jueves, 17 de febrero de 2011

Mientras pensábamos en Egipto

Diez noticias que pasaron inadvertidas mientras estábamos pendientes de Egipto.

Sudán: Después del júbilo de Sudán del Sur después de que los resultados oficiales del referéndum confirmaran un apoyo del 98,93% a la independencia, la situación ha empeorado mucho en el que pronto será el Estado más nuevo del mundo. El ministro de cooperativas y desarrollo rural de Sudán del Sur, Jimmy Milla, murió por disparos en su despacho de Juba, según el gobierno por una disputa personal.

Esta semana surgió una nueva amenaza contra la seguridad de Sudán del Sur, cuando una milicia leal al ex general George Athor atacó a tropas militares del país. Se cree que murieron más 100 personas en los combates. Las autoridades de Juba dicen que Athor cuenta con el respaldo del gobierno de Jartum, pese a que había acordado un alto el fuego antes del referéndum.

Pakistán: Un tribunal de Lahore ha prolongado 14 días más la prisión de un empleado del consulado de EE UU acusado de asesinar a dos paquistaníes, en el último incidente diplomático entre los dos aliados de relación tan complicada. Raymond Davis, que trabajaba en el consulado estadounidense en Lahore, asegura que actuó en defensa propia y que los dos hombres armados se acercaron a su coche en motocicleta y blandiendo una pistola. La embajada también ha defendido las acciones de Davis, pero el jefe de policía de Lahore lo ha calificado de "claro asesinato" y ha puesto en tela de juicio su inmunidad diplomática. El caso de Davis es un problema para Pakistán. Los partidarios de los dos muertos se han manifestado y han quemado banderas estadounidenses, y la viuda de uno de ellos se suicidó en señal de protesta. Por otro lado, llevar adelante el juicio a Davis significaría irritar a Washington y tal vez incluso poner en peligro la entrega de un paquete de ayuda de cinco años y 7.500 millones de dólares (unos 5.500 millones de euros).

Como de costumbre, la semana pasada ha sido muy movida en la política paquistaní. También se produjo la toma de posesión de un nuevo gabinete y se anunciaron nuevas conversaciones de paz con India.

Irán: Mientras el régimen de Mubarak iniciaba sus últimas horas, el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, conmemoraba el aniversario de la Revolución Islámica de 1979 y elogiaba los acontecimientos de Egipto diciendo que eran el amanecer de un Oriente Medio libre de injerencias israelíes y estadounidenses. Sin querer ver los paralelismos entre la revolución democrática de Egipto y las protestas electorales de 2009 en Irán, Teherán ha preferido calificar los hechos de "despertar islámico" contra un régimen respaldado por EE UU.

Mientras tanto, el régimen iraní ha reprimido la disidencia interna y ha dictado arresto domiciliario contra el líder de la oposición Mehdi Karrubi. Este y otro candidato a las elecciones de 2009, Mir Hosein Musaví, habían convocado una concentración la semana pasada para apoyar las manifestaciones de Egipto y Túnez.

Bolivia: Puede que este país latinoamericano esté muy lejos de Oriente Medio, pero el aumento del precio de los alimentos y la energía también está creando tensiones para el Gobierno. El presidente boliviano, Evo Morales, se vio obligado a salir a toda prisa de la ciudad de Oruro, en la meseta meridional, después de que varias personas le abuchearan durante un discurso y encendieran cargas de dinamita. También ha habido manifestaciones en las principales ciudades, La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.

El líder izquierdista se enfrenta a protestas generalizadas desde finales de diciembre, cuando anunció un aumento del 73% en el precio de la gasolina. Asimismo, el Ejecutivo ha retirado los subsidios a la harina y el azúcar, lo cual ha hecho que los precios se hayan multiplicado casi por dos. Hasta los cultivadores de coca -la base tradicional de Morales- han ido a la huelga y han bloqueado las carreteras para protestar por los aumentos de precios.

Tailandia y Camboya: La región del sureste asiático, normalmente estable, sufrió una conmoción el viernes pasado con los tiroteos que estallaron en la frontera entre ambos países a propósito de un templo en un territorio en disputa. Durante todo el fin de semana hubo combates en los alrededores del famoso Templo de Vihear, con el resultado de al menos siete muertos y miles que han tenido que huir de la zona. Camboya afirma que el templo -que está clasificado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- ha quedado gravemente dañado por los proyectiles y ha pedido al Consejo de Seguridad de la ONU que intervenga.

En 1962, el Tribunal Mundial dictó que el templo está situado en territorio camboyano, pero los nacionalistas tailandeses nunca han aceptado el veredicto y han presionado al primer ministro, Abhisit Vejjajiva, para que emprenda acciones más decisivas con el fin de recuperar las tierras. El viernes, los manifestantes nacionalistas del país, los “camisas amarillas”, que antes apoyaban a Abhisit, salieron a la calle para exigir su dimisión por no recuperar el templo.

WikiLeaks: La vista judicial de Julian Assange en Gran Bretaña terminó esta semana. El juez confía que el 2 de marzo podrá anunciar su decisión sobre su extradición a Suecia por las acusaciones de delitos sexuales. Los defensores alegan que la persecución del fundador de WikiLeaks tiene una motivación exclusivamente política y que la fiscalía sueca ha actuado de forma indebida cuando ha filtrado -aunque parezca irónico- detalles del caso a la prensa.

Al mismo tiempo que terminaba el juicio, el ex portavoz de WikiLeaks Daniel Domscheit-Berg publicó su libro Inside WikiLeaks: My Time with Julian Asange at the World's Most Dangerous Website. Domscheit-Berg presenta a Assange como un megalómano aficionado a las teorías de la conspiración, y dice que ha escrito el libro para “dejar las cosas claras antes de que Assange lo convierta en una secta, un fenómeno pop”. En la actualidad, Domscheit-Berg trabaja en un sitio web rival de WikiLeaks, llamado OpenLeaks.

Rusia: Las autoridades rusas dieron el nombre del presunto terrorista que llevó a cabo el atentado en el aeropuerto de Domodedovo, en Moscú, el mes pasado, y detuvo a su hermano y su hermana. Las autoridades creen que el sospechoso, Magomed Yevloyev, de 20 años, procedente de la región de Ingusetia, en el Cáucaso Norte, es responsable de colocar la bomba que mató a más de 36 personas. Sus hermanos, ambos adolescentes, son sospechosos de ayudarle a organizar el ataque y, según las autoridades, tenían en las manos restos de materiales para fabricar la bomba. La policía piensa que Yevloyev quizá quería vengarse por la muerte de su cuñado, que murió durante una incursión en Ingusetia el pasado mes de agosto.

El jefe terrorista del Cáucaso Norte Doku Umarov ha reivindicado la organización del atentado. Esta semana también fue detenido Bashir Khamkhoyev, un destacado militante del que se dice que es el representante de Umarov en Ingusetia, después de un accidente de tráfico.

También es posible que la investigación sobre el acto terrorista haya dejado al descubierto las crecientes discrepancias entre el presidente Dmitri Medvédev y el primer ministro, Vladímir Putin. El presidente ha reprochado públicamente a su predecesor (y probable sucesor) que insinuara que el crimen estaba "resuelto".

Japón y Rusia: La semana pasada, el primer ministro japonés, Naoto Kan, intensificó la histórica disputa de su país con Rusia por las Islas Kuriles durante un discurso en Tokio, al decir que la visita de Dmitri Medvédev a las islas el año pasado fue una "ofensa imperdonable". El Gobierno nipón ha designado el 7 de febrero como “Día de los Territorios del Norte” -el nombre japonés de las Kuriles-, de forma que en esa fecha se celebraron manifestaciones nacionalistas en todo el país, en algunas de las cuales se quemó la bandera rusa. La disputa por las Kuriles -que se extienden desde la isla de Hokkaido hasta la península rusa de Kamchatka- se remonta a finales de la Segunda Guerra Mundial. Los dos países no han firmado todavía ningún tratado de paz.

El ministro japonés de Exteriores, Seiji Maehara, llegó esta semana a Moscú para hablar de la disputa con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, que ha dicho que las concentraciones auspiciadas por el gobierno de Tokio son "inaceptables".

Costa de Marfil: La crisis política más grave de África Occidental prosiguió cuando Laurent Gbagbo se negó a dejar su cargo a pesar de haber sido declarado perdedor en las elecciones del 28 de noviembre de acuerdo con los resultados certificados por la ONU. Hasta ahora han muerto centenares de personas en los enfrentamientos entre los partidarios de Gbagbo y los del vencedor reconocido por la comunidad internacional, Alassane Ouattara. La Organización Internacional para las Migraciones ha informado de que casi 82.000 marfileños se han visto desplazados dentro y fuera del país desde el comienzo de la crisis.

Gbagbo, que alega la existencia de fraude electoral y acusa a Naciones Unidas de apoyar a Ouattara, está acusado de amordazar a la prensa; en concreto, de obstruir las transmisiones internacionales de radio y despedir al jefe del Consejo Nacional de Prensa. Estados Unidos ha dejado clara su postura al aceptar las credenciales de un nuevo embajador nombrado por Ouattara.

Alemania: Alemania y Francia están presionando a los 17 miembros de la zona euro para que firmen un "pacto de competitividad" que instauraría un sistema de rescate con el fin de proteger a los países de la bancarrota, pero necesitaría grandes reformas de liberalización del mercado que ayudaran a modernizar sus economías. El plan, que se conocerá en su totalidad en la cumbre de la Eurozona prevista para el 11 de marzo, será difícil de vender para los gobiernos de izquierdas de España y Bélgica.

La tarea de convencerlos se complicó aún más esta semana cuando el candidato escogido por la canciller alemana, Angela Merkel, para presidir el Banco Central Europeo, retiró su candidatura por motivos personales. Axel Weber, que también había abandonado su cargo actual de presidente del Bundesbank, compartía con Merkel la preferencia con las políticas de libre mercado, y su salida debilita a la canciller en su intento de encabezar los esfuerzos para sacar a Europa de la crisis financiera mundial.

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martes, 15 de febrero de 2011

Revueltas árabes: ganadores y perdedores

Por Immanuel Wallerstein (*)

La revuelta árabe de 1916 fue encabezada por Sharif Hussein bin Ali en pos de la independencia árabe del imperio otomano. Los otomanos fueron expulsados. Sin embargo, la gran revuelta fue coptada por los británicos y los franceses.

Después de 1945, gradualmente, los varios estados árabes se hicieron miembros independientes de Naciones Unidas. Pero en la mayoría de los casos su independencia fue coptada por Estados Unidos, sucesor de Gran Bretaña como controlador externo, manteniendo Francia un papel menor en el Magreb y en Líbano.

La segunda revuelta árabe se ha estado cocinando por algunos años ya. El mes pasado obtuvo una inyección sustancial del exitoso levantamiento de la juventud tunecina. Cuando hay jóvenes valerosos que arriesgan su vida para levantarse contra un régimen autoritario y supercorrupto y logran, de hecho, deponer al presidente, uno tiene que aplaudir. Independientemente de lo que pase después, fue un buen momento para la humanidad. La cuestión es siempre, ¿qué viene después?

En realidad hay dos preguntas. ¿Cómo fue que este levantamiento prevaleció, cuando muchos otros intentos en muchos otros países no lo lograron? Y luego, ¿quiénes serán los ganadores y los perdedores en Túnez, en otras partes del mundo árabe, y en el sistema-mundo completo?

No es fácil rebelarse contra un régimen autoritario. El régimen tiene armamento y dinero a su disposición, y normalmente puede suprimir con facilidad los intentos de desafiarlo que ocurren en las calles. Actos simbólicos, como la autoinmolación del vendedor ambulante en un poblado tunecino remoto, Mohamed Bouazizi, en protesta contra los caprichosos actos de los agentes del régimen, pueden encender a otros a que protesten, como ocurrió en Túnez. Pero para que dicho acto conduzca al derrocamiento del régimen, éste debe tener fisuras.

En este caso, es claro que había tales fisuras. Ni el ejército ni la gendarmería estaban preparados para disparar contra los manifestantes, y le dejaron esta tarea a la guardia presidencial de elite. No fue suficiente, y el presidente Zine el-Abidine Ben Ali y su familia tuvieron que huir, y sólo lograron hallar refugio en Arabia Saudita. Que había fisuras en el régimen queda claro por el hecho de que al intentar sobrevivir a la tormenta, las principales figuras del partido de Ben Ali se aseguraron de arrestar a la figura clave de la maquinaria represiva de Ben Ali, Abdelwahab Abdallah, con tal de que éste no los arrestara a ellos. Recordemos cómo fue que, tras la muerte de Stalin, sus sucesores arrestaron de inmediato a Lavrenti Beria, por la misma razón.

Por supuesto, después de que huyera Ben Ali, el mundo entero aplaudió, con la sola excepción de Kaddafi de Libia y Berlusconi de Italia, que continuaron defendiendo las virtudes de Ben Ali. El principal respaldo exterior de Ben Ali, Francia, se avergonzó lo suficiente como para confesar sus errores de juicio. Estados Unidos, habiendo dejado a Túnez en las supuestamente seguras manos de los franceses, no sintió la necesidad de ofrecer unas disculpas semejantes.

Como todo mundo anota, el ejemplo de Túnez impulsó a que en las calles árabes de otras partes se siguiera un camino semejante; los ejemplos más notables al momento están en Egipto, Yemen y Jordania. Mientras escribo, es poco seguro que el presidente Hosni Mubarak de Egipto sea capaz de sobrevivir.

¿Quiénes son los ganadores y los perdedores? No sabremos en por lo menos seis meses, tal vez más, quiénes llegarán, de hecho, al poder en Túnez, en Egipto, en realidad en todo el mundo árabe. Los levantamientos espontáneos crean una situación como la de Rusia en 1917 cuando, según la famosa frase de Lenin, el poder está en las calles, y por tanto una fuerza decidida y organizada puede tomarlo, que fue lo que hicieron los bolcheviques.

La real situación política en cada uno de los estados árabes es diferente. No hay Estado árabe en la actualidad que tenga un partido radical, laico, organizado, como los bolcheviques, que esté listo para intentar tomar el poder. Hay varios movimientos liberales burgueses a los que les gustaría jugar un mayor papel, pero pocos parecen tener una base importante. Los movimientos más organizados son los islamitas. Pero estos movimientos no tienen un solo color. Sus versiones de un Estado islámico van de los relativamente tolerantes hacia otros grupos, como el que existe ahora en Turquía, a la severa versión de la sharia (como los talibanes ejecutan en Afganistán), con variedades intermedias como la Hermandad Musulmana en Egipto.

¿Pero qué pasa con los poderes externos, que están profundamente involucrados en intentar controlar la situación? El principal actor externo es Estados Unidos. Un segundo actor es Irán. Todos los otros –Turquía, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China– son menos importantes sin dejar de ser relevantes.

El gran perdedor de la segunda revuelta árabe es claramente Estados Unidos. Uno lo constata en la increíble vacilación del gobierno estadunidense en este momento. Estados Unidos (como cualquiera de las otras potencias importantes en el mundo) sitúa un criterio por encima de todos los demás: los regímenes que le son amigables. Washington quiere estar del lado de los ganadores, siempre y cuando el ganador no le sea hostil. ¿Qué hacer entonces en una situación como la de Egipto, que en el presente es virtualmente un Estado clientelar de Estados Unidos? Washington queda reducido a hacer llamados públicos en pos de más democracia, de que no haya violencia, y de negociaciones. Tras bambalinas, parecen haberle dicho al ejército egipcio que no avergüence a Estados Unidos disparándole a demasiadas personas. ¿Pero puede sobrevivir Mubarak sin dispararle a mucha gente?

La segunda revuelta árabe ocurre en medio de una caótica situación mundial en la que dominan tres rasgos: una caída en los estándares de vida de dos terceras partes de la población mundial, escandalosos incrementos en los ingresos actuales de un estrato alto relativamente pequeño y una seria decadencia del poder efectivo de la así llamada superpotencia, Estados Unidos. La segunda revuelta árabe, no importa cómo resulte, erosionará aún más el poderío estadunidense, especialmente en el mundo árabe, precisamente porque la única base segura de la popularidad política en estos países, hoy, es la oposición a que Washington se inmiscuya en sus asuntos. Aun aquéllos que normalmente quieren el involucramiento de Estados Unidos, y dependen de éste, encuentran peligroso continuar en esa postura.

El mayor ganador externo es Irán. Sin duda el régimen iraní es visto con considerable sospecha, en parte porque no es árabe y en parte porque es chiíta. Sin embargo, es la política estadunidense la que le otorgó a Irán su regalo más grande, el derrocamiento de Saddam Hussein. Saddam era el más fiero y eficaz enemigo de Irán. Los líderes iraníes probablemente profieren alguna bendición diaria para George W. Bush por su maravilloso regalo. Han construido sobre este golpe de suerte mediante una inteligente política con la que han demostrado estar listos para respaldar movimientos no chiítas tales como Hamas, siempre y cuando confronten fuertemente a Israel y la intrusión estadunidense en la región.

Un ganador menor es Turquía, que ha sido un anatema para las fuerzas populares en el mundo árabe por la doble razón de que es heredera del imperio otomano y una aliada cercana de Estados Unidos. El actual régimen electo popularmente, un movimiento islamita que no busca imponer la ley de la sharia sobre toda la población sino únicamente el droit de cité para la observancia islámica, se ha movido en dirección de apoyar la segunda revuelta árabe, aun con riesgo de comprometer sus anteriores buenas relaciones con Israel y Estados Unidos.

Y por supuesto, los ganadores más grandes de esta segunda revuelta árabe serán, con el tiempo, los pueblos árabes.


(*) Sociólogo y científico social histórico estadounidense. Principal teórico del análisis de sistema-mundo. Estados Unidos.




Chomsky sobre las revueltas árabes

Por Amy Goodman.

En las últimas semanas, los levantamientos populares en el mundo árabe lograron la salida del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Alí, la inminente caída del régimen de Hosni Mubarak, un nuevo gobierno en Jordania y el compromiso del dictador yemení de dejar el poder cuando termine su mandato.

El profesor Noam Chomsky analizó qué significa esto para el futuro de Medio Oriente y la política exterior de Estados Unidos para la región.


-¿Cuál es su análisis de lo que está sucediendo y cómo puede repercutir en Medio Oriente?
-En primer lugar, lo que está pasando es espectacular. El coraje, la determinación y el compromiso de los manifestantes son destacables. Y, pase lo que pase, éstos son momentos que no se van a olvidar y que seguramente van a tener consecuencias a posteriori: abrumaron a la policía, tomaron la plaza Tahrir y se están quedando allí a pesar de los grupos mafiosos de Mubarak. El gobierno organizó esas bandas para tratar de expulsar a los manifestantes o para generar una situación en la que el ejército pueda decir que tuvo que intervenir para restaurar el orden y después, quizás, instalar algún gobierno militar. Es muy difícil predecir lo que va a pasar.

Los Estados Unidos están siguiendo su libreto habitual. Ha habido muchas veces en las que un dictador "cercano" perdió el control o estuvo en peligro de hacerlo. Hay como una rutina estándar: seguir apoyándolo tanto tiempo como se pueda; cuando se vuelva insostenible -especialmente, si el ejército se cambia de bando-, dar un giro de 180 grados y decir que siempre estuvieron del lado de la gente, borrar el pasado y después hacer todas las maniobras necesarias para restaurar el viejo sistema pero con un nuevo nombre. Presumo que eso es lo que está pasando ahora. Están viendo si Mubarak se puede quedar. Si no aguanta, pondrán en práctica el libreto.


-¿Qué opina de la apelación de Obama a que se inicie ya la transición en Egipto?
-Cuidadosamente, Obama no dijo nada. Mubarak también estaría de acuerdo con que debe haber una transición ordenada. Un nuevo gabinete, algunos arreglos menores en el orden constitucional no es nada. Está haciendo lo que los líderes norteamericanos generalmente hacen.

Los Estados Unidos tienen un poder abrumador allí. Egipto es el segundo país que más ayuda militar y económica recibe de Washington. Israel está en primer lugar. El mismo Obama se mostró muy a favor de Mubarak. En el famoso discurso en El Cairo, el presidente estadounidense dijo: "Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo".

Mubarak es uno de los dictadores más brutales del mundo. No sé cómo después de esto alguien pudo haberse tomado en serio los comentarios de Obama sobre los derechos humanos. Pero el apoyo ha sido muy grande. Los aviones que están sobrevolando la plaza Tahrir son por supuesto estadounidenses. EE.UU. es el principal sostén del régimen egipcio. No es como en Túnez, donde el principal apoyo era Francia. Los Estados Unidos son los principales culpables en Egipto y también Israel, que junto con Arabia Saudita fueron los que prestaron apoyo al régimen cairota. De hecho, los israelíes estaban furiosos porque Obama no sostuvo más firmemente a su amigo Mubarak.


-¿Qué significan todas estas revueltas en el mundo árabe?
-Este es el levantamiento regional más sorprendente que puedo recordar. A veces, lo comparan con Europa del Este, pero no es contrastable. Nadie sabe a lo que llevarán estos levantamientos. Los problemas por los que los manifestantes protestan son de larga data y no se van a resolver fácilmente. Hay una pobreza tremenda, represión, una falta de democracia y también de desarrollo. Egipto y otros países de la región recién pasaron por el período neoliberal, que trajo crecimiento en los papeles junto con las consecuencias habituales: una alta concentración de la riqueza y de los privilegios, un empobrecimiento y una parálisis de la mayoría de la población. Y eso no se cambia fácilmente.


-¿Cree que hay alguna relación directa entre estos levantamientos y las filtraciones de Wikileaks?
-En realidad, la cuestión es que Wikileaks no nos dijo nada nuevo. Nos dio la confirmación para nuestras razonables conjeturas.


-¿Qué pasará con Jordania?
-En Jordania, recién cambiaron al primer ministro. Fue reemplazado por un ex general que parece ser moderadamente popular, o al menos no es tan odiado por la población. Pero esencialmente no cambió nada.




¿Dónde están los líderes que reformen la economía mundial?

Por Will Hutton (*)

El sistema financiero mundial necesita una revisión radical, pero la confortable reunión de Davos de la semana pasada sugeriría otra cosa.

No hay nadie a los mandos de la economía mundial. Y aunque lo hubiese, no existe un conjunto de principios de común acuerdo sobre los que podría basarse su gobernación. Tenemos cierta idea de lo que hay que hacer a la hora de mitigar los riesgos, digamos, de la perforación petrolífera marina o la sobrepesca en los océanos. Pero cuando se trata de cómo organizar los inmensos flujos del comercio y las finanzas cuya relativa ordenación y crecimiento tan cruciales son para la prosperidad y el empleo en todas partes, hay un vacío intelectual y político.

Y no es que no se hayan aireado las cuestiones. Ciertamente, este año en Davos – punto de reunión anual de los líderes políticos y empresariales mundiales que cada vez me recuerda más a nuestros congresos de partido en su combinación de sonoro discurseo y chanchullos en la trastienda entre machos dominantes con ganas de dar guerra - apenas puede uno librarse de hablar de ellas. Ya sea en la tribuna principal, en reuniones marginales o en los bares, todo el mundo andaba retorciéndose las manos: que si hay demasiada deuda pública y privada, demasiada manipulación bajo cuerda de las tasas de interés, que si los banqueros tienen razón o no al insistir que vuelve todo a la normalidad o si no es asombrosa el alza de los precios de los alimentos y la energía.

Pero, si bien hay mucho palique, no hay acuerdo acerca de qué sólidos principios y gobernación se precisan para hacer seguro el cambio y apuntalar la recuperación. La alternativa sobre la que pueden estar de acuerdo consiste en asentir sabiamente con la cabeza a que, cualquiera que sea el problema arrostremos, es necesaria una mayor coordinación. Como las madres y la tarta de manzana, la coordinación constituye el mínimo común denominador al que se apuntaría hasta el davosiano más cascarrabias, pero suscita todas las preguntas. ¿Quién va a decidir cuál es el problema y para cuál hace falta una respuesta coordinada o cómo debería distribuirse el daño que hagamos?

Esto tiene importancia. En el mundo, hay más de 200 millones de personas sin trabajo, de los cuales 78 tienen menos de 24 años. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay 1.500 millones de personas con un empleo vulnerable. La población mundial va a aumentar en 2.000 millones en los próximos 40 años, casi enteramente en Asia y África. ¿Qué van a comer, a beber y usar como fuente de energía, cuando ya hoy los actuales niveles de producción de alimentos, suministro de agua y producción de energía son inadecuados? Mientras el presidente Mubarak lucha por su vida política afrontando protestas políticas en parte avivadas por la pura desesperación económica, de repente las preguntas ya no se dirigen sólo a las salas de los seminarios de Davos: son urgentes y reales.

Entre las respuestas habrá que incluir la de qué divisa usará el mundo para el comercio internacional. Actualmente es el dólar: como es fama que afirmó en 1971 John Connally, Secretario del Tesoro norteamericano, la divisa es nuestra, pero el problema, vuestro. Los EE. UU. están saliendo con éxito de la recesión a base de gastar e imprimiendo dólares en cantidades ingentes, gloriosamente indiferentes a la repercusiones que esto tenga en todos los países y empresas que tienen dólares como reserva. ¿Puede esto continuar? ¿Y qué substituiría al dólar?

Mientras tanto, los chinos se abren camino hacia un mayor crecimiento económico a base de gasto, a la vez que manipulan sus tasas de cambio para impulsar sus exportaciones. Me vi aquí en Davos con cierto número de miembros de bancos centrales que tienen la impresión de que han de manipular sus divisas igual que los chinos, en parte porque no se atreven a dejar que los chinos les ganen por la mano y en parte porque quieren seguir lo que parece un modelo exitoso de desarrollo económico. Pero cualquier cosa insostenible termina tarde o temprano por no sostenerse y hay por ahí mucha actividad insostenible.

Por último, pero no menos importante, están los banqueros superpoderosos que andan explotando ese vacío para conseguir superganancias de nuevo, insistiendo en que la crisis ha quedado atrás y bien atrás. No hace mucho se produjo una gran conmoción en Gran Bretaña cuando Bob Diamond, nuevo presidente de Barclays, declaró ante una comisión de investigación parlamentaria que había concluido el tiempo de arrepentimiento de los banqueros.

Evidentemente, no es el único. Jamie Dimon, presidente de JPMorgan Chase, dirigió la jauría en Davos, declarando que debe acabarse ya eso de meterse con los banqueros y que los bancos necesitan que les den libertad con el fin de poder financiar la recuperación. Tuvo incluso el descaro de insistir en que el principal riesgo de la economía mundial residía en la deuda de los gobiernos y el déficit norteamericano de 1,5 billones de dólares en particular.

Dimon tiene razón al apuntar ese riesgo, pero yerra de modo criminal al hacer de menos al papel que tuvieron los bancos en la creación de la recesión, cuya consecuencia es el déficit presupuestario norteamericano, y yerra doblemente al no haber puesto jamás en tela de juicio el poder de los mercados de valores y el de los financieros. Pues sin ese billón y medio de dólares de déficit presupuestario norteamericano, no habría recuperación ni de los EE. UU. ni del mundo, no habría sistema bancario mundial ni tampoco un petulante Jamie Dimon. Simon Johnson, antiguo economista jefe del FMI, le considera el hombre más peligroso de Norteamérica, cabecilla de las fuerzas intelectuales y empresariales que tanto daño han hecho al mundo.

Nunca ha sido tan evidente la interconexión entre poder puro y duro e ideas. Johnson puede contar en detalle cómo todos los economistas que han adoptado una posición desregulatoria y favorable a la gran banca ha recibido honorarios e ingresos de los bancos por su labor, una postura que no le ha reportado muchos amigos. Pero es un asunto que causa consternación. Resulta absolutamente evidente que los bancos de hoy son demasiado grandes, operan con demasiado poco capital y comercian con instrumentos financieros que hacen demasiado poco por financiar el auténtico comercio e inversión. Y ese no es un punto de vista que se oiga en Davos.

Tampoco tenemos un proyecto convincente en detalle de cómo organizar el sistema financiero mundial de algún modo que lo mejore. Está el mundo que tenemos – con múltiples formas de economías capitalistas que despliegan un poder puro y duro para hacer lo que les plazca – y una utopía de tasas de cambio que flotan libremente, libre comercio, mercados financieros libres y déficits presupuestarios del Estado estrechamente controlados. El modelo no existe y, aunque existiera, sabemos lo bastante de las finanzas modernas para darnos cuenta de que conduciría a otro desastre. Hace falta un programa diferente que ofrezca principios y formas de gobierno para este mundo imperfecto tal cual es.

Los franceses han prometido actuar durante su presidencia del G-20 este año, pero dudo que logren desplazar el consenso de Davos. Desde luego, David Cameron y George Osborne se ganaron aquí un cálido respaldo como campeones del mismo consenso en torno al que han organizado las medidas económicas del gobierno de coalición. Davos tiene buenas intenciones; quiere de verdad un mundo más inclusivo, menos desigual, más sostenible, pero se muestra a reacio a aceptar los medios. Llevo viniendo entre unos y otros más de veinte años y comparto la opinión de un veterano asistente británico del mundo de los negocios: en las grandes ocasiones, Davos casi siempre se equivoca. En ese caso, eso debería preocuparnos a todos, y no menos que a nadie al señor Cameron, en cuyos oídos suenan todavía los aplausos del público.

(*) Periodista económico del grupo de The Guardian (del que fue columnista y jefe de la sección de economía), escribe semanalmente en The Observer (del que ha sido director). Es autor de algunos libros críticos con el estado de la economía británica e internacional que han tenido notable repercusión, como The Revolution That Never Was (1987), The State We're In (1996), The State to Come (1997), The Stakeholding Society (1999), On The Edge (editado con Anthony Giddens) (2000) y, sobre todo, The World We're In (2002) (editado en los EE. UU. como A Declaration of Interdependence). Gran Bretaña.

Traducción para www.sinpermiso.info


miércoles, 9 de febrero de 2011

Semana política



Síntesis GALMA


9 de febrero, 2011
 
¡Hola!  Adjuntamos los sucesos más interesantes de esta semana.

  1. Sin sorpresas en el Mar de Cortés.
  2. Mensaje a doña Elba: nace el SITEM.  


Sin sorpresas en el Mar de Cortés. No hubo sorpresas en los resultados de la elección en Baja California Sur, fue clara la victoria del candidato del PAN, Marcos Covarrubias, con 40.35% de los votos. Si bien todo proceso electoral local es distinto y presenta dinámicas particulares –como se ha dicho en varias ocasiones en este espacio– Baja California Sur deja lecciones para la clase política local y nacional. Primero, las estructuras político electorales construidas por un liderazgo local tienen un peso significativo –en algunos casos determinante– para ganar una elección. Sin embargo, las cúpulas partidistas con frecuencia siguen cometiendo el mismo error: privilegiar a personajes cercanos a ellas por encima de líderes que llevan años construyendo redes en el estado. Sorprende sobre todo del PRI, que por décadas utilizó la estrategia de abanderar al líder local más popular. Segundo, los partidos políticos y la identificación partidista de los electores no tiene el peso que se pensaba, los electores votan pensando en temas y en liderazgos locales donde la marca del partido es cada vez más irrelevante. Esta condición se podría agravar por varios factores: los candidatos con frecuencia saltan de un partido a otro según les convenga y, a nivel nacional, cada vez queda menos claro en qué parte del espectro político están los partidos o las alianzas. Tercero, el resultado de un proceso electoral puede cambiar en cualquier momento en función al contexto político y a la estrategia implementada. Es claro hoy que nadie tiene asegurada la victoria. Esto debe ser una señal de alerta, en particular para el PRI que, al ir al frente de muchas encuestas, siente seguras las victorias en el Estado de México e incluso en la Presidencial.

Mensaje a doña Elba: nace el SITEM. La aparición de un nuevo sindicato educativo, el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación de México (SITEM), con 7 mil 500 integrantes ubicados en diversos estados de la República, pone nuevamente el foco de atención en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y su líder, Elba Esther Gordillo. El nuevo sindicato surge del desprendimiento de algunos líderes del SNTE descontentos con la dirección de Elba Esther Gordillo. Si bien el SITEM no cuenta con privilegios de negociación, viene con la bendición del Gobierno Federal y podrá emitir sus recomendaciones al SNTE al momento de la revisión del contrato colectivo. Si bien en los números –el SNTE representa al 96% de los maestros del país– el SITEM es irrelevante, quienes aplauden su surgimiento ven en él una importancia simbólica: sería el primero de varios pasos que el Ejecutivo podría orquestar con el propósito de debilitar el poder de Elba Esther Gordillo; y al mismo tiempo, una respuesta en el ámbito electoral a su proximidad a los candidatos del PRI. Ahora que, cuando de reformas para mejorar la ecuación se trata no hay ningún grupo ni en el SNTE ni en sus partes escindidas que vaya a encabezar esta reforma. Los descontentos entre sindicatos y dentro de ellos suelen ser guerras por poder y recursos disfrazados de descontentos ideológicos.

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viernes, 4 de febrero de 2011

Túnez, Egipto y los que siguen

Mantener buenas relaciones con los autócratas es un lamentable pero a menudo necesario componente del delicado ejercicio de equilibrio que es la política exterior estadounidense. Pero, como Washington aprendió una vez más con los últimos acontecimientos, apoyar a un líder tiránico por el bien de la estabilidad puede presentar sus propios riesgos. He aquí ocho alianzas más que podrían resultar embarazosas.


JIM WATSON/AFP/Getty Images

ARABIA SAUDÍ

Líder: Rey Abdalá

Historial: El rey ha gobernado Arabia Saudí desde 2005. Como dirigente de un país que carece de elecciones, Parlamento y partidos políticos, Abdalá y su familia ejercen un poder sin restricciones dentro del reino y también —gracias a su control de un quinto de las reservas de petróleo del mundo y dos de los lugares más sagrados del islam— bastante influencia más allá de sus fronteras. Abdalá sorprendió a muchos al acometer algunas reformas menores de las altas esferas del establishment religioso del país en 2009. Aunque esto pudo deberse más a un deseo de consolidar su poder que a algún tipo de iluminado impulso pluralista. El rey, de 86 años, ha sufrido un deterioro de su salud en los últimos años, lo que ha provocado especulaciones sobre cuál de sus parientes le sucederá.

Arabia Saudí sigue siendo uno de los países más represivos de la Tierra, en especial para sus 9 millones de ciudadanas, a quienes se les impide ejercer muchos trabajos o conducir, y por ley son consideradas de manera legal sometidas a sus maridos. Esta vetado practicar cualquier religión que no sea el islam. La tortura y la detención sin juicio son habituales. Alrededor de 2.000 personas fueron arrestadas sólo en 2009 por acusaciones políticas.

Apoyo de Estados Unidos: Ya sea con besos y apretones de manos o haciendo reverencias, se puede contar con que los presidentes estadounidenses de ambos partidos muestren siempre su afecto por la Casa de Saud, una tradición que se remonta a la Administración de Franklin Roosevelt. Siendo el único país en el mundo con una “capacidad de producción adicional” —suficiente petróleo extra como para poder influir en los precios globales de la energía a voluntad—, la cooperación saudí es crucial para mantener en ebullición a la economía en EE UU.

Desde el 11-S los saudíes también han proporcionado asistencia e información de inteligencia para la guerra contra el terror liderada por Washington y tomado duras medidas contra los extremistas violentos, tanto en el reino como al otro lado de la frontera con Yemen. No obstante, siguen en el aire las preguntas sobre el grado en que los miembros de la familia real saudí todavía proporcionan ayuda económica a Al Qaeda. Estados Unidos depende también de la estabilizadora influencia de Arabia Saudí en Oriente Medio como contrapeso a Irán y de su papel como mediador con la Autoridad Nacional Palestina. En 2010, la relación se consolidó aún más gracias a un acuerdo armamentístico por valor de 60.000 millones de dólares (unos 43.000 euros) que incluía cazas, helicópteros y misiles.


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YEMEN

Líder: Alí Abdullah Saleh

Historial: Saleh primero se hizo con el poder en Yemen del Norte en un golpe militar en 1978 y ha gobernado el país entero desde su unificación en 1991. Los partidos de la oposición son marginados, las elecciones parlamentarias han sido pospuestas indefinidamente y los civiles frecuentemente se ven alcanzados por las ofensivas militares en el anárquico Sur.

Yemen es tanto uno de los países menos estables del mundo —con una insurgencia de rebeldes chiíes actualmente activa en la región sur— como uno de los más represivos: las detenciones arbitrarias y la tortura están generalizadas, y los asesinatos de honor de mujeres a manos de miembros de sus familias con frecuencia queda impunes. Inspirados por los acontecimientos de Túnez y Egipto, los manifestantes han comenzado a lanzarse a las calles de la capital, Saná, para celebrar protestas casi diarias desde mediados de enero, exigiendo la salida de Saleh como presidente.

Apoyo de Estados Unidos: Saleh podría parecer un insólito aliado estadounidense. Además de su estilo autocrático y tolerancia de la corrupción oficial, fue un estrecho aliado de Saddam Hussein y apoyó la invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990. Pero el antiterrorismo hace extraños compañeros de cama, los grupos extremistas presentes en el interior de Yemen han sido la fuente de numerosos ataques anti americanos, desde el atentado contra el U.S.S. Cole en 2000 al complot de la bomba del día de Navidad de 2009 o al intento de atentado con una bomba escondida en una impresora en 2010. Además, es el hogar del renombrado terrorista Anwar al Awlaki y de Al Qaeda en la Península Arábiga. Dados los peligros que emanan de Yemen, los responsables de las políticas de EE UU han decidido que los esfuerzos del mandatario yemení por restaurar el orden en el país son la mejor apuesta para prevenir más ataques, y la ayuda miliar destinada a la región se ha, más que, doblado desde el complot de Navidad. Es probable que la ayuda de Washington a Yemen para el Ejército alcance los 250 millones de dólares en 2011, lo que se sumaría a un sustancial aumento en la asistencia al desarrollo.


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JORDANIA

Líder: Rey Abdalá II

Historial: Cuando Abdalá, que había disfrutado de una educación occidental, llegó al trono en 1993, despertó grandes esperanzas de que se produjeran reformas políticas. El Gobierno levantó 20 años de ley marcial en 1989, restaurando el Parlamento. Pero a esto no le siguió una democracia abierta. El sistema electoral del país sigue estando plagado de fallos, con los distritos electorales configurados de manera que favorezcan a los candidatos tribales y a aquellos que son leales al Estado. El mayor partido de la oposición, el Frente de Acción Islámica, vinculado a la Hermandad Musulmana, ha boicoteado las dos últimas elecciones parlamentarias alegando que el fraude y la compra de votos eran generalizados. La Administración jordana ha citado el éxito electoral de Hamás en los cercanos territorios palestinos para justificar el lento ritmo de las reformas políticas en el país.

El cambio en las medidas económicas de Abdalá han dado como resultado un crecimiento constante del PIB pero, como en Egipto, esto no se ha traducido en una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos más pobres. El desempleo puede llegar al 30% en el reino, y la tasa de pobreza es de alrededor del 25%. Miles de personas protestaron contra las políticas económicas del Gobierno con una sentada en el exterior del Parlamento el 16 de enero.

Apoyo de Estados Unidos: La Casa Blanca confía en Jordania para que le preste asistencia en la lucha contra el terrorismo, así como en su a menudo constructivo papel en el proceso de paz palestino-israelí. Bajo la familia real, Jordania ha seguido una de las políticas exteriores más sistemáticamente pro estadounidenses de Oriente Medio. Ésta se ha visto recompensada con más de 6.000 millones de dólares en ayuda al desarrollo desde 1952, es el segundo mayor receptor de ayuda exterior de EE UU per cápita. En 2010, Washington y Ammán firmaron un acuerdo de desarrollo por valor de 360 millones de dólares. El primero también ha proporcionado una significativa ayuda al Ejército jordano, incluyendo una nueva flota de cazas F-16 en 2007.


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ETIOPÍA

Líder: Meles Zenawi

Historial: Las elecciones de 2010, en las que el partido del primer ministro Meles Zenawi logró un sorprendente 99,6 % de los votos, fueron la culminación de lo que la organización Human Rights Watch llamó “la estrategia de cinco años de cierre sistemático del espacio para la disidencia política y la crítica independiente”. Ésta incluía ataques y arrestos de importantes figuras de la oposición, la clausura de periódicos y los ataques a periodistas críticos con el Gobierno, y el reparto de la ayuda alimentaria internacional como incentivo para hacer que los etíopes pobres se unieran al partido gobernante.

Además de los ataques a los medios de comunicación nacionales y las ONG, el Estado también interfirió las emisiones de Voice of America y Deutsche Welle en el periodo previo a las elecciones. La ONG estadounidense Freedom House rebajó la clasificación de Etiopía a No libre por primera vez este año en su estudio anual Libertad en el mundo.

Apoyo de Estados Unidos: Etiopía, que comparte fronteras con Sudán y Somalia, se beneficia de ser, al menos en teoría, un Gobierno pro estadounidense en un vecindario muy peligroso. En 1998, el presidente Bill Clinton describió a Zenawi como el líder de un “Renacimiento africano”. El fuerte apoyo de Washington a Addis Abeba continuó bajo el mandatario George W. Bush, que veía al Estado, fundamentalmente cristiano, de Zenawi como un baluarte contra el extremismo islámico en África Oriental, y proporcionó una lluvia de millones de dólares en ayuda militar. Bush se opuso a leyes que vinculaban la asistencia bélica para Etiopia con los derechos humanos y dio un apoyo tácito a su invasión de Somalia en 2007.

La retórica es algo menos entusiasta bajo la Administración Obama —el Departamento de Estado criticó con dureza las elecciones de 2010, por ejemplo— pero Estados Unidos continuará financiando a Etiopia con hasta 583,5 millones de dólares este año, a pesar de las evidencias de que el Gobierno está usando directamente esta ayuda para sofocar la disidencia.


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UGANDA

Líder: Yoweri Museveni

Historial: A Museveni se le llena la boca hablando de democracia, desarrollo económico y medidas anti corrupción. Para ser justos, sí que instituyó varias reformas prometedoras al comienzo de su presidencia, fomentando el desarrollo de la prensa libre y de elecciones tras décadas de gobiernos autoritarios. Pero ahora el presidente ha comenzado a parecerse a sus predecesores, aboliendo las limitaciones de duración de los mandatos tras casi tres décadas en el poder, lanzando ataques legales contra periodistas independientes, acosando a los partidos de oposición y volando en un jet privado de 50 millones de dólares mientras más de un tercio de su pueblo vive con menos de 1 dólar al día, habiendo criticado con anterioridad a otros líderes africanos por permitirse lujos similares. Las ONG han documentado también numerosos casos de detenciones ilegales y torturas por la Fuerza Conjunta Antiterrorista del país.

Uganda se ganó la condena internacional en 2010 por una propuesta de ley, todavía pendiente de aprobación, que castigaría la homosexualidad con duras condenas, incluyendo la pena de muerte. Museveni apoyó inicialmente la ley pero más tarde se echó para atrás, cuando varios países en Europa amenazaron con retener sus ayudas. El más destacado activista a favor de los derechos de los homosexuales, David Kato, murió tras recibir una paliza el 27 de enero, sólo semanas después de que un popular tabloide publicara su foto junto al pie Colgadles.

Apoyo de Estados Unidos: El estable Gobierno, el desarrollo económico y la efectiva respuesta al VIH/sida de Uganda han convertido al país en una especie de emblema del desarrollo africano, y es uno de los principales receptores de la ayuda estadounidense en el continente. Además, Museveni ha ayudado a sus amigos de Washington contribuyendo con casi 3.000 soldados de mantenimiento de la paz a la misión internacional en Somalia y llevado a cabo una gran ofensiva militar contra el Ejército de Resistencia del Señor, uno de los grupos rebeldes con peor reputación de África.

Obama en un principio pareció reticente a tratar de quedar bien con Museveni, negándose a varios intentos del líder ugandés de asegurarse un encuentro en la Casa Blanca y criticando en público la ley contra los homosexuales. Pero la Administración estadounidense permaneció prácticamente en silencio después de que el mandatario usara el atentado durante el Mundial de Fútbol de 2010 cometido por los militantes somalíes de Shabaab en Kampala, como pretexto para limitar aún más la cobertura de los medios de comunicación y a los partidos de la oposición. En lo que, muy probable, es un intento de equilibrar la preocupación por la democracia con la necesidad para el apoyo continuado de Uganda en Somalia. El secretario de Estado adjunto para Asuntos Africanos de Estados Unidos, Johnny Carson incluso manifestó a los periodistas que el país había celebrado “unas elecciones libres y limpias”, contradiciendo los propios informes del Departamento de Estado, que mencionaban numerosas irregularidades.


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UZBEKISTÁN

Líder: Islam Karímov

Historial: Karímov, el primer y único presidente del país tras su independencia, ha sofocado de forma sistemática cualquier disidencia política, proscribiendo a los grupos de oposición —especialmente islámicos—, oprimiendo a la prensa y encarcelando a miles de personas. Uzbekistán es citado como uno de los peores torturadores del mundo, y en sus abarrotadas cárceles se administran castigos que incluyen palizas, violaciones e incluso la práctica de hervir a los detenidos. Tashkent se enfrentó a la condena internacional en 2005 después de que cientos de manifestantes desarmados que protestaban para apoyar a un grupo de empresarios locales arrestados fueran disparados por las fuerzas de seguridad en la ciudad de Andiján. Karímov ha extendido en repetidas ocasiones su propia permanencia en el poder más allá del límite de dos mandatos impuesto por la Constitución y los observadores internacionales han rechazado las elecciones del país calificándolas de farsa.

Apoyo de Estados Unidos: Uzbekistán clausuró una base aérea estadounidense en el país en 2005, tras las críticas por parte de Estados Unidos a los sucesos de Andiján. Ésta sigue cerrada, pero las relaciones están mejorando. El general David Petraeus realizó una visita de perfil alto en 2009 para hablar de un posible papel de la región en la guerra en Afganistán liderada por Estados Unidos. En abril de ese año, Washington y Tashkent firmaron un acuerdo para permitir que los suministros para la actividad de la OTAN pudieran atravesar las fronteras uzbekas. En noviembre de 2010, el responsable del CENTCOM (Mando Central de Estados Unidos), el general James Mattis, visitó la zona para firmar un pacto de cooperación en materia de seguridad, incluyendo entrenamientos militares.

La Administración estadounidense ha continuado presionando a Uzbekistán para que haga mejoras en la situación de los derechos humanos, pero los terrenos del país, y su proximidad a la guerra en Afganistán, son demasiado valiosos para que a éste se le aísle en su totalidad.


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KAZAJSTÁN

Líder: Nursultán Nazarbáyev

Historial: Nazarbáyev, ex líder del Partido Comunista Kazajo, ha gobernado el país sin desafíos políticos serios desde su independencia en 1991. Las restrictivas leyes electorales hacen casi imposible que los partidos de oposición se presenten a las elecciones, a los periódicos que critican al Gobierno se les acosa sistemáticamente y son clausurados, y se dice que la corrupción —en especial relacionada con el sector de la energía— es generalizada en todo el Estado.

En enero, el sumiso Parlamento kazajo pidió a Nazarbáyev que convocara un referéndum que extendería su mandato hasta 2020, saltándose por completo las elecciones previstas para 2012 y 2017. La policía reprimió con mucha dureza las protestas de la oposición contra esta medida. Tras la condena internacional del plan, el mandatario lo descartó y en su lugar convocó unos repentinos comicios presidenciales que se celebrarían casi dos años antes de lo previsto.

Apoyo de Estados Unidos: Kazajstán y Estados Unidos han cooperado desde 1996 en un proyecto para garantizar la seguridad e irse deshaciendo del material nuclear de la era soviética que hay en el país. Kazajstán también ha proporcionado rutas de paso para la guerra en Afganistán liderada por EE UU. Los estimados 2.400 millones de metros cúbicos de gas natural de la región lo convierten además en un socio regional muy atractivo.

Para ser justos, Kazajstán no es ni de lejos tan represivo como sus vecinos de Asia Central, ha sido más efectivo logrando un desarrollo económico y es —junto a Ucrania— uno de los casos de no proliferación más exitosos desde el fin de la Guerra Fría. Pero los elogios de Estados Unidos hacia el régimen, que nunca ha celebrado unas elecciones disputadas, han sido a veces, de forma ridícula, efusivos. En una reunión en 2006 entre Bush y Nazarbayev, el presidente estadounidense describió Kazajstán como una “nación libre con un compromiso hacia las instituciones, que permitirá florecer a la libertad”.


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VIETNAM

Líder: Nguyen Tan Dung

Historial: El Partido Comunista de Vietnam es el único permitido por la ley y designa al líder del país de entre sus propias filas —Nguyen Tan Dung fue nombrado para un segundo mandato el 26 de enero—. Según Human Rights Watch, el país ha intensificado su represión de los derechos humanos durante el año pasado, encarcelando a defensores de los derechos humanos, blogueros, y activistas anti-corrupción. Los grupos religiosos, tanto cristianos como budistas, se han enfrentado a un acoso constante. La brutalidad policial y las muertes bajo custodia de las fuerzas de seguridad son habituales.

Como China, Vietnam filtra Internet dentro del país, bloqueando las websites molestas y exigiendo a los proveedores del servicio y a los cibercafés que instalen un software de seguimiento para poder rastrear la pista de los usuarios.

Apoyo de Estados Unidos: Treinta y cinco años después del final de la Guerra de Vietnam y quince después de que se restauraran las relaciones diplomáticas, la amistad entre ambos no ha sido nunca tan estrecha. Los dos países firmaron un acuerdo de libre comercio en 2006, un paso que acercaba más a Vietnam a la entrada como miembro en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Con un ojo puesto en la ascendente China, también han reforzado la cooperación en defensa, incluyendo ejercicios de instrucción militar y un potencial acuerdo nuclear civil. En 2010, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que a pesar de las “profundas diferencias” en materia de derechos humanos, era el momento para que los dos llevaran su relación al “siguiente nivel”.

Esos impulsos pueden resultar más difíciles de conciliar de lo que Clinton hubiera esperado. En enero de 2011, Estados Unidos presentó una protesta al Gobierno vietnamita después de que un diplomático estadounidense fuera arrojado al suelo tras un forcejeo y luego arrestado por la policía mientras intentaba visitar la casa de un destacado disidente de Vietnam.

jueves, 3 de febrero de 2011

Nuevo orden en el Medio Oriente

Por Robert Kaplan.

No hay que confundir las revueltas de Túnez y Egipto con la de 1978 en Irán. Pero eso no significa que la diplomacia estadounidense en el mundo árabe no vaya a ser complicada de ahora en adelante.

El aspecto más significativo de las manifestaciones contra los regímenes gobernantes que han sacudido el mundo árabe es lo que no son: no consisten en un clamor por la difícil existencia de los palestinos bajo la ocupación israelí; ni tampoco son, al menos abiertamente, antioccidentales, ni siquiera antiamericanas. Los ciudadanos están indignados por el desempleo, la tiranía y la falta general de dignidad y justicia en sus propias sociedades. Y ése es un cambio trascendental en la historia moderna de Oriente Medio.

Por supuesto, así comenzaron las manifestaciones contra el sha de Irán en 1978 y 1979, antes de que los islamistas se adueñaran de la revolución. Pero en ninguno de estos países árabes existe un líder radical carismático capaz de convertirse en centro de la oposición, como era el ayatolá Jomeini; y las diversas organizaciones islámicas actuales del mundo árabe no se apoyan tanto en un antiamericanismo teórico e ideológico como lo hacía el clero chií. En Egipto, hasta cierto punto, los Hermanos Musulmanes ejercen de organización de autoayuda comunitaria, y tal vez no se sientan obligados a apoderarse de la revolución como ocurrió en Irán. Y al presidente egipcio, Hosni Mubarak, no se le identifica tanto con los intereses de Estados Unidos como ocurría con el sha. Las diferencias entre el Egipto de 2011 y el Irán de 1978 son más profundas que las semejanzas.

Además, sea cual sea el resultado de estas revueltas, parece evidente que los árabes y sus nuevos dirigentes van a tener que centrar su atención quizá durante bastante años en los defectos de sus propias sociedades, más que en las injusticias cometidas por Israel y Occidente en el extranjero. En Túnez, las manifestaciones comenzaron, en parte, por los cables de WikiLeaks que mostraban la ambigüedad de Washington respecto al régimen y las escasas probabilidades de que lo apoyara en caso de crisis. En resumen, es posible que la política en el mundo árabe se normalice, en lugar de radicalizarse. Recordemos que uno de los objetivos fundamentales de Al Qaeda  era derrocar regímenes como el de Mubarak, porque decía que oprimían a su pueblo y eran siervos de los intereses estadounidenses e israelíes. Si Mubarak se va, la red de Bin Laden perderá un argumento para reclutar militantes.
                                  
Ahora bien, no hay que menospreciar los peligros que puede representar para los intereses estadounidenses lo que suceda a partir de ahora en el mundo árabe. Si se extendieran realmente las protestas a Jordania y Arabia Saudí, EE UU podría encontrarse al borde de una catástrofe. Es difícil imaginar un régimen más progresista y proestadounidense que el que existe hoy en Jordania. En cuanto a la familia real saudí, seguramente constituye la peor forma posible de gobierno para ese país, con excepción de cualquier otra que pudiera sustituirla. Imagine que todas las armas que Estados Unidos ha vendido a los saudíes desde hace decenios cayeran en manos de radicales wahhabíes. Imagine que Yemen volviera a dividirse en norte y sur, o que el control central de la capital, Saná, sobre el resto del país fuera aún más débil. Washington se encontraría prácticamente solo ante el peligro de Al Qaeda en la zona.

Por ahora, todas estas revueltas parecen más o menos iguales, como ocurrió en Europa del Este en 1989. Pero, igual que en los países del Este, cada uno acabará siendo un poco distinto, y la evolución política será un reflejo de la situación demográfica, educativa e institucional concreta de cada Estado. Polonia y Hungría recorrieron unas vías relativamente fáciles hacia el capitalismo y la democracia; Rumanía y Bulgaria vivieron sumidas en una pobreza abyecta durante años; Albania sufrió brotes esporádicos de anarquía; y Yugoslavia cayó en una guerra civil que mató a cientos de miles de personas. En ciertos aspectos, el mundo árabe es más variado que Europa del Este, por lo que es preciso que Estados Unidos tenga en cuenta las características específicas de la situación política e histórica de cada país a la hora de calibrar su política.

El Gobierno del presidente Barack Obama debe defender los principios de la sociedad civil, la no violencia y los derechos humanos en todas partes; y siempre que parezca que un autócrata está a punto de caer, como ha sucedido en Túnez y como podría ocurrir en Egipto, Washington puede desempeñar un papel constructivo y facilitar su marcha, además de tender la mano a las nuevas fuerzas políticas. La diplomacia estadounidense en el mundo árabe va a complicarse aún más. Ya no consistirá en tener un número de teléfono crucial en cada país. A partir de ahora, la superpotencia tendrá que tratar con docenas de personalidades políticas para conseguir las mismas cosas que antes lograba con un sólo líder. Democracia equivale a complejidad.
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