lunes, 18 de octubre de 2010

¿Tiene futuro la socialdemocracia?

Por Immanuel Wallerstein (*)

El mes pasado, dos importantes sucesos marcaron el mundo de los partidos socialdemócratas. El 19 de septiembre, el partido sueco perdió duramente las elecciones. Recibió 30.9% del voto, su peor desempeño desde 1914.

Desde 1932, ha gobernado el país 80% del tiempo, y ésta es la primera vez que un partido de centroderecha gana la relección. Y para complicar el mal desempeño, un partido antinmigrante, de extrema derecha, entró al Parlamento sueco por primera vez.

¿Por qué es esto tan dramático? En 1936, Marquis Childs escribió un libro famoso, titulado Sweden: The Middle Way. Childs presentaba Suecia bajo el régimen socialdemócrata como una virtuosa vía intermedia entre dos extremos representados por Estados Unidos y la Unión Soviética. Suecia era un país que efectivamente combinaba la redistribución igualitaria con la política interna democrática. Suecia ha sido, por lo menos desde los años 30, el modelo mundial de la socialdemocracia, su verdadera historia de éxito. Y así parecía mantenerse hasta hace poco. Ya no es el modelo mundial.

Entretanto, el 25 de septiembre en Gran Bretaña Ed Miliband vino desde atrás para ganar el liderazgo del Partido Laborista. Con Tony Blair el Partido Laborista se había involucrado en la remodelación radical del partido con la consigna de the New Labour [el nuevo partido laborista]. Blair había argumentado que el partido también debía ser una vía intermedia no una entre capitalismo y comunismo, sino entre lo que solía ser el programa socialdemócrata de nacionalización de los sectores clave de la economía y la dominación sin rienda del mercado. Ésta era una vía intermedia bastante diferente de aquélla de Suecia en los años 30 y después.

Que el Partido Laborista eligiera a Ed Miliband por encima de su hermano mayor David Miliband, un socio clave de Tony Blair, se interpretó en Gran Bretaña y otras partes como un repudio a Blair y un retorno a un Partido Laborista más socialdemócrata (¿más sueco?). No obstante, pocos días más tarde, en su primer discurso en la conferencia laborista, Ed Miliban reafirmó una posición centrista. Y pese a que enlazó sus aseveraciones con alusiones a la importancia de lo equitativo y la solidaridad, dijo: Debemos deshojar nuestro viejo pensamiento y erguirnos por quienes creen que hay algo más en la vida que lo que es rentable.

¿Qué nos dicen estas dos elecciones del futuro de la socialdemocracia? Convencionalmente (y lo más probable es que correctamente) la socialdemocracia como movimiento y como ideología se vincula con el revisionismo de Eduard Bernstein, en la Alemania de finales del siglo XIX. Bernstein argumentaba en esencia que, una vez obtenido el sufragio universal (que para él era el voto masculino), los obreros podían usar las elecciones para ganar cargos para su partido, el Socialdemócrata (SPD), hasta lograr el gobierno. Una vez que ganaran poder parlamentario, el SPD podría entonces promulgar el socialismo. Y como tal, concluía, hablar de insurrección como vía al poder era innecesario y de hecho una tontería.

Lo que Bernstein definía como socialismo era poco claro en muchos aspectos, pero no obstante en el momento parecía incluir la nacionalización de los sectores clave de la economía. Desde entonces, la historia de la socialdemocracia como movimiento ha sido una de alejamientos lentos pero continuos de la política radical hacia una orientación más centrista.

Durante la Primera Guerra Mundial, los partidos repudiaron su internacionalismo teórico al alinearse en respaldo de sus gobiernos en 1914. Tras la Segunda Guerra Mundial, los partidos se aliaron con Estados Unidos en la guerra fría contra la Unión Soviética. Y en 1959, en su conferencia en Bad Godesburg, el SPD alemán repudió el marxismo por completo y oficialmente. Y declaró que habiendo comenzado como un partido de clase obrera, el Partido Socialdemócrata se ha convertido en un partido del pueblo.

En ese entonces, lo que el SPD alemán y otros partidos socialdemócratas llegaron a reivindicar fue el compromiso social conocido como Estado de bienestar. La socialdemocracia tuvo bastante éxito en este objetivo en el periodo de la gran expansión de la economía-mundo en los años 50 y 60. Y en ese tiempo se mantuvo como movimiento en el sentido de que estos partidos impulsaban el respaldo activo y la lealtad de muchas personas en su país.

Sin embargo, cuando la economía-mundo entró en su largo estancamiento a partir de los años 70, los partidos socialdemócratas comenzaron a ir más allá. Dejaron de lado el énfasis en el Estado de bienestar para volverse meros promotores de una versión más suave de la primacía del mercado. La ideología del nuevo partido, de Blair, no era sino esto. El partido sueco resistió el viraje más tiempo que los otros pero finalmente sucumbió.

La consecuencia de esto, sin embargo, fue que la socialdemocracia dejó de ser un movimiento que podía convocar la lealtad y el respaldo de grandes número de personas. Se tornó una maquinaria electoral a la que le faltaba la pasión de antaño.

Aunque la socialdemocracia no sea ya un movimiento, sigue siendo aún una preferencia cultural. Los votantes siguen queriendo los desvanecientes beneficios del Estado de bienestar. Protestan regularmente cuando pierden otro más de estos beneficios, lo cual ocurre con alguna periodicidad ahora.

Finalmente, hay que decir algo de la entrada del partido antinmigrante de extrema derecha al Parlamento sueco. Los socialdemócratas nunca han sido muy fuertes en lo relacionado con los derechos de las minorías étnicas u otras mucho menos acerca de los derechos de los inmigrantes. Los partidos socialdemócratas han tendido a ser partidos de la mayoría étnica de cada país, defendiendo su territorio contra otros trabajadores a los que veían como grupos que provocarían la reducción de salarios y empleos. La solidaridad y el internacionalismo eran consignas útiles cuando no había competencia a la vista. Suecia no enfrentó este asunto seriamente sino hasta hace poco. Y cuando lo hizo, un segmento de votantes socialdemócratas simplemente se corrió a la extrema derecha.

¿Tiene futuro la socialdemocracia? Como preferencia cultural, sí; como movimiento, no.


(*) Sociólogo y científico social histórico. Principal teórico del análisis de sistema-mundo. Estados Unidos.
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sábado, 16 de octubre de 2010

Semana política



Síntesis GALMA


16 de octubre, 2010
 
¡Hola!  Adjuntamos los sucesos más interesantes de esta semana.

  1.       Paquete fiscal: el IVA y los estados
  2.       Inseguridad e inversión
  3.       SME: movilización y subsistencia

Paquete fiscal: el IVA y los estados. Uno de los principales temas de discusión del paquete fiscal 2011 fue la propuesta del PRI de reducir 1% el IVA –estrategia inicialmente respaldada de forma unánime por todos los gobiernos estatales encabezados por el PRI y el propio PRD. La Secretaría de Hacienda respondió calificando la propuesta de irresponsable y populista debido a que aún no existen las condiciones macroeconómicas idóneas para prescindir de ingresos cercanos a los 35 mil millones de pesos, además, no representaría beneficios significativos a los bolsillos de los ciudadanos y, sobre todo, vulneraría los ingresos federales. El equilibrio en esta negociación cambió cuando la Secretaría de Hacienda manifestó que de reducirse el IVA, como lo propuso el PRI, las transferencias hacia los estados se verían reducidas de manera importante. Esto obligó a los secretarios de finanzas de todos los estados a recalcular sus ingresos y comprobar que en efecto, podrían verse disminuidos. Asimismo provocó que los estados retiraran su aval a la propuesta y obligaran a la fracción del PRI en la Cámara de Diputados a modificar su postura. Una vez que la discusión del IVA como eje central de la negociación de la miscelánea fiscal ha quedado fuera del orden, es de esperarse que el esquema impositivo de 2011 que se aprobará el 15 de octubre sea muy similar al de este año, con las misma deficiencias y privilegios, y sin la capacidad de ampliar la base tributaria de manera efectiva e incrementar los ingresos del Estado.

Inseguridad e inversión. Desde su llegada a la Secretaría de Hacienda, Ernesto Cordero había negado que la violencia y la inseguridad estuvieran impactando la economía en muchas localidades del país. Sin embargo, esto cambió recientemente. El Secretario de Hacienda ha reconocido que la violencia en determinados lugares sí está afectando la inversión. El cambio en el discurso no es menor, pues implica reconocer que la falta de estado de derecho en muchas localidades, la violencia, la extorsión y el secuestro –variables que no se previeron– son hoy uno de los efectos de la estrategia del Gobierno Federal en el combate al narcotráfico. El tema es delicado pues la violencia y sus efectos sobre la economía y la inversión afectan a grupos que son aliados naturales de Calderón y de cualquiera que sea el candidato del PAN para el 2012: empresarios, clase media y ciudades ubicadas en el norte del país. Por esto mismo, es atinada la estrategia de empezar a abordar el tema desde la Secretaría de Hacienda, antes de que lo hagan de una forma más contundente los reportes internacionales y las cifras que hasta hoy no permiten ver con claridad los efectos de la inseguridad sobre la economía en determinadas regiones. El reto del Gobierno Federal hacia el 2012 es revertir la ola de violencia y empezar a generar círculos virtuosos. De no hacerlo, los logros importantes que han tenido en materia macroeconómica, como es el bono a 100 años, se podrán ver eclipsados. El buen manejo macroeconómico es, a final de cuentas, condición necesaria pero no suficiente para que la economía despegue..
 
SME: movilización y subsistencia. Ha transcurrido un año desde la disolución de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) ha perdido todas las batallas jurídicas que ha peleado. Sin embargo, el control de los recursos del sindicato continua siendo la fuente de conflicto. La Secretaría del Trabajo tiene en su poder el otorgamiento de la toma de nota que haría posible a la dirigencia reconocida acceder a los recursos. El SME entiende que la movilización es su única herramienta de presión y continuará ejerciéndola siempre que haya oportunidad.En la liquidación de LyFC el Gobierno Federal ha contado con la aprobación de una parte significativa de la opinión pública. Es así que a pesar de que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no ha logrado satisfacer las expectativas de la población –que sigue sufriendo cortes en el suministro y errores en el cobro del servicio– y además se encuentra inmersa en un delicado caso de corrupción, los esfuerzos del SME por reestablecer su fuente de trabajo –en últimos días a través del Legislativo– parecen inviables. De no presentarse una solución satisfactoria al conflicto en el corto plazo –lo que es muy probable– se podría observar en el futuro un SME que se consolide como grupo de protesta para casi cualquier asunto que le de oportunidad de movilizarse y permita subsistir. Esta situación obligará a una reflexión más profunda sobre los costos y beneficios que a los distintos personajes públicos eventualmente les traerá ligarse, o bien, ser permisivos con el SME en aras de la gobernabilidad.

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miércoles, 13 de octubre de 2010

10 tipos de manipulación mediática

Por Noam Chomsky*

Noam Chomsky elaboró la lista de las "10 Estrategias de Manipulación" a través de los medios. En su libro "Armas Silenciosas para Guerras Tranquilas" Chomsky hace referencia a ese escrito en su Decálogo de las "Estrategias de Manipulación".

1- LA ESTRATEGIA DE LA DISTRACCIÓN. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. "Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)".

2- CREAR PROBLEMAS, Y DESPUÉS OFRECER SOLUCIONES. Este método también es llamado "problema-reacción-solución". Se crea un problema, una "situación" prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3- LA ESTRATEGIA DE LA GRADUALIDAD. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4- LA ESTRATEGIA DE DIFERIR. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como"dolorosa y necesaria", obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que "todo irá mejorar mañana" y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5- DIRIGIRSE AL PÚBLICO COMO CRIATURAS DE POCA EDAD. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? "Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver "Armas silenciosas para guerras tranquilas")".

6- UTILIZAR EL ASPECTO EMOCIONAL MUCHO MÁS QUE LA REFLEXIÓN. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos...

7- MANTENER AL PÚBLICO EN LA IGNORANCIA Y LA MEDIOCRIDAD. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. "La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la mas pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)".

8- ESTIMULAR AL PÚBLICO A SER COMPLACIENTE CON LA MEDIOCRIDAD. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto...

9- REFORZAR LA AUTO-CULPABILIDAD. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10- CONOCER A LOS INDIVIDUOS MEJOR DE LO QUE ELLOS MISMOS SE CONOCEN. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el "sistema" ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

(*) Filósofo, activista, autor y analista político. Es profesor emérito de Lingüística en el MIT y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, reconocido en la comunidad científica y académica por sus importantes trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva.
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Sobre el golpe en Ecuador

Por Guillermo Almería (*)

Un motín corporativo de pocas centenas de policías de Quito fue aprovechado para intentar, sobre la marcha e improvisando, transformarlo en un golpe de Estado.

Mientras los policías, azuzados por la derecha y desinformados, protestaban contra una ley (que en realidad no los afectaba como creían) y realizaban una especie de huelga mezclada con un conato de motín, los golpistas ocuparon el aeropuerto con soldados de la Fuerza Aérea, ocuparon con un grupo de civiles la televisión pública, ocuparon la sede de la Asamblea Nacional.

Pero ni ellos ni mucho menos los policías que mantenían al presidente Rafael Correa como rehén presentaron un proyecto político, una alternativa de gobierno, ni tuvieron el apoyo movilizado de organizaciones y partidos y los policías amotinados insultaron y vejaron al presidente pero no osaron ni detenerlo ni pensaron en dispararle mientras lo retenían como rehén para tratar de negociar y a falta de otra idea mejor. Esos policías, y la derecha que los apoyaba pero que no los había organizado, querían la anulación de la ley de servidores públicos . Algunos diarios y partidos- entre ellos el partido indígena Pachakutik, que en el pasado había formado parte del gobierno de Lucio Gutiérrez- aprovecharon para pedir la renuncia de Correa y apoyaron verbalmente la huelga-motín que los tomó por sorpresa sin proponer nada, ni elecciones, ni un gobierno provisional, ni ninguna medida política.

Por eso no se puede hablar de un golpe de Estado porque nada estaba organizado ni previsto por sus protagonistas que no sabían qué hacer con Correa, si mantenerlo preso y bajo presión para negociar alguna ventaja (y una amnistía para ellos terminado el motín) o si dejarlo salir incólume, como sucedió, porque como rehén era una papa caliente en sus manos. La actitud valiente y firme del presidente bastó para acabar casi sin derramamiento de sangre con este incidente violento.

El mismo, sin embargo, puso al desnudo las debilidades del gobierno y del partido de Correa, que está dividido, así como la impotencia de la derecha que quiere derrocarlo y que se asustó ante el hecho de que la inactividad policial provocó una ola de robos y saqueos y ante la posibilidad de que la movilización inmediata de los partidarios de Correa asestase un nuevo golpe a su poder y a sus intereses, muy poco tocados por el gobierno actual.

En efecto, en el aparato estatal, el comandante del Ejército, no se sabe aún si irresponsabilidad y confusión o por cálculo político derechista, aceptó la reivindicación de los amotinados de anular la ley de servidores públicos (o, en palabras pobres, propuso ceder a 500 policías en armas y anular una ley recién aprobada por amplia mayoría, anulando de paso también a la Asamblea Nacional). Por su parte, asambleístas del partido de gobierno y hasta ministros del gabinete de Correa toman su distancia de éste y ni el gobierno ni el partido discuten con sus seguidores y con la población general el sentido de sus leyes, que prefieren imponer como hechos consumados. Las decisiones por arriba y la falta de participación popular, el decisionismo verticalista de Correa, le hacen perder aliados y lo aíslan de sectores trabajadores de las bajas clases medias, como los trabajadores de la educación o los mismos policías, a los que había beneficiado.

Si se quiere evitar un próximo golpe de Estado en serio y hasta con base indígena o popular que esté dirigido por la derecha, la llamada Revolución Ciudadana debe profundizarse y radicalizarse, golpeando a las fuerzas de derecha en el aparato del Estado y debe entablar una discusión seria, democrática y profunda con la CONAIE y el movimiento indígena, que es su aliado natural, pero del cual está ahora separado en buena medida por la confusión y el sectarismo de la dirección indígena pero también, aunque en menor medida, por su propia falta de claridad y sus torpezas.

Ejemplos de sectarismo ciego son la exigencia del Pachakutik de que el presidente renuncie, formulada en plena crisis con los policías amotinados y mientras Correa era rehén de los mismos, así como la declaración de la CONAIE sobre los acontecimientos del 30 de septiembre en Quito que pone en el mismo plano a la derecha y a los candidatos a golpistas de la derecha, y ataca sobre todo la política de Correa ignorando los intentos de aprovechar el motín policial para dar un golpe de Estado.

Con esa actitud y esas declaraciones las direcciones indígenas parecen creer que se pueden aliar con el diablo para obtener del gobierno una política ecologista consecuente y el abandono de su concepción extractivista y parecen moverse por la idea de que Correa es el principal enemigo, sin ver que si aquél cae los beneficiarios del golpe serán la oligarquía tradicional y el imperialismo.

El personalismo de Correa, por su parte, le impide intentar una política tenaz y paciente, de largo aliento, de discusión con las bases indígenas para llegar a acuerdos o, por lo menos, para dejar claros los objetivos y posiciones de ambos sectores (el de las clases medias democráticas representadas en la Revolución Ciudadana y el del movimiento indígena, heterogéneo y oscilante, pero que exige muchas reivindicaciones fundamentales).

Evidentemente se entra ahora en la fase de los castigos a los secuestradores del presidente y de limpieza de la policía y de las tendencias golpistas en las fuerzas armadas. Al mismo tiempo, es probable que Correa aproveche las movilizaciones para tratar de convocar a nuevas elecciones que limpien y renueven la Asamblea y lo plebisciten (la llamada muerte cruzada o disolución de la Asamblea junto a elecciones presidenciales). Es posible que primero trate de afirmarse con ajustes en el gobierno y el poder y sólo después busque modificar la estructura del aparato estatal.

La rapidísima intervención de UNASUR (y hasta de la OEA) en su apoyo hará vacilar sin embargo a los potenciales golpistas ecuatorianos, que están urgidos porque a fin de mes los bancos deberán ceder, por ley, sus acciones en los medios de información, que son su principal arma contra el gobierno, a lo que se agrega que Correa, aunque se estaba acercando a los sectores empresariales y mejoraba sus relaciones con Estados Unidos, sigue teniendo como talón de Aquiles la dolarización de su economía, que hace muy frágil la independencia de Ecuador y, como Chávez y Evo Morales, está siempre en la mira de la Cia y del Pentágono, que no abandonan sus deseos de replicar en los países más débiles (Ecuador, Bolivia, Paraguay) su éxito en Honduras.


(*) Periodista y analista es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO
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¿Adiós a las armas?

Por Ramzy Baroud (*)

Llamémosla Jenny. Jenny estaba sola y su expresión exteriorizaba una clara confusión. Su cara estaba sembrada de acné y su pelo, rubio y corto, se tensaba en las puntas. Cuando el tren Skyline aceleró hacia su próximo destino, se cuadró con toda su fatiga militar y sus botas mirando fijamente al infinito en la inmensidad del Aeropuerto Internacional de Dallas/Fort Worth.

Jenny no era la única soldado que regresaba de Iraq. El aeropuerto bullía de hombres y mujeres de uniforme. No parecía que allí hubiera muchos festejos esperándoles. Deslucían la escena la misma confusión e incertidumbre que han acompañado esa guerra desde el principio: confusos objetivos que iban cambiando mientras sus propios defensores en los medios de comunicación, en el gobierno, en los think tanks de derechas- empezaban a desengancharse de ellos lenta y desvergonzadamente.

Todos ellos fueron cambiando de tono y muchos empezaron a dirigir su ponzoña hacia Irán. Mientras tanto, los soldados continuaron combatiendo, matando y cayendo a montones. Tras la reciente reducción de tropas en Iraq, se esperaba que miles de soldados volvieran a casa mientras otros se encaminaban hacia Afganistán para seguir batallando, llevando con ellos sus inconcebiblemente pesados bártulos y su perenne desconcierto.

Los pobres de Estados Unidos han llevado siempre la carga de las guerras emprendidas por los ricos estadounidenses, quienes de forma descarada salen a escape para echarle el guante al botín mientras los soldados se dejan la vida, o bien se quedan con alguna que otra medalla e incontables cicatrices físicas y psicológicas.

Hasta el 22 de septiembre de 2010, al menos 4.421 miembros del ejército estadounidense han muerto en la guerra de Iraq desde su comienzo en marzo de 2003 , informaba Associated Press. Desde que las operaciones militares estadounidenses se iniciaron en Iraq, 31.951 integrantes del ejército de EEUU han resultado heridos en acciones hostiles, según el recuento semanal del Departamento de Defensa . En cuanto al recuento de las víctimas iraquíes, el número fluctúa desde varios cientos de miles a bastantes más del récord de un millón. Esta cifra no incluye a todos los que perecieron en la primera guerra de Iraq (1990-1991) o como consecuencia de las sanciones a largo plazo que la siguieron y prolongaron. Pero uno no puede culpar a Associated Press por no recoger cifras exactas. El índice de mortalidad entre los habitantes de la destrozada nación creció a tan inimaginable velocidad que las víctimas eran afortunadas si podían siquiera recibir un enterramiento adecuado.

El tren Skyline de alta velocidad se paró en la terminal A y velozmente reinició su trayecto circular. Los pasajeros bajaban y de inmediato se incorporaban nuevos usuarios. Jenny seguía en su sitio. Me recordaba a Lynndie England, la reservista del ejército que se hizo famosa por llevar a un pobre y torturado prisionero iraquí arrastrando de una cuerda. El rostro del prisionero era un testamento que expresaba todo el dolor que un ser humano podía comunicar. La cara de England era glacial mientras miraba a su cautivo con una expresión indescifrable. Más tarde se la condenó en conexión con las torturas.

Abu Ghraib era sólo un microcosmos de Iraq. Y no se ha condenado a nadie por el inmenso crimen que ha diezmado la civilización que sirvió como cuna de todas las civilizaciones. Cheney, Rumsfeld y Bush disfrutan a tope de su retiro. Quienes se inventaron las razones para la guerra contra Iraq siguen tan ocupados como siempre en sus think tanks, universidades y cadenas de los medios, dedicados ahora a tramar razones para la guerra contra Irán.

Pero puede que Jenny no responda en absoluto al tipo de Lynndie England. Quizá hizo algo de trabajo de oficina en la Zona Verde. Quizá acertó a desarrollar alguna afinidad con Iraq. Quizá incluso hizo amistad con una o dos familias iraquíes. Quizá lleva ahora en su bolso algunas fotos de un niño iraquí que se llama Hiyyat, que significa vida .

Puede que Jenny no haya cometido siquiera el más mínimo de los delitos. Puede que pensara sinceramente que su despliegue en Iraq tenía el propósito de mejorar el mundo, de proteger a EEUU de los terroristas, puede que estuviera confundida y que hubiera creído que esos ataques contra EEUU estaban vinculados con Sadam Husein. Tenía cara de adolescente, que es lo que realmente era. Le dieron un arma y le enseñaron a disparar. Le contaron no sé qué sobre democracia y sobre cómo piensan los árabes. Le prometieron que le facilitarían formación y toda una serie de ventajas. ¿Es Jenny responsable de algo de lo ocurrido en Iraq?

Ahora en las terminales B y C, Jenny no parece prestar ni la menor atención a la robotizada voz que en inglés y en español informa a los pasajeros de la próxima parada y de cuándo deben apearse del tren.

¿Cuándo fue que enviaron a Jenny a Iraq? ¿Estaban tan claros como ahora los desastres creados por la guerra? Quienes dirigen las guerras prometen siempre que el mundo va a ser un lugar mejor una vez que las armas se silencien, se entierren los muertos y los daños colaterales sean convenientemente justificados y olvidados. Pero, al menos en lo que a esta guerra se refiere, el mundo no se convertido en absoluto en un lugar mejor. Ni la región del Oriente Medio ni EEUU son en modo alguno escenarios más seguros. En realidad, el mundo entero es mucho más peligroso ahora. La guerra se provocó a partir de falsas promesas, pruebas tramadas y todo un sinfín de falsedades. Se creó caos, se tramaron y fomentaron divisiones sectarias, se lanzó a gobiernos y pueblo unos contra otros. Por supuesto aunque son los iraquíes quienes han pagado, y de lejos, el precio más descarnado, la guerra es también un importante componente en la actual crisis que sepulta a Estados Unidos: división política interna, perdida de dirección de la política exterior en el extranjero, recesión económica, que golpeó primero a nivel nacional y después internacionalmente, entre otras muchas manifestaciones.

La guerra no ha acabado, y una guerra aún más antigua se está atizando convenientemente. A Jenny, ahora en casa, se le dirá que las cosas están muy mal. Que es muy difícil encontrar un empleo. Que las posibilidades de tener una vida digna en EEUU han disminuido notablemente desde que ella se unió al ejército, sin que importe el momento en que lo hizo. El ejército, después de todo, podría ser su mejor posibilidad de hacerse una vida.

¿Dónde estará ahora Jenny? ¿Habrá regresado a Iraq, quizá, bajo una misión con un título diferente? ¿Operación Nuevo Amanecer?

En la última terminal, la D, Jenny sigue en el mismo sitio. Ahora, hasta el último pasajero deberá desembarcar, porque el tren Skyline de alta velocidad está a punto de reiniciar su trayecto circular. ¿Adónde irás, Jenny? Después de todo, esa es tu elección.


(*) Columnista internacionalmente reconocido y editor de PalestineChronicle.com. Su libro más reciente es My Father Was a Freedom Fighter: Gaza s Untold Store (Pluto Press, London), Publicado en www.counterpunch.org/baroud10012010.html
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La revolución "europea en su aniversario

Por Rafael Poch (*)

Hace veinte años, Alemania y Europa dejaron pasar una ocasión histórica para hacer las cosas un poco mejor.

Los alemanes llaman "pacífica revolución" al proceso que concluyó en la reunificación nacional de 1990. Aquel hito de la historia europea puso fin a un drama nacional y a una anomalía continental: la separación de seres humanos y parientes de una misma nacionalidad por razones de Estado, la división de una gran nación que se unificó a finales del XIX, en 1871, y la ausencia de libertades esenciales. Es natural que veinte años después de 1990, muchos alemanes celebren aquella normalización nacional, porque hay motivo, e incluso que se haga leyenda de ella.

Los alemanes, especialmente los del Este que fueron los únicos que ejercieron su ciudadanía frente al Estado, pueden sentirse orgullosos de muchas cosas. Pueden sentirse orgullosos, y esto hay que decirlo bien alto, de que su dictadura cayera sin disparar, lo que fue un mérito tanto de los gobernados como de los gobernantes. Podía haber habido un Tiananmen en Leipzig, Dresde o Berlín Este, y no lo hubo.

Pero veinte años son ya un plazo considerable para hablar con cierta sobriedad y distancia de las cosas, y más allá de las leyendas, la simple realidad es que el magnífico movimiento social de los alemanes del Este, que la perestroika soviética puso en marcha y que determinó que las autoridades de la RDA abrieran el muro y accedieran a la quiebra de su régimen pacíficamente, contribuyó a una Europa más capitalista, conservadora, e incluso militarista en un sentido no de guerra fría sino de intervencionismo "caliente".

Podía haber sido de otra forma, pero el caso es que tal como se hizo, la reunificación esquivó todos los escenarios que podían haber hecho a Europa más social, más independiente y más moderna desde el punto de vista de su contribución a un mundo viable, es decir más alejado de la guerra y del imperio. Eso también fue responsabilidad compartida de gobernados y gobernantes.

Paisajes floridos

Pasada su gesta instantánea que derribó la dictadura, el movimiento del Este no fue capaz de formular, y mucho menos de presionar para intentar realizar, un programa político, más allá del inicial "somos el pueblo" y del siguiente "somos un pueblo". Los disidentes e intelectuales de Alemania del Este no tenían, obviamente, experiencia política -la gran diferencia con los polacos curtidos por una larga tradición de resistencia activa- y no fueron capaces de proponer nada sólido a una población que se rindió a lo que el posteriormente Ministro del Interior Otto Schily designo como "los plátanos" ("Bananen"): las luces y expectativas de una rápida mejora material, hábil y rápidamente cocinadas por los veteranos políticos de la derecha empresarial de Bonn. Esa expectativa fue lo que determinó la victoria de la derecha en las primeras elecciones libres de la RDA de marzo de 1990.

El entonces Canciller alemán, Helmut Kohl, prometió a los alemanes del Este "paisajes floridos"(blühenden Landschaften) y los realizó en un primer momento, por lo menos en la imaginación, al establecer en mayo la paridad 1-1 entre el deusche mark y el marco del Este para ahorros de 6000 marcos (una fortuna en la RDA, y dos meses de sueldo de periodista de la RFA de entonces) y de 1-2 para patrimonios más altos. Los alemanes del Este se sintieron como si les hubiera tocado la lotería. En aquella euforia cargada de promesas de abundancia, se disolvieron los programas y discursos, mayoritariamente verdes y socialistoides, que manejaban sus líderes civiles, escritores, intelectuales y disidentes.

Recordemos que el "Neues Forum" abogaba por una "fuerte participación de los trabajadores", la Initiative für Frieden und Menschenrechte" quería, "estructuras descentralizadas y autogestionadas", la "Vereinigte Linke" proponía un "control colectivo de los trabajadores sobre las empresas y la sociedad" y hablaba de una "socialización de verdad" en lugar de la "socialización formal-estatista", y que el SPD del Este decía cosas semejantes. El gobierno de transición de la RDA creó una institución fiduciaria ("Treuhandanstalt) en cuyas manos se puso la administración de toda la propiedad del país con la misión de "mantenerla para el pueblo de la RDA".

Todo eso fue barrido por las elecciones, y, dos meses después, en junio de 1990, el primer gobierno electo del país, ya dominado por los satélites de la CDU de Helmut Kohl, convirtió el Treuhandanstalt en un aparato para la privatización, vía restitución (a antiguos propietarios) o venta, de la propiedad pública. Una posibilidad de tercera vía socializante, fue convertida, sin la menor consulta social, en mera restauración del orden anterior a la existencia de la RDA mediante la privatización del patrimonio nacional. En esa restauración los alemanes del Este, antiguos teóricos coopropietarios del pastel, fueron excluidos y desposeídos, lo que Schily calificó de "gigantesca expropiación".

Para 1994, 8000 empresas del Este ya estaban en manos de "inversores privados" del Oeste, habían sido cerradas o adquiridas a precio de ganga, y 2,5 millones de alemanes del Este se habían quedado sin trabajo, porque el tejido industrial de su antiguo país había desaparecido.

La Alemania que no pudo ser, se cambió por los plátanos, por la garantía inmediata de un consumo resplandeciente. El escritor Ingo Schultze dice que, "hubo una oferta maravillosa que se impuso sobre cualquier consideración crítica".La escena recuerda a la de aquellos blancos coloniales que cambiaban collares de cuentas y espejitos, por oro y marfil a los primeros nativos africanos. La economía alemana aun arrastra algunas serias consecuencias de aquello. La sociedad también: el amargo sentimiento de desposesión y desencanto que expresa aun hoy una parte considerable de los alemanes del Este, es resultado... Pero la jugada de una reunificación sin fisuras para la derecha triunfó. Y de eso se trataba.

La posibilidad de una nueva Alemania, con una nueva constitución que aboliera la vigente prohibición de huelga política o la existencia de una policía política en el oeste, el BFV, una Alemania sin tropas americanas y sin pertenencia a la OTAN -lo que habría acabado definitivamente con ésta organización y con la subordinación histórica de Europa a Washington- y que abriera la puerta a nuevo "Modell Deutschland" con determinadas concesiones del capital a un orden más social en la nación a cambio de la reunificación nacional, todo eso, se arrojó como un anillo al agua.

La cuestión fundamental de toda revolución es la cuestión de la propiedad. Para valorar las revoluciones europeas de 1990, hay que fijarse en lo que pasó con ella. A tenor de los resultados socio-económicos del movimiento social alemán oriental de 1989/1990, es obvio que no se puede hablar de "revolución", sino más bien de un intento fallido de reforma que siguió a una exitosa quiebra de dictadura que no habría tenido lugar sin el sorprendente cambio en el centro imperial (Moscú). Sin llegar a niveles rusos, las "privatizaciones" en Europa del Este dispararon el robo, la especulación y la desigualdad en todo el continente hasta niveles desconocidos, incluso en Alemania, donde el número de millonarios aumentó un 40% en el oeste del país tras la reunificación.

Nuevo-viejo orden europeo

En el orden exterior, para Estados Unidos lo único importante de la reunificación era que, "Alemania siguiera en la OTAN porque de esa forma la influencia de América en Europa quedaba garantizada". Así lo afirma Condoleezza Rice, que entonces era consejera de la Casa Blanca para el tema alemán, en su entrevista de esta semana con Der Spiegel. Rice repite este punto en seis ocasiones, dejando bien claro que ese era el tema central de la jugada. "Lo que no fuera eso habría equivalido a una capitulación de América", dice. Kohl sabía que garantizándoles la continuidad de la OTAN tendría a los americanos de su parte. Respecto a los soviéticos, simplemente, no tenían una política para sacarle partido a su histórica retirada de Europa central/oriental, de la que Alemania era el centro. Como explico en mi libro sobre la transición rusa, en Moscú se propició una "quiebra optimista del orden europeo".

La retirada soviética fue espléndida en su sentido general, un ejemplo de ocaso imperial voluntario y pacifico, pero también completamente fallida en su negociación, a causa del optimismo intrínseco de Gorbachov y de la ausencia de concepciones, o de voluntad para negociarlas en serio como en el caso de la "casa común europea", con un sistema de seguridad unificado "de Lisboa a Vladivostok", etc. Con los soviéticos en ese estado, digamos ingenuo, y los americanos asegurados en su única preocupación, las reticencias de franceses, polacos o británicos a la reunificación, fueron pan comido para Kohl.

La mayoría de los alemanes, del Este y del Oeste y esto lo reconoce el propio Kohl en sus memorias- preferían una Alemania fuera de la OTAN. Las encuestas de febrero de 1990 otorgaban un apoyo del 60% a ese escenario. Ni Moscú, ni las fuerzas políticas alemanas jugaron con eso y la ocasión se perdió. La consecuencia fue una guerra en Yugoslavia, cuyo sentido esencial fue dar razón de ser a una OTAN en paro, y ahora Afganistán, donde la mayoría de las naciones europeas están colaborando miserablemente en una criminal necedad imperial carente de toda perspectiva. La inercial participación militar europea en Afganistán, contrasta mucho con la soledad que Washington conoció en la Europa de los sesenta y setenta durante la guerra de Vietnam, cuando hasta el Reino Unido se negó a enviar tropas.

Algunos historiadores describen a Alemania como el país de las revoluciones fallidas por excelencia. Con su gloriosa reunificación de 1990, el país hizo honor a esa tradición. La reunificación tuvo lugar, pero su vector popular no impuso ningún cambio significativo de futuro en la nueva realidad, y se dejó secuestrar por la derecha y los poderes fácticos del oeste cuyo programa era una restauración. El resultado de la anexión del Este, tanto a nivel alemán como continental, fue un más de lo mismo.

Todo el Este de Europa (excepto la Yugoslavia no alineada, lo que explica mucho por qué se promocionó desde fuera la desintegración nacional, que, desde luego, también tenía claros factores internos) siguió la misma pauta: por un lado las sociedades se liberaron y normalizaron en muchos aspectos, un bien indiscutible, pero el precio fue una hegemonía de las fuerzas conservadoras y una continuidad del orden subordinado posterior a 1945, ahora con una sola potencia, que explican mucho del lamentable aspecto que ofrece nuestro continente veinte años después.

Privado del espantajo del "comunismo", en Europa el sistema se hace más brutal y desinhibido. Si de él sólo dependiera, nos llevaría de regreso, y de un tirón, al siglo XIX en lo social y lo político (lo uno no va sin lo otro), prohibiendo el derecho de huelga, convirtiendo en aun más caricaturesco el actual pluralismo y regresando a viejas enfermedades europeas, que hoy asoman por doquier al calor de la crisis: racismo, desprecio del débil, egoísmo social...

Es verdad que podría haber sido peor, y no por casualidad hemos empezado con eso, pero también lo es, y eso es lo que importa de verdad de cara al futuro, que Alemania y toda Europa dejaron pasar, hace veinte años, una ocasión histórica para hacer las cosas algo mejor.

(*) Periodista.

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lunes, 11 de octubre de 2010

Celebremos la revolución, pero: ¿cuál revolución?

Un pequeño texto de David Martínez para la Revista Luxe & Class sobre el Centenario de la Revolución.

Hace cerca de un año, Sabino Bastidas, célebre politologo, se hacia una serie de preguntas sobre la revolución mexicana que valen la pena retomar ahora que finalmente llegó el Centenario. ¿Ya acabó la revolución mexicana? ¿Qué fue de ella? ¿Cuánto duró? ¿Cuándo acabó? ¿Y si ya acabó, por qué sigue siendo meta, bandera y discurso de partidos y grupos políticos? ¿Por qué subsisten los partidos revolucionarios? ¿Por qué aparecen Ejércitos zapatistas? ¿Por qué existen movimientos revolucionarios? ¿Acabó bien la revolución? ¿Logró su cometido? ¿Lo tenía? ¿Cuál es el saldo? ¿Fue una revolución exitosa? ¿Se agotó la revolución? ¿Se cansó? ¿Se gastó? ¿Por qué hay tanto nostálgico de la revolución? ¿Quedó algo pendiente? ¿Qué hacemos hoy con la revolución mexicana?

Son preguntas incómodas, todas ellas políticamente incorrectas, pues en un país educado para venerar la revolución, es herejía no sólo pensarlas, sino plantearlas a ronco pecho. La revolución mexicana es una especie de tabú colectivo. Cuestionarla y revisarla, a pesar de la alternancia del 2000, sigue siendo algo molesto e irreverente. Pero no faltaríamos el respeto a la Historia nacional si decimos que, en realidad, es claro que tenemos dos revoluciones: la primera, la revolución como hecho histórico en sí, y la otra, quizá la más visible y clara, es aquella que se volvió mito para generar una simple construcción ideológica. Es decir, para sostener lo que hoy es el sistema político nacional.

En esta hora del centenario, decir que nunca tuvimos una revolución mexicana como tal es casi un insulto. Pero lo cierto es que tuvimos una narrativa que trató de explicar muchas pequeñas rebeliones regionales y dispersas, en la idea de una gran revolución mexicana. La revolución mexicana es una construcción intelectual posterior, es Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Juan Rulfo, Martín Luis Guzmán, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Daniel Cosío Villegas y hasta Jesús Reyes Heroles. Pedazos de un rompecabezas por armar. Sus logros, que los tuvo y muchos, fueron sepultados por el afán de perpetuarse en el poder sin romper con el principio, que Porfirio Díaz anunció a la muerte de Juárez y que Madero después retomó: Sufragio Efectivo, No Reelección y por el gran componente del sistema, tal como lo menciona Gabriel Zaíd: la corrupción.

Por eso, se admite que la revolución sea un híbrido de adjetivos, como si la mentada palabra fuese una estampita en un álbum, que quitamos y pegamos según sea la última moda: nacionalista, después constitucionalista, agrarista, a ratos obrerista y por momentos socialista, un largo tiempo institucional y, al fin y al cabo, hasta democrática. Pero, tristemente, la nuestra fue una revolución que no logró su anhelo: acabar con la desigualdad.

Nuestra revolución surgió con todas las causas, pero no fue capaz de resolver completo ningún problema. Sostiene Peter Calvert, uno de los clásicos del estudio de las revoluciones, que la diferencia entre rebelión y revolución radica en su destino, el triunfo. La revolución gana mientras que la rebelión fracasa. ¿Por qué hablamos de la revolución mexicana? ¿Quién ganó la revolución mexicana, Zapata, Villa, Carranza? Nadie habla de que todos estos personajes fueron abatidos por Obregón (aquel que decía que Porfirio Díaz tuvo el defecto de envejecer) y de que el mismo Obregón fue abatido en una disputa que favoreció a Plutarco Elías Calles, su subalterno. Los distintos planes que surgieron de ella (el de Ayala, el de San Luis, el de la Empacadora, el de la Ciudadela, el de Guadalupe, el de Agua Prieta), ¿dónde quedaron? ¿Los pueblos superan etapas y ciclos históricos? Parece que, en México, no.

Fijémonos, por ejemplo, en la dimensión de la tragedia: los muertos de la revolución. Nadie habla de ellos ni del hecho de que el país en 1910 tenía cerca de 20 millones de habitantes y para 1920 esa cifra se había reducido hasta los 13 millones. ¿Dónde quedaron siete millones de compatriotas? No importa en realidad, nunca han importado. Fueron a dar a un mismo sitio: tanto los muertos en la campaña como los muertos en la cantina, llegaron al altar de la revolución: los libros de texto y los discursos políticos del regimen de turno. Tenemos una revolución mítica, que todo lo hizo y que todo lo pudo. Una revolución perpetua, inacabada, que perdió el rumbo y el proyecto. La ironía: los grandes perdedores de la revolución son, ahora, los encargados de celebrar su Centenario.

Queda una última pregunta: ¿los mexicanos hemos superado la etapa revolucionaria? Por supuesto que no. La revolución sigue siendo instrumento y objeto de propaganda política. Además, sigue siendo una ruta crítica y una opción política para muchos mexicanos. Quizá sentimos pena, como dice el Maestro Bastidas, al darnos cuenta de que montamos todo un tinglado revolucionario en el que al final -como en el cuento de Monterroso- cuando nos levantamos la pobreza y la desigualdad todavía estaban aquí.