
Presunto escondite: Afganistán.
Puesto en Al Qaeda: jefe de Al Qaeda en Afganistán, enlace con los talibanes.

Agradecimientos: IntelCenter, Daniel Kimmage, Paul Cruickshank, Barbara Sude, Stephen Tankel y Brian Fishman.

Peter Bergen es investigador titular y Katherine Tiedemann es analista política en la Iniciativa de Estrategia Antiterrorista de la New America Foundation.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El escándalo del tráfico de armas en la frontera

Por Laura Carlsen (*)

Una operación secreta para contrabandear armas a través de la frontera para los cárteles de la droga mexicanos –supervisada por agentes gubernamentales de EE.UU.– amenaza con convertirse en un gran escándalo para el gobierno de Obama.

La operación, denominada “Rápido y furioso”, se dirigió desde la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), en Phoenix, Arizona. ATF aprobó la compra de armas en armerías estadounidenses y rastreó la ruta de contrabando hasta la frontera mexicana. Según las informaciones, más de 2.500 armas de fuego se vendieron a testaferros quienes luego entregaron las armas a contrabandistas bajo la nariz de la ATF.

Una vez cruzada la frontera, la oficina parece haber perdido el rastro de las armas. Cientos de AK-47 y de rifles Barrett de calibre 50 –favoritos de los cárteles de la droga en guerra– llegaron fácilmente a manos de algunas de las organizaciones criminales más implacables de México.

Gunwalking

En la jerga del tráfico de armas, cuando se habla de permitir a sabiendas que contrabandistas hagan su trabajo hablan de “gunwalking” (que se podría traducir como ‘pasear armas’ N. del. T.) Según denunciantes de la ATF, la oficina se quedó mirando sin hacer nada mientras los compradores adquirían hasta 20 armas de una vez y las entregaban rápidamente a contrabandistas en aparcamientos cercanos. Esperaban seguir el rastro de las armas hasta México y echar mano a un importante cártel.

En diciembre de 2010, armas “paseadas” se indentificaron como las que se habían utilizado cuando los cárteles de la droga asesinaron al agente de la Patrulla de Frontera Brian Terry. Un angustiado agente de la ATF tomó la decisión de denunciar la operación de gunwalking, después de que la oficina ignoró meses de quejas.

El agente John Dodson denunció la operación “Rápido y Furioso” en una entrevista con CBS News el 3 de marzo. A Dodson le preocupaba la operación desde mucho antes del asesinato de Terry. Cuando una gran cantidad de armas cruzó libremente la frontera a principios de 2010, notó con alarma, junto a otros agentes de la ATF, el aumento del crimen violento al sur de la frontera. Dice que informó a sus supervisores: “Mientras más armas compran nuestros sujetos, más violencia tiene lugar allí”.

Dodson informa de que su supervisor respondió: “Si vas a hacer una tortilla, tienes que romper algunos huevos”.

Incluso algunos de los dueños de las armerías se sintieron incómodos por la cantidad de armas que estaban vendiendo a clientes sospechosos, pero según se informa, les dijeron que continuaran la operación.

Poco después de la entrevista de Dodson, el director de la oficina de ATF en México, Darren Gil, dijo que CBS había comenzado a recibir informes inquietantes sobre una cantidad desacostumbradamente elevada de armas del área de Phoenix que aparecían en la violencia de los cárteles mexicanos. Cuando comenzó a hacer preguntas, Gil descubrió que a su equipo le habían bloqueado el acceso a ordenadores con información sobre “Rápido y Furioso”.

Gil interrogó a funcionarios en la central en EE.UU., quienes le dijeron que tenían órdenes directas del Departamento de Justicia y que no dijera nada al gobierno mexicano sobre el programa.

Gil renunció indignado en diciembre de 2010 después de ver “una incautación tras la otra, y otra más” de armas “paseadas” en escenas de crímenes violentos en México.

El Congreso interviene

A principios de 2011, el senador Charles Grassley (Republicano de Iowa) solicitó una información de la ATF. La oficina se la negó. El Congreso tiene que emitir ahora una orden de comparecer que ordene a la ATG que informe sobre el programa “Rápido y Furioso”.

Mientras tanto, funcionarios del gobierno de EE.UU. tratan de negar que hayan estado involucrados, sin confirmar realmente que la operación tuvo lugar. La secretaria de seguridad interior, Janet Napolitano, no desmintió las afirmaciones con respecto al programa, pero afirmó que ella supo de la operación sólo después del asesinato del agente Turner y que no tenía ninguna información sobre la participación de agentes de Aduana.

En una situación incómoda, el fiscal federal [Ministro de Justicia] Eric Holder asignó a un inspector general para que investigara. El presidente Obama defendió dos veces a Holder –en Univision y CNN– declarando que ni él ni Holder sabían de la operación.

La investigación llevará a una de dos conclusiones: ninguna de ellas positiva para el fiscal general. La primera es que Holder autorizó una operación que probablemente violó las leyes estadounidenses, mexicanas e internacionales y armó a peligrosos narcotraficantes.

La segunda es que el jefe del Departamento de Justicia dirige a personal delincuente que decidió no informar a su jefe sobre una operación que plantea importantes infracciones legales, éticas y diplomáticas.

Holder emitió recientemente un memorando a fiscales de la frontera sudoeste ordenándoles que no permitan el tráfico de armas a cárteles mexicanos. El memorando declara: “No debemos planear o realizar operaciones clandestinas que incluyan el cruce de armas por la frontera”. Lógicamente, un memorando que instruya a fiscales de la justicia para que no se involucren en gunwalking ilegal sería innecesario si no hubiera un precedente de una actividad contraria.

Algunos funcionarios de la ATF han justificado el programa afirmando que la operación podría llevar al procesamiento de individuos que se encuentran más arriba en la cadena de contrabando. La ATF publicó un comunicado de prensa el día de la entrevista de Dodson anunciando una decisión de “estudiar las actuales estrategias de la oficina en el tráfico de armas de fuego…”

Reacción mexicana

El presidente mexicano, Felipe Calderón, y su gabinete se han mostrado notablemente confiados con respecto a la posibilidad de que se hayan traficado armas al archienemigo con el apoyo de un gobierno extranjero. El portavoz de Seguridad Nacional, Alejandro Poire, se negó a aceptar que la operación haya existido y reservó su comentario hasta después de que se publiquen los resultados de la investigación estadounidense.

Calderón no parece dispuesto a arriesgarse a poner en peligro el apoyo político y financiero del gobierno de EE.UU. para su guerra contra la droga quejándose demasiado fuerte. Su estrategia contra los narcóticos ha sido fuertemente criticada en su país en los últimos meses debido a un gran aumento de la violencia y la corrupción.

Los miembros de la oposición en el Congreso mexicano, los medios y el público, han ordenado una investigación y han calificado la operación de violación del derecho internacional e incluso de acto de guerra. La indignación aumentó cuando William Brownfield, jefe Internacional de Narcóticos del Departamento de Estado, elogió el programa ante la prensa mexicana y confirmó que “continúa”. El ex embajador en Colombia y antiguo propugnador de la guerra contra la droga, se burló de las críticas, y señaló que la cantidad de armas que se entregaron a “destinos no controlados” es “limitada”.

Pero para muchos legisladores y ciudadanos estadounidenses y mexicanos, el que se permita aunque sólo sea un arma en manos de los brutales cárteles es demasiado. El programa de gunwalking ha aumentado el escepticismo público hacia la “responsabilidad compartida” que Obama y Calderón han tratado de promover en numerosas declaraciones públicas, y ha alimentado las crecientes protestas populares en México que rechazan el modelo de la violenta guerra contra la droga para enfrentar el narcotráfico y el consumo ilícito.

¿Gran escándalo?

Con respuestas evasivas de las agencias gubernamentales, importantes implicaciones internacionales y persistentes preguntas sobre “quién sabía qué, y cuándo”, la operación “Rápido y Furioso” podría convertirse en un importante escándalo para el gobierno de Obama. Dependerá de la reacción del gobierno.

El gobierno de Obama enfrenta una difícil alternativa: u orquesta un encubrimiento, como parece estar haciendo la ATF, o abre el caso y acepta las consecuencias.

El caso de gunwalking pone a prueba la integridad del gobierno de Obama. Debilita aún más el apoyo a una estrategia fallida de la guerra contra la droga. El gobierno busca actualmente más millones de dólares para ayuda a la seguridad de México bajo la Iniciativa Mérida.

El mejor camino es investigar exhaustivamente la operación y castigar a los responsables, no importa a qué altura llegue la culpa. Es también hora de terminar con el apoyo a una guerra contra la droga que se hace más fuerte y violenta cada día que pasa.

Laura Carlsen es Directora del Programa de las Américas del Center for International Policy en la Ciudad de México, www.cipamericas.org.

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Por qué la guerra contra las drogas no puede ganarse

Por Laura Carlsen (*)

En Ciudad Juárez, Chihuahua, un estudiante que protesta a favor de la paz es baleado por la Policía Federal. Fotos de sus intestinos saliendo de su vientre roto circulan en Internet, consternando a la ciudad más sangrienta del mundo.

En Matamoros, Tamaulipas, las escuelas cierran luego que sus autoridades reciben amenazas de bombas.  Los periódicos tímidamente informan que las amenazas “podrían estar relacionadas” con la venganza del Cartel del Golfo por el asesinato de uno de sus líderes, Tony Tormenta, en una operación militar días antes. El Presidente Obama llama al Presidente Calderón para felicitarlo por abatir al señor de la droga.  Las autoridades mexicanas predicen una nueva ola de violencia en el estado, a medida que los Zetas avanzan para disputar el control del debilitado Cartel del Golfo.

Ya sea que se mida por el aumento en la seguridad pública, por una reducción en el abastecimiento de drogas al mercado de Estados Unidos, o por el desmantelamiento de organizaciones que trafican drogas, la guerra contra las drogas está fracasando.

Ya van cuatro años desde que el Presidente Felipe Calderón anunció la ofensiva  envió decenas de miles de soldados a las calles.  Los resultados son un record de 37.000 homicidios relacionados con la droga hasta ahora y miles de quejas por abusos a los derechos humanos por parte de la policía y las fuerzas armadas.

El arresto de cabecillas de las drogas y figuras menores han despertado guerras territoriales violentas, sin ningún efecto notable en los flujos de ilícitos. El asesinato de políticos, amenazas a civiles e interrupción de la vida diaria han hecho crecer la espiral descendente.

Nada de esto debería resultar sorprendente.   Aunque la Secretaria de Estado Hillary Clinton ha exhibido el Plan Colombia como modelo para México, la guerra contra las drogas tampoco resultó allí.  Una década completa y 7 billones de dólares luego que comenzó el Plan Colombia, la producción regional de droga permanece estable y grupos paramilitares más pequeços han reemplazado a los grandes carteles como traficantes.  Algunos crímenes violentos, tales como secuestros, han disminuido, pero la corrupción se ha profundizado con cantidad de representantes del Congreso bajo investigación, juicios y sentencias por sus relaciones con paramilitares.

La militarización, con una combinación de su razón de ser en la guerra a las drogas y la contra-insurgencia han dejado a Colombia con el peor record en derechos humanos del hemisferio.  Se han afectado las relaciones dilomáticas, ya que muchas naciones vecinas ven en la presencia militar de Estados Unidos y su involucramiento en la guerra a las drogas de Colombia como una amenaza a la auto-determinación de la región.

A pesar de estos resultados, la administración Obama ha anunciado planes para extender indifinidamente la Iniciativa de Mérida, diseñada por la administración Bush para durar tres años y costar 1.3 billones de dólares.  La Administración ha solicitado 282 millones de dólares para México bajo esta Iniciativa en el presupuesto para el 2012.  El problema es que a la guerra contra las drogas no le faltan fondos, sino que no puede ganarse.

Mientras exista un mercado lucrativo, los carteles encontrarán la forma de servirlo.

Eliminar operativos e incluso líderes de alto nivel simplemente diversifica y redistribuye el negocio.  Los carteles tienen años de experiencia construyendo estructuras flexibles, con nuevos líderes o pandillas rivales reemplazando a otras desplazadas o debilitadas.  En los niveles inferiores, reclutan de una fuente inagotable de jóvenes con pocas perspectivas en su vida, que han adoptadeo el lema: “Mejor morir jóvenes y ricos, que viejos y pobres”.

Si la guerra contra las drogas no puede ganarse, ¿significa esto que debemos resignarnos al poder sin freno de los carteles de la droga?

No. La otra tragedia de la guerra contra las drogas es que excluye estrategias más efectivas, apareciendo como la única opción. Mientras el gobierno de Estados Unidos gasta millones de dólares de sus contribuyentes para pagar firmas privadas estadounidenses de seguridad y defensa para “arreglar” México, no ha hecho casi nada para enfrentar las partes del crimen ortanizado que existen dentro de sus fronteras –demanda, transporte y distribución, oficiales corruptos, tráfico de armas y lavado de dinero.

Repensar la guerra contra las drogas no es sinónimo de rendirse. He aquí unos pocos elementos de una estrategia alternativa:

Seguir el dinero. En vez de tiroteos callejeros, podría hacerse mucho más en ambos países para atacar las estructuras financieras de las organizaciones criminales.  Billones de dólares son lavados en instituciones y negocios financieros importantes.  Si somos serios sobre querer debilitar al crimen organizado, es hora de ser serios para detener los flujos financieros ilícitos – aún cuando se afecten intereses poderosos.

Aumentar los fondos para la prevención y tratamiento del labuso de drogas. Encarar el uso ilegal de drogas como un problema de salud es una estrategia ganadora. La educación enseña a la gente joven los costos de la adicción y el abuso, y el tratamiento y programas de reduccion de daños pueden mejorar vidas y reducir costos a la sociedad, así como reducir la deanda de sustancias ilícitas.

Terminar con la prohibión, comenzando por la marihuana. Sin los billones de dólares de ganancias que proporciona la marihuana, los carteles de la droga tienen menos recursos para reclutar jóvenes, comprar armas y corromper políticos.

Dar a las comunicades un rol, además del de “víctimas”. A medida que fondos mexicanos y ayuda de Estados Unidos han sido destinados a la guerra contra las drogas, los programas sociales en México han sido severamente recortados.  Esto es exactamente retroceder. Las comunidades fuertes  – con empleos abundantes, oportunidades educativas y cobertura de necesidades y servicios básicos- son más capaces de resistir lal infiltración del crimen organizado.

A la estrategia de la guerra contra las drogas le faltan hitos o cualquier análisis real de las causas de raíz de la violencia.  Cada día se hunde más en un profundo agujero. Ese agujero se ha convertido en una tumba masiva para miles de mexicanos, principalmente jóvenes.

La Administración Obama ha anunciado planes para intensificar la guerra contra las drogas en México y extender el modelo a naciones de Centro América y el Caribe. El Congreso parece deseoso de aprobarlos. Esto introduciría una nueva era de relaciones conducidas por los militares con nuestros vecinos latino-americanos y desataría conflictos violentos en esos países, como lo ha hecho en México.

Si esto ocurre, historias de horror como las de Ciudad Juarez y Matamoros tristemente se convertirán en la norma más que en la excepción.

Laura Carlsen es Directora del Programa de las Américas del Center for International Policy en la Ciudad de México, www.cipamericas.org.
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Semana política



Síntesis GALMA


4 de mayo, 2011
 
¡Hola!  Adjuntamos los sucesos más interesantes de esta semana.

  1. Adiós al conturbenio.
  2. La Corte cambia las reglas.
  3. De las marchas a las propuestas.


Adiós al conturbenio. A diferencia del año pasado en que las alianzas electorales entre PAN y PRD fueron una estrategia ganadora, durante el 2011 corren una suerte distinta, ni siquiera se darían. Una de las principales razones es que, a diferencia del 2010, las eventuales alianzas carecían de un candidato con liderazgo local, con una importante estructura territorial y trabajo político relevante que lo respaldara. Además, el fallido proceso para construir una alianza en el Estado de México parece haber consumido la mayor parte de la atención y recursos políticos de ambos partidos, lo que desplazó a Nayarit y Coahuila de las prioridades electorales de sus respectivos consejos nacionales. En Nayarit, dos diputados del PRD contendieron como candidatos para una posible coalición. PAN y PRD acordaron postular al ganador en las encuestas. Sin embargo, cuando la Diputada Federal Martha Elena García, esposa del ex Gobernador (electo en coalición PAN-PRD en 1999) aventajó ligeramente a Guadalupe Acosta Naranjo en las encuestas, él se negó a declinar, lo que obligó a que el PAN decidiera abanderar a la perredista. No obstante, no se puede descartar una posible alianza de facto si, ya arrancadas las campañas el 26 de Mayo, las encuestas muestran una evidente ventaja de un candidato sobre el otro, como sucedió en Guerrero. En Coahuila, estado en el que se había acordado postular al Senador panista Guillermo Anaya y en donde el porcentaje promedio de votos al PRD es casi idéntico al de votos anulados desde 1985, la posibilidad de una alianza se vio fracturada cuando intentaron marginar al PRD en el proceso de selección de candidatos locales. Ello movió a Jesús Zambrano y a su corriente Nueva Izquierda a descartar la coalición con el PAN. No obstante, con encuestas que posicionan al hermano del actual presidente del PRI, Rubén Moreira con el 74% de aprobación en la opinión pública (Gabinete de Comunicación Estratégica) las posibilidades de que un candidato opositor al PRI pueda obtener la gubernatura son mínimas.

La Corte cambia las reglas. La reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en materia de interconexión ha cambiado las reglas del juego. Sin bien las empresas telefónicas aún podrán amparase en contra de las resoluciones de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), el juez no podrá otorgar una suspensión. Es decir, la decisión de COFETEL deberá ser acatada hasta que el caso quede resuelto. El fallo de la Corte favorece a la competencia y agiliza los acuerdos entre empresas al establecer una amenaza real de que la COFETEL determinará la tarifa que le parezca conveniente y deberá ser acatada aunque se interponga un amparo -al menos por el tiempo que dure el litigio. Esto contribuye a la eliminación de barreras de entrada y a crear condiciones de competencia más parejas para las empresas involucradas, lo que puede traducirse en un aumento en la eficiencia y disminución de precios. La resolución de la Corte representa también un fortalecimiento de la autoridad de la COFETEL al desincentivar el uso del amparo. Un debate que subyace a esta decisión es si existe o no un interés público -el derecho de los usuarios a comunicarse- que debe prevalecer frente a los intereses de las compañías prestadoras del servicio. Seis ministros votaron a favor de la existencia de un interés público que debe ser protegido por el órgano regulador (COFETEL). Sin embargo, los cuatro ministros restantes sostienen que se trata de un conflicto entre particulares que no necesariamente incide en el acceso a redes o en la determinación de precios. No obstante el resultado, el hecho de que haya sido una votación tan cerrada permite imaginar que si la conformación de la Corte cambiara, el criterio también podría modificarse en el futuro.

De las marchas a las propuestas. Este 5 de mayo se observarán diversas organizaciones marchando desde Cuernavaca hasta el Zócalo capitalino en contra de la inseguridad. Si bien algunos piensan este es un paso mayor en la construcción de ciudadanía, otros señalan que es totalmente insuficiente y equivocado –noción que se basa, o en la concepción de la marcha como parte del repertorio del viejo regimen, o en la concepción de ésta como parte de la rutina de protesta en México. Lo cierto es que esta marcha, aún cuando surge del daño que el crimen organizado ha causado a la ciudadanía, es una clara declaración contra la válvula de escape de toda democracia presidencialista con rendición de cuentas: el titular del Poder Ejecutivo. Ante ello, la reacción previsible del gobierno es la inclusión de ciertos mensajes del repertorio de los movimientos sociales, e incluso de sus líderes, en el discurso oficial. De cambios en la estrategia de seguridad poco puede esperarse, en parte porque tampoco hay una propuesta concreta de cambios. Más allá del acto de marchar, e incluso del número de participantes, la manifestación podrá adquirir relevancia sólo en la medida que tenga la capacidad de: cambiar los términos de la discusión pública de la lucha contra el crimen organizado; proveer argumentos que permeen en la sociedad; permita cuestionar el actuar de gobernantes y gobernados; y defienda su autonomía. En resumen, si lleva a los ciudadanos y actores políticos de la catarsis a la propuesta.

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martes, 3 de mayo de 2011

Yemen: el terreno fértil para Al Qaeda

La inestabilidad y el avance de los yihadistas en Yemen deberían preocupar a la Administración Obama y al resto de los países de la Península Arábiga. Una nueva generación de combatientes islamistas yemeníes, que se ha radicalizado en la guerra de Irak, toma cada día más fuerza.

Mientras el presidente Obama reflexiona sobre el destino de los presos que permanecen en la bahía de Guantánamo, una de sus decisiones más difíciles será qué hacer con los 94 yemeníes allí encarcelados. Los planes estadounidenses de repatriación se están complicando por el incremento de las actividades de Al Qaeda en Yemen y las dudas sobre la capacidad de su Gobierno de garantizar que los prisioneros liberados no van a llevar a cabo actividades terroristas. Un factor que ha contribuido a subrayar los peligros existentes es una reciente grabación en la que uno de los líderes de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, elogiaba "el despertar yihadista en Yemen, que pretende liberar la Península Arábiga". Esta declaración se produce tras los llamamientos de un antiguo preso saudí en Guantánamo, Said Ali Jabir al Shehri, a que los combatientes de la red de Bin Laden "viajen a la tierra del apoyo y la preparación, la tierra de la yihad y el martirio, el Yemen de la sabiduría y la fe". La amenaza es grave; es evidente que las células de Al Qaeda consideran las áreas tribales de dicho país como un lugar en el que reagruparse y planear futuros atentados. Así lo corroboran varios documentos obtenidos por las fuerzas de seguridad yemeníes que revelan planes detallados para realizar atentados en la zona.

La condición de refugio de la actividad yihadista de Yemen viene de antiguo. El propio Al Zawahiri pasó un período allí durante los 90, y el principal estratega de Al Qaeda, Abu Musab al Suri, un ciudadano español de origen sirio, ha dicho que este país es un “pilar fundamental” de la yihad por "los factores religiosos y económicos que existen allí". La organización es además muy consciente de la importancia estratégica de Yemen por su situación en el estrecho de Bab al Mandab, un punto fundamental del Mar Rojo, y su proximidad a Arabia Saudí y los Estados del Golfo. Las armas son baratas y abundantes, y sirven de estímulo a un lucrativo comercio con Somalia; se calcula que hay entre seis y nueve millones de armas de pequeño calibre en el país, con una población de 22 millones de habitantes.

Existen varios motivos importantes por los que este Estado es un refugio y un terreno fértil para Al Qaeda. La pobreza, desde luego, tiene mucho que ver; es el país más pobre, con mucho, del mundo árabe. Casi la mitad de sus habitantes vive con menos de dos dólares al día y la escasez crónica de alimentos se ha visto exacerbada por el cultivo generalizado de qat, un narcótico estimulante suave. Mientras tanto, la producción de petróleo está disminuyendo rápidamente, con graves consecuencias para un Gobierno cuyo presupuesto depende en un 70% de los ingresos de los recursos energéticos. A medida que disminuyan los ingresos del crudo, y con la previsión de que la población se duplique en 20 años, parece probable que las tensiones acaben con el delicado sistema de alianzas tribales establecido por el presidente Alí Abdulá Saleh.

No obstante, sería un error pensar que la pobreza y la debilidad del Estado son los únicos factores que han contribuido al aumento de la actividad terrorista en Yemen. El Gobierno ha llevado a cabo una estrategia ambivalente y, a veces, casi contradictoria respecto a los grupos extremistas dentro de sus fronteras. La alianza formada entre Alí Abdulá Saleh y los veteranos yihadistas de la guerra afgana de los 80 fue fundamental para lograr la victoria sobre el antiguo régimen marxista en el sur del país. El presidente nombró a un destacado dirigente islamista radical, el jeque Abdul Majid al Zindani, para formar parte del Consejo Presidencial entre 1993 y 1997. Con posterioridad se acusó a Al Zindani de reclutar a miembros de Al Qaeda a través de su institución religiosa en Sanaa, la Universidad al Iman, y se le incluyó en una lista de patrocinadores del terrorismo de la ONU. Pese a ello, Saleh mantiene una relación ambigua con Al Zindani y sus seguidores, y todavía en 2007 el Gobierno empleó a algunos de ellos en su guerra contra los rebeldes chiíes del norte del país. Además de una tendencia alarmante a que los miembros del movimiento se fuguen de prisión, se cree que la institución estatal creada para rehabilitar a yihadistas encarcelados, el Comité para el Diálogo Religioso, ha conseguido la puesta en libertad de miembros de Al Qaeda que, sin renunciar a sus actividades, se comprometen a no llevar a cabo futuros atentados dentro de Yemen. Un ejemplo es el ex guardaespaldas de Osama bin Laden que asegura haber establecido un centro de investigaciones sobre la yihad en Sanaa con apoyo del Ejecutivo.
                                      
El pragmatismo del presidente Saleh, que le ha hecho buscar un modus vivendi con los movimientos integristas, no ha impedido un incremento de la violencia por parte de grupos que aseguran representar a Al Qaeda. Lo que ha cambiado es que varios yihadistas jóvenes se han alejado de los dirigentes de la generación afgana y pretenden derrocar al Gobierno y establecer un Estado islámico. Se trata, en definitiva, de una consecuencia no deseada de la guerra de Irak, durante la que el Ejecutivo yemení hizo la vista gorda a la labor de reclutamiento de jóvenes para ir a luchar allí; se calcula que, en el período más intenso de insurgencia, había unos 1.200 yemeníes combatiendo en Irak. En 2006, el jefe de las Fuerzas Centrales de Seguridad elogió públicamente el éxito de los rebeldes suníes iraquíes que habían logrado matar a soldados estadounidenses.

La experiencia de la lucha en Irak ha radicalizado a una nueva generación de combatientes islamistas yemeníes, responsables de la reciente oleada de atentados en su país. Algunos miembros de la generación mayor de yihadistas, los afganos, aseguran que son ellos quienes representan a Al Qaeda en Yemen, pero se han visto rebatidos por las recientes condenas de la organización terrorista hacia el presidente yemení y otros dirigentes del movimiento. A principios de este año, Al Zawahiri acusó al presidente Saleh de ser un "agente de los cruzados". Al Suri, antes de ser capturado en Pakistán en 2005, condenó a los veteranos yihadistas aliados con el presidente Saleh y los llamó ulama’ al Sultan (los clérigos del sultán). Estos pronunciamientos son una base importante de legitimidad para la generación iraquí de Al Qaeda en Yemen.

La bomba que estalló en la embajada estadounidense en Sanaa en septiembre de 2008 sirvió para recordar sin reservas a los gobiernos occidentales cuáles son los peligros de confiarse demasiado en Yemen. Es evidente que, en el pasado, Estados Unidos y Europa han ejercido un abandono estratégico del país. Entre 2005 y 2006, pese a que el Gobierno de Bush dijo que era un “terreno clave” en la guerra contra el terror, el importe total de la ayuda al desarrollo concedida por EE UU fue de sólo 18,5 millones de euros. Sin embargo, la solución a los problemas de este país árabe no está sólo en Washington o en las capitales europeas, demasiado distraídos por los enormes déficits actuales y las guerras en Afganistán e Irak. La estabilidad a largo plazo de Yemen sólo será posible con la colaboración de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y los demás Estados del Golfo, cuya influencia financiera y experiencia económica pueden ayudar a sacar al país de una crisis cada vez más profunda. Si esos Estados aceptaran una estrategia de aumento masivo de la ayuda al desarrollo, estarían llevando a cabo no sólo un acto caritativo y solidario con un vecino más pobre, sino una acción fundamental para la seguridad de la región.

Arabia Saudí está levantando a toda prisa una sofisticada verja en su frontera con Yemen. Esa barrera es un obstáculo táctico para los yihadistas de la zona, pero no una estrategia para hacer frente a la amenaza creciente de un nuevo bastión de Al Qaeda en la Península Arábiga. Aunque el riesgo de que algunos presos yemeníes de Guantánamo regresen a las actividades terroristas al ser repatriados es muy real, Obama no va a tener más remedio que enviarlos a su país por las sucesivas violaciones del derecho internacional cometidas durante su encarcelamiento por la Administración Bush. Después de llegar a esa incómoda conclusión, el presidente estadounidense debería tomar la decisión de considerar Yemen como una de sus prioridades fundamentales en Oriente Medio.
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La muerte de Bin Laden y el futuro de Al Qaeda

Tras la muerte del líder la organización está acabada, seguirá golpeando con terror, pero de forma más limitada y sin el potencial de antes.

La organización Al Qaeda, que se empezó a fraguar en los 80 y quedó más internacionalizada a raíz del cónclave de Jost convocado por Bin Laden para llamar a la yihad global en todo el mundo, ha tenido sus albores hasta sus grandes atentados. Desde entonces, gracias a la especialización, al cerco, a la cooperación internacional en la lucha antiterrorista y al desgaste en sus enclaves más clásicos como Afganistán e Irak, se encuentra en una fase de retracción y de merma de capacidades. Ello no quiere decir que no siga teniendo ocasiones y activos para atentar, pero menos que en su etapa más álgida.

Así como en 2006 en Irak el asesinato de Al Zarqawi y sus lugartenientes extranjeros marcaron la división interna y el declive de la organización en la zona (desde entonces la violencia y los atentados han disminuido notablemente, se ha pasado de contar víctimas en decenas de miles por año a miles), podemos esperar que la de Bin Laden termine de coronar el declive internacional de la banda terrorista que ya estaba en marcha.

Cuando muere el líder las organizaciones muy dependientes de su dogma, y así mismo del fanatismo, se desestructuran y pierden fuerza. No vuelven a ser lo que eran. Y en el caso de Bin Laden mucho más, porque ha sido un gran estratega, que supo diseminar la organización a escala mundial a través de procedimientos no convencionales, aprovechando primero las instituciones de referencia histórica en cada región planetaria para fundar sus delegaciones geográficas, que a su vez daban apoyo al fenómeno disipado de las células multiplicables y sin conexiones directas con la estructura. También supo aprovechar los cambios geopolíticos de su época para instaurar la banda, los tiempos políticos de transformación del enemigo soviético al árabe y las fallas que hubo entre el fin de la guerra fría y del proceso de descolonización del mundo árabe.

Con el fin de esa descolonización supo aprovechar los remanentes de los grupos nacionalistas islamistas clásicos y los empleó como base estructural para internacionalizar los apoyos a su causa. Bin Laden supo sacar partido de los restos de estos movimientos caducos, que en muchos casos estaban abocados a la desaparición. Sin embargo, hoy la organización está mermada más que nunca en sus principales bastiones. En los últimos años se vio obligada a desplazarse al África subsahariana buscando nuevos espacios donde sobrevivir. En Estados frágiles sin controles y bajo una geografía difícil para localizarles. Y se vio forzada a buscar financiación mediante los secuestros y mercadeos con otros grupos criminales en la región africana, precisamente para tratar de subsistir al proceso de hostigamiento internacional y de retroceso de la propia organización.   
                                  
Al Qaeda es ahora más investigada, perseguida y consabida que nunca, incluidas sus finanzas y su actividad propagandística, lo que ha mermado sus capacidades a lo largo del tiempo. Esto se lo debemos a la cooperación antiterrorista entre los Gobiernos occidentales. Los nuevos riesgos y amenazas mundiales: el hambre y la pobreza junto con los efectos del cambio climático, los cambios en las tiranías y los efectos de la crisis financiera mundial, están teniendo un impacto superior a la fuerza y composición actuales de la organización, que la superan en poder de movilización y de convulsión, de cambiar el mundo.

Los terroristas se enfrentan a un competidor supremo y arrollador, que les hace sombra y que frente a sus intentos de cambiar el mundo por la fuerza y el terror, les está dejando atrás, precisamente transformando la esfera internacional de forma pacífica y con una inmensa mayoría de adeptos. La organización tuvo sus albores y hoy el mundo árabe y musulmán está más preocupado por sus luchas de liberación y de dignidad que por el fanatismo, mirando hacia la modernidad.

Quizás debamos pensar también en qué momento llega la muerte de Bin Laden, justo cuando la coyuntura de las revoluciones árabes le quita protagonismo y la engulle, reduciendo más sus posibilidades de vengar su muerte que en una etapa anterior a las revoluciones. Al Qaeda se enfrenta a un monstruo colosal que la arrolla y la devasta como el huracán más feroz, casi sin darle tiempo a ponerse a salvo ni reorganizarse. Que intenten vengarse es un clásico, que sigan cometiendo fechorías también, pero tan obvio como que sus capacidades actuales no son las de ayer, cuando cometían atentados espectaculares. Además, a los medios de todo el mundo les coge preparados y especializados. En todo caso les quedan acólitos que emergieron en épocas pasadas. Y es que estamos adentrándonos en otros tiempos, dejando atrás amenazas anteriores y enfrentando otras nuevas, que, no olvidemos, son de mayor envergadura. Aunque por otro lado más disipadas todavía y que interactúan combinadas (las fuerzas de la economía globalizada y de la naturaleza con lo social y lo político).

Al Qaeda acabará engullida por los nuevos tiempos, por las nuevas amenazas mundiales, más tarde o más temprano, reducida a una amenaza menor ante el cambio mundial que nos adentra en una nueva era con nuevos actores y nuevas realidades. Sus actuales competidores son muchos más y más potentes: una inmensa mayoría de la población árabe y musulmana que clama democracia y no la sharia, que quiere sistemas democráticos seculares y adentrarse en la modernidad y que no ve en la religión ni en el fanatismo la solución. Frente a esto la organización está acabada, seguirá coleando tratando de organizar sus fechorías, puede que nos siga golpeando con el terror, pero de forma más limitada y sin su potencial de antes, y lo que es mejor, sin proyección de futuro.
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