martes, 18 de enero de 2011

40 años de Neoliberalismo

Por Marshall Auerback (*)

Un asiduo lector de New Deal 2.0 plantea una aguda cuestión: "Hay una cuestión que no consigo responder nunca. Muchos expertos dicen que la ideología neoliberal se abrió paso en los 80 con Reagan, Thatcher y la escuela de Chicago. Pero sigo sin entender qué hizo posible tal giro en la economía política. ¿Qué elementos, qué nuevas fuerzas en los 80 pueden explicar ese cambio ideológico y las desigualdades que le siguieron?"

Asuntos, todos, muy dignos de exploración, y yo desde luego no puedo hacerles justicia en una respuesta de dos líneas más que recomendando el soberbio libro de Yves Smith Econned. El libro proporciona una excelente explicación histórica del modo en que unas teorías de todo punto infundadas pero ampliamente aceptadas llevaron a la práctica de políticas que generaron el actual estado de cosas. También ilumina la capacidad de esas filosofías para resucitar incluso cuando se acumulan pruebas concluyentes contra ellas.

Documenta no sólo la creciente degradación de los economistas profesionales neoclásicos (y su concomitante tendencia a reducir la suma de la experiencia humana a una serie de ecuaciones matemáticas), sino también la manera en que fundaciones muy bien financiadas subvencionaron a universidades y think tanks que, a su vez, legitimaron y validaron esas filosofías charlatanescas. La idea de que los gobiernos democráticamente elegidos deben servirse de políticas fiscales discrecionales para contraestabilizar las fluctuaciones del ciclo del gasto no-público llegó a ser vista como algo muy cercano al socialismo.

Los poderes que toman decisiones políticas fueron puestos gradualmente en manos de un cuerpo políticamente incareable de tecnócratas neoliberales que pontificaban sobre las limitaciones de los gobiernos y reforzaban las posiciones fiscalmente procíclicas, es decir: reforzaban la contracción discrecional cuando los estabilizadores automáticos llevaban a grandes déficits presupuestarios como resultado de la débil demanda no-pública.

Ese cambio en nuestras políticas públicas fue acompañado por toda una toma de control de los juristas en una larga marcha a través del poder judicial. Fue un esfuerzo, patrocinado por las grandes empresas, centrado exclusivamente en el asunto de la desregulación, y culminó con un esfuerzo titánico para abrogar las reformas del New Deal, yugular el poder de los sindicatos y atar corto al gobierno (salvo en materia de defensa, huelga decirlo, que desplegó su propio y formidable ejército de lobistas).

Responder a la cuestión planteada por nuestro lector pasa por reconocer que este ha sido un proceso que ha durado décadas y que ha venido acompañado de enormes sumas de dinero y un vasto ejército de fuerzas empresariales, jurídicas y políticas empeñado en frustrar cualquier alternativa progresista. Ha acontecido en un trecho de tiempo de 40 años. Regulación y supervisión laxas; una creciente desigualdad que llevó a las familias a endeudarse para mantener el nivel de gasto; codicia y exhuberancia irracional y liquidez global excesiva: todos esos son síntomas del problema.

¿Pero cómo empezó todo? El análisis que realizó al final de su vida el gran economista Hyman Minsky es particularmente potente, porque permite ver esos cambios desde una vasta perspectiva histórica. Minsky llamó a la situación salida de la II Guerra Mundial "capitalismo paternalista".

Se caracterizaba por un "Tesoro público enorme" (cuyo gasto equivalía al 5% del PIB) dotado de un presupuesto que oscilaba contracíclicamente a fin de estabilizar el ingreso, el empleo y los flujos de beneficios; una Reserva federal a modo de "enorme banco" que mantenía bajos los tipos de interés e intervenía como prestador de último recurso; una amplia variedad de garantías estatales (seguro de depósitos, respaldo público implícito al grueso de las hipotecas); programas de bienestar social (Seguridad Social, Ayuda a las familias con hijos dependientes, Medicaid y Medicare); estrecha supervisión y regulación de las instituciones financieras; y un abanico de programas públicos para promover la mejora de los ingresos y la igualdad de riqueza (fiscalidad progresiva, leyes de salario mínimo, protección para el trabajo sindicalmente organizado, mayor acceso a la educación y a la vivienda para las personas de bajos ingresos).

Además, el Estado jugaba un papel importante en materia de financiación y refinanciación (por ejemplo, la Corporación pública para financiar la reconstrucción y la Corporación pública para el crédito y la compra de vivienda) y en la creación de un mercado hipotecario moderno para la compra de vivienda (basado en un préstamo de tipo fijo amortizable en 30 años) sostenido por empresas patrocinadas por el Estado.

Minsky reconoció el papel jugado por la Gran Depresión y la II Guerra Mundial en la creación de unas bases para la estabilidad financiera. En palabras de Randy Wray:

"La Depresión pulverizó y aventó el grueso de los activos y los pasivos financieros: eso permitió a las empresas y a los hogares salir con poca deuda privada. El ciclópeo gasto público durante la II Guerra Mundial creó ahorró y beneficio en el sector privado, llenando los libro de contabilidad con saneada deuda del Tesoro (60% del PIB, inmediatamente después de la Guerra).

La creación de una clase media, así como el baby boom, mantuvieron alta la demanda de consumo y alimentaron un rápido crecimiento del gasto público de los estados federados y de los municipios en infraestructura y en servicios públicos deseados por los consumidores metropolitanos. La elevada demanda de los entes públicos y de los consumidores trajo a su vez consigo el que pudiera cubrirse el grueso de las necesidades de las empresas en punto a financiar el gasto interno, incluida la inversión.

Así, durante las primeras décadas que siguieron a la II Guerra Mundial, el 'capital financiero' desempeñó un papel inusualmente menor. El recuerdo de la Gran Depresión generó reluctancia al endeudamiento. Los sindicatos presionaban, y a menudo obtenían más y más compensaciones, lo que permitió el crecimiento de los niveles de vida, financiados en su mayor parte sólo con los ingresos."

En la década de 1970 todo eso empezó a cambiar, como bien se explica en Econned. El gasto público comenzó a crecer más lentamente que el PIB; los salarios ajustados a la inflación se estancaron a medida que los sindicatos perdían poder; la desigualdad arrancó a crecer y las tasas de pobreza dejaron de caer; las tasas de desempleo se dispararon; y el crecimiento económico se ralentizó.

En los 70 asistimos también a los primeros esfuerzos sostenidos para escapar a las restricciones puestas por el New Deal a medida que las finanzas respondían para aprovechar las oportunidades. Tras el desastroso experimento monetarista de Volcker (1979-82), muchos de los viejos vestigios del sistema bancario establecido por el New Deal fueron arrasados.

El ritmo de innovaciones se aceleró a medida que fueron adoptándose muchas prácticas financieras nuevas para proteger a las instituciones del riesgo de la tasa de interés. A despecho de todas las apologías hechas de los años de Volcker al frente de la Reserva federal, lo cierto es que sus políticas de tipos de interés altos sentaron las bases del actual sistema financiero basado en el mercado, incluidas la titulización hipotecaria, la innovación financiera en forma de derivados para cubrir el riesgo de los tipos de interés, así como muchos de los vehículos financieros "extracontables" que han proliferado en las dos últimas décadas.

Se legisló para crear un tratamiento fiscal mucho más favorable a los intereses, lo cual, a su vez, estimuló las compras apalancadas para substituir activos por deuda (con la toma de control empresarial financiada con deuda que sería servida por los futuros flujos de ingresos de la empresa así controlada).

Los excedentes presupuestarios de los años de Clinton otro ejemplo de ascendencia de una filosofía neoliberal que huyó de la política fiscal y determinó la primacía de la política monetaria restringieron la demanda agregada, encogieron los ingresos y crearon una mayor dependencia respecto de la deuda privada como medio de sostener el crecimiento y los ingresos. Eso se vio claramente facilitado por innovaciones que ampliaron el acceso al crédito y cambiaron las criterios de las empresas y de los hogares respecto al nivel del endeudamiento prudente. El consumo llevaba la batuta, y la economía volvió finalmente a los rendimientos de los años 60. Regresó el crecimiento robusto, ahora alimentado por el déficit del gasto privado, no por el crecimiento del gasto público y el ingreso privado. Todo eso llevó a lo que Minsky llamó el capitalismo de los gestores del dinero.

Tal es el contexto histórico básico. Pero ha venido desarrollándose desde hace cerca de 40 años. Y esa es probablemente una respuesta que va más allá de lo que nuestro amable lector quería, pero su cuestión no es de las que se deja responder lacónicamente.


(*) Reconocido analista económico, investigador veterano del prestigioso Roosevelt Institute, colabora regularmente con New Economic Perspectives y con NewDeal2.0.
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¿Dónde está la izquierda?

Por Joaquim Sempere (*)

Durante decenios, el monopolio de la ideología neoliberal ha sido casi absoluto en los medios de difusión, pero después del estallido de la crisis económico-financiera iniciada en 2007 se han difundido diagnósticos y alternativas a la misma con una nitidez sorprendente.
Hace tiempo que no se hablaba tan claro públicamente de estos asuntos. Los propios portavoces del neoliberalismo han optado por la discreción y el perfil bajo ante el fracaso de sus fórmulas y previsiones. Pero la claridad y difusión de los mensajes sobre la injusticia y la peligrosidad del capitalismo neoliberal no se traducen en iniciativa ideológica ni política.

Y mientras callan los portavoces del poder, los amos siguen con el business as usual [negociar por encima de todo], como lo ilustran los ataques especulativos contra países enteros y contra los derechos sociales y laborales de la ciudadanía, sobre todo al percatarse de que no hay apenas resistencia.

Los partidos llamados socialistas han seguido su tónica habitual de plegarse a las exigencias del gran capital internacional, tras haber contribuido con ahínco al desguace de los mecanismos políticos de intervención y reglamentación de la economía en todas partes, de modo que no queda más opción que girarse hacia la izquierda. Pero ¿qué se observa en este espacio político?

Por un lado, una escasa capacidad para atraer votos, unida en muchos casos a la fragmentación. Si se suman los votos de las fuerzas alternativas potenciales, no pasan normalmente del 10%. A los restos de pasadas divisiones (comunistas tradicionales, eurocomunistas, trostkistas), se suman fuerzas nuevas (Parti de Gauche y Gauche Unitaire en Francia, Die Linke en Alemania). En algunas de estas fuerzas nuevas, como en Die Linke, es importante la presencia de disidentes del partido socialista y de algunos sindicatos mayoritarios, con arraigo en sectores de trabajadores.
Se da, además, otra circunstancia grave: la convergencia de rojos y verdes, que pareció cristalizar años atrás, entró en crisis en muchos países. La expresión más visible de esta crisis fue el proceso degenerativo experimentado en Alemania por Die Grünen con motivo de su colaboración con el SPD en el Gobierno federal. Los partidos verdes realmente existentes, y no sólo en Alemania, son hoy una amalgama poco coherente, y en muchos casos no se puede dar por descontado que adopten posiciones sociales de izquierda en los conflictos por venir. El viraje a la derecha de las sociedades europeas no afecta sólo a los partidos socialistas, sino también a los verdes.

Hay, no obstante, un programa implícito que viene siendo formulado desde muchos lugares y que podría ser suscrito por un amplio sector de la opinión pública, en España y en la UE: eliminación de los paraísos fiscales, reforma fiscal hacia la progresividad perdida, tasa sobre las operaciones financieras contra la especulación, homologación de la presión fiscal y de la legislación laboral en toda la UE, intervención pública de los bancos para proteger los ahorros y facilitar créditos a la economía productiva, reducción del gasto en armamento, inversiones masivas en materia de sostenibilidad ambiental (lo que se llama New Deal verde: energías limpias y renovables y técnicas ecológicamente sostenibles), defensa de los derechos sociales y en particular del Estado del bienestar, igualdad de género, lucha masiva contra la pobreza y la exclusión, considerar la inmigración como una oportunidad y no una amenaza.

En torno a estos objetivos se pronuncian muchas voces, desde la izquierda radical hasta sectores de la socialdemocracia (como la Fundación Alternativas por boca de Nicolás Sartorius) y de los sindicatos mayoritarios, de tendencia moderada; desde viejos y nuevos comunistas hasta ecologistas.

En el Parlamento europeo están Los Verdes/Alianza Libre Europea, que agrupa hoy 32 partidos de 29 países, y la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, que agrupa 27 organizaciones de 21 países. En estos momentos, los Verdes tienen 55 diputados y la Izquierda, 35. Estos diputados, que representan el 12,2% del total, comparten los objetivos mencionados y podrían ser un referente importante en cada país para dar la batalla en toda Europa.

Pero, para que todo esto se plasme en iniciativa política, hace falta una voluntad unitaria que catalice la acción de los partidos y organizaciones políticas de cada país. Y no sólo esto: más allá de las organizaciones políticas representadas en las instituciones existe una izquierda social multifacética, en la que tenemos grupos políticos extraparlamentarios, sindicatos, asociaciones de vecinos, ateneos y centros culturales, así como redes asociativas varias, incluidas las redes virtuales. ¿Cómo hacer para que toda esta galaxia luche unida contra el neoliberalismo y permita salir de la crisis con el menor daño posible para las clases populares?

Seguramente habría que ponerse de acuerdo en un programa de mínimos como el aquí esbozado y dejar aparcadas las diferencias, así como los prejuicios, las rivalidades, las desconfianzas, los personalismos y los dogmatismos. Si no se comprende que la izquierda verde está gravemente debilitada y acosada y que sin unión todo será en vano, se frustarán las aspiraciones de millones de ciudadanos europeos que vemos con impotencia la marcha hacia el desastre.


(*) Profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona.
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Una guerra para salvar la OTAN

Por Gareth Porter (*)

La guerra contra la insurgencia en Afganistán es vital para la seguridad de los propios estados combatientes, sostiene el comando de la OTAN en ese país. Pero parece que es más importante para salvar la existencia de la propia alianza militar. La OTAN (Organización del Tratado de la Alianza del Norte) desempeñó un papel central en Afganistán debido a la influencia de funcionarios de Estados Unidos en su estructura, según una fuente militar estadounidense que no quiso dar su nombre.

"Su papel en Afganistán tiene más que ver con la alianza militar que la situación en ese país de Asia central, dijo la fuente a IPS.

La OTAN tiene actualmente 140.000 efectivos desplegados en Afganistán, 100.000 estadounidenses y el resto de algunos de los 26 países europeos y Canadá que completan la alianza militar.

Su destacada participación se debe a que el gobierno de George W. Bush (2001-2009) no quería tener efectivos en allí que pudieran interferir con sus planes de controlar a Iraq.

El general James Jones, Comandante Aliado Supremo de 2003 a 2005, insistió mucho para que la OTAN tuviera el principal papel en materia de seguridad en Afganistán, según el funcionario.

"Jones le vendió al entonces secretario (ministro) de Defensa, Donald Rumsfeld, la entrega de Afganistán a la OTAN", apuntó, y añadió que lo hizo con todo el apoyo de funcionario del Pentágono con responsabilidades en la estructura de la alianza.

Jones reconoció en entrevista con el servicio de prensa de las fuerzas estadounidenses en octubre de 2005 que la OTAN se esforzaba por no volverse irrelevante tras la disolución de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, que reunió a los países del ex bloque del este para contrarrestar a la alianza militar de Occidente.

Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington le dieron a la OTAN una nueva oportunidad para demostrar su relevancia.

Los aliados se opusieron a la guerra de Iraq, pero querían demostrar su apoyo a la estabilización y reconstrucción de Afganistán.

Jones instó a los miembros de la alianza a que enviarán efectivos a Afganistán. Su postura coincidió con los intereses de las autoridades civiles y militares de la OTAN y con la cúpula castrense de los países miembro.

Pero el problema es que la opinión pública en los estados integrantes de la OTAN estaba cada vez más en contra de involucrarse en Afganistán.

Para que los países miembro accedieran a enviar efectivos a ese país entre 2003 y 2005, Jones les aseguró que sólo actuarían después de que Estados Unidos hubiera derrotado al movimiento islamista Talibán.

"No hay ni que pensar que habrá una insurrección como la de Iraq. Simplemente no ocurrirá", aseguró Jones en agosto de 2004, tras una visita a Afganistán.

Con las garantías de Washington y Jones, en septiembre de 2005, los ministros de Defensa de la OTAN acordaron formalmente que la alianza asumiera el comando sur de Afganistán al año siguiente.

Pero de inmediato hubo discrepancias entre Estados Unidos y los países de la OTAN.

Alemania, Canadá, Gran Bretaña y Holanda vendieron la misión en el país asiático a sus ciudadanos como de "mantenimiento de la paz" o "reconstrucción" y no como de contrainsurgencia.

Cuando el gobierno de Bush quiso mezclar los comandos de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán, algunos aliados clave rechazaron la propuesta debido a que sus misiones eran diferentes.

Francia, por su parte, estaba convencida de que el gobierno de Bush utilizaba a los efectivos de la OTAN para llenar el vacío dejado por los soldados de Estados Unidos trasladados de Afganistán a Iraq, una guerra a la que se oponían los aliados.

Los miembros de la OTAN fueron aprobando uno tras otros "salvedades" que restringían severamente la actuación de sus efectivos en combate en Afganistán.

Pero la inteligencia estadounidense informó que la insurgencia aumentaría y se intensificaría en la primavera de 2006.

Los debates públicos sobre la participación de efectivos de la OTAN sugieren "la existencia de una debilidad política de" la alianza, advirtieron el general Karl Eikenberry y el embajador Ronald E. Neumann,

En 2005, Eikenberry fue comandante de todos los efectivos de Estados Unidos en Afganistán. Neumann publicó en 2009 sus memorias sobre la misión en ese país asiático.

Eikenberry reconoció también que las tácticas más ofensivas del Talibán eran "una señal de debilidad", pese a haber asegurado que la insurgencia estaba bajo control.

No hay señales de que la situación en Afganistán se torne como la de Iraq, indicó Eikenberry al ser consultado sobre esa posibilidad.

Pero unas semanas después, el Talibán lanzó la mayor ofensiva desde su expulsión en 2001, apoderándose de las provincias de Helmand, Kandahar y varias otras del sur.

Claramente bajo las órdenes de Rumsfeld, Eikenberry mantuvo la política de entregar el sur de Afganistán a la OTAN a mediados de 2006. Al año siguiente fue compensado y enviado a Bruselas como vicepresidente del comité militar de la alianza.

Eikenberry reconoció en febrero de 2007 ante el Congreso legislativo que la política de delegar Afganistán a la OTAN sólo era en beneficio de la propia alianza.

El funcionario arguyó que el fracaso de Afganistán podía "quebrar" a la OTAN, en tanto calificó su nuevo papel en ese país como uno que podía salvarla.

"La campaña de Afganistán es una forma de continuar la transformación de la OTAN", sostuvo.

La misión en ese país "puede significar el comienzo de los esfuerzos sostenidos de la OTAN para poner a punto prácticas operativas en todos los ámbitos", señaló Eikenberry. Además, indicó que la alianza podía aprovechar el despliegue de efectivos en Afganistán para urgir a los miembros de hacer una "modernización militar".

La OTAN fue un desastre absoluto en Afganistán, escribió el general canadiense Rick Hillier, quien comandó las fuerzas de la alianza en ese país, de febrero a agosto de 2004, en sus memorias "A Soldier First" (un soldado primero), publicadas en 2009.

Además señaló que cuando aceptó formalmente la responsabilidad de Afganistán en 2003, la OTAN "no tenía estrategia ni articulación clara de lo que quería lograr" y que su actuación era "desastrosa".

La situación se "mantuvo sin cambios" tras varios años de presencia en Afganistán, indicó Hillier, quien fue jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas canadienses entre 2005 y 2008. La OTAN había "tomado un rumbo que destruyó gran parte de su credibilidad y terminó por erosionar el apoyo popular en cada uno de los estados miembro", apuntó.

"Afganistán mostró que la OTAN llegó al punto de ser un cuerpo en descomposición", indicó Hiller.


(*) Historiador y periodista de investigación especializado en la política de seguridad nacional de Estados Unidos. Su último libro, "Perils of Dominance: Imbalance of Power and the Road to War in Vietnam" (Peligros del dominio: Desequilibrio de poder y el camino hacia la guerra en Vietnam), se editó en 2006.
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¿Qué nos depara el 2011?


Por Joseph Stiglitz (*)

La economía global termina el 2010 más dividida que a comienzos del año. Por un lado, los países con mercados emergentes como India, China y las economías del Sudeste Asiático están experimentando un crecimiento fuerte.Por  otro lado, Europa y Estados Unidos afrontan un estancamiento de hecho, un malestar al estilo japonés y un desempleo tenazmente altos. El problema en los países avanzados no es una recuperación sin empleo, sino una recuperación anémica. O peor, la posibilidad de una recesión de doble caída.

Este mundo de dos pistas plantea algunos riesgos inusuales. Mientras que la producción económica de Asia es demasiado pequeña para impulsar el crecimiento en el resto del mundo, puede bastar para hacer subir los precios de las materias primas.

Mientras tanto, los esfuerzos de parte de Estados Unidos por estimular su economía a través de la política de alivio cuantitativo pueden fracasar. Después de todo, en los mercados financieros globalizados, el dinero busca las mejores perspectivas en todo el mundo, y estas perspectivas están en Asia, no en Estados Unidos. De manera que el dinero no irá adonde se lo necesita, y gran parte de ese dinero terminará donde no se lo quiere, causando mayores incrementos en los precios de los activos y las materias primas, especialmente en los mercados emergentes.

Dados los altos niveles de desempleo en Europa y en Estados Unidos, es poco probable que el alivio cuantitativo suponga un brote de inflación. Podría, en cambio, aumentar las ansiedades sobre la futura inflación, derivando en tasas de interés más altas a largo plazo, precisamente lo contrario del objetivo de la Reserva Federal.

Este no es el único riesgo de impacto negativo, ni siquiera el más importante, que afronta la economía global. La mayor amenaza surge de la ola de austeridad que arrasa al mundo, mientras los gobiernos, particularmente en Europa, afrontan los grandes déficits originados por la Gran Recesión y mientras la ansiedad sobre la capacidad de algunos países para cumplir con sus pagos de la deuda contribuye a la inestabilidad de los mercados financieros.

El resultado de una consolidación fiscal prematura está casi anunciado: el crecimiento se desacelerará, los ingresos impositivos disminuirán y la reducción de los déficits será decepcionante. Y, en nuestro mundo globalmente integrado, la desaceleración en Europa exacerbará la desaceleración en Estados Unidos, y viceversa.

En una situación en la que Estados Unidos puede pedir prestado a tipos de interés bajos sin precedentes, y frente a la promesa de altos beneficios por las inversiones públicas después de una década de negligencia, resulta claro lo que se debería hacer. Un programa de inversión pública a gran escala estimularía el empleo a corto plazo, y el crecimiento a largo plazo, lo que al final redundaría en una deuda nacional menor. Pero los mercados financieros demostraron su miopía en los años que precedieron a la crisis, y lo están volviendo a hacer, al ejercer presión para que se realicen recortes del gasto, incluso si eso implica reducir marcadamente las inversiones públicas necesarias.

Es más, el atasco político asegurará que sea poco lo que se haga respecto de los otros problemas acuciantes que tiene ante sí la economía estadounidense: las ejecuciones hipotecarias probablemente sigan con toda su furia (dejando de lado las complicaciones legales); es probable que las pequeñas y medianas empresas sigan privadas de fondos, y es posible que los bancos pequeños y medianos que tradicionalmente les ofrecen créditos sigan luchando para sobrevivir.

En Europa, mientras tanto, es poco probable que las cosas vayan mejor. Europa finalmente logró salir al rescate de Grecia e Irlanda. En las vísperas de la crisis, ambos países estaban regidos por gobiernos de derecha marcados por un capitalismo de connivencia o peor, lo que demostraba una vez más que la economía de libre mercado no funcionaba en Europa mejor de lo que lo hacía en Estados Unidos.

En Grecia, como en Estados Unidos, la tarea de limpiar el desorden recayó sobre un nuevo gobierno. Tal vez como era de esperar, el Gobierno irlandés que alentó un préstamo bancario imprudente y la creación de una burbuja inmobiliaria no fue más apto para manejar la economía después de la crisis que antes.

Dejando la política de lado, las burbujas inmobiliarias dejan tras de sí un legado de deuda y de sobrecapacidad productiva en el mercado de bienes raíces que no se puede rectificar fácilmente, sobre todo cuando bancos políticamente conectados rechazan reestructurar las hipotecas.

En mi opinión, intentar discernir las perspectivas económicas para el 2011 no es una cuestión particularmente interesante: la respuesta es sombría, con escaso potencial alcista y mucho riesgo bajista. Más importante es: ¿cuánto tiempo les llevará a Europa y a Estados Unidos recuperarse y pueden las economías de Asia aparentemente dependientes de las exportaciones seguir creciendo si sus mercados históricos languidecen?

Mi mejor apuesta es que estos países mantendrán un crecimiento rápido en la medida en que viren su foco económico hacia sus mercados internos, vastos e inexplorados. Esto exigirá una reestructuración considerable de sus economías, pero tanto China como India son dinámicas y dieron pruebas de resiliencia en su respuesta a la Gran Recesión.

No soy tan optimista respecto de Europa y EE.UU. En ambos casos, el problema subyacente es una demanda total insuficiente. La máxima ironía es que existen simultáneamente una capacidad productiva excesiva, vastas necesidades insatisfechas y políticas que podrían restaurar el crecimiento si usaran esa capacidad para satisfacer las necesidades.

Tanto Estados Unidos como Europa, por ejemplo, deben adaptar sus economías para encarar los desafíos del calentamiento global. Hay políticas factibles que funcionarían en el contexto de limitaciones presupuestarias de largo plazo. El problema es la política: en Estados Unidos, el Partido Republicano preferiría ver fracasar al presidente Barack Obama antes que ser testigo de un éxito económico. En Europa, 27 países con diferentes intereses y perspectivas tiran en direcciones diferentes, sin suficiente solidaridad para compensar. Los paquetes de rescate son, desde esta perspectiva, logros impresionantes.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, la ideología de libre mercado que permitió que crecieran las burbujas de activos de manera descontrolada los mercados siempre saben más, así que el gobierno no debe intervenir ahora les ata las manos a los responsables de formular las políticas a la hora de articular respuestas efectivas a la crisis. Uno podría haber pensado que la crisis en sí misma socavaría la confianza en esa ideología. Por el contrario, ha vuelto a salir a la superficie para arrastrar a gobiernos y economías por el sumidero de la austeridad.

Si la política es el problema en Europa y Estados Unidos, sólo cambios políticos probablemente los vuelvan a colocar en el sendero del crecimiento. De lo contrario, pueden esperar hasta que la amenaza de sobrecapacidad productiva disminuya, los bienes de capital se vuelvan obsoletos y las fuerzas restauradoras internas de la economía pongan a funcionar su mágica gradual. En cualquiera de los casos, la victoria no está a la vuelta de la esquina.


(*) Economista, premio Nobel.
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lunes, 17 de enero de 2011

Semana política






Síntesis GALMA


17 de enero, 2011
 
¡Hola!  Adjuntamos los sucesos más interesantes de esta semana.

    1. Cambios en el gabinete.
    2. El Estado de México
    3. Guerrero.


Ceambios en el gabinete. Los cambios en el gabinete del Presidente Calderón responden a la necesidad de fortalecimiento del último tercio de su gestión frente a la dinámica electoral. Las sustituciones en las carteras de Comunicaciones y Transportes y Energía, más allá del claro agotamiento de sus titulares y la necesidad de refrescar el entorno, podrían entenderse como parte de un proceso para redoblar esfuerzos y destrabar el gasto en materia de infraestructura, promover la interlocución con empresarios de los sectores involucrados, impulsar temas en materia energética y, quizá, hasta hacer un seguimiento más cercano a PEMEX y CFE. Sin importar quien fuera el candidato panista en 2012, se vería beneficiado si el Ejecutivo fuese exitoso en estas vertientes. Las modificaciones en la oficina de la Presidencia concentran la toma de decisiones en el Presidente y consolidan su papel frente al partido. El arribo de Roberto Gil Zuarth para enfocarse en la operación política de la Presidencia de los temas trascendentes rumbo a 2012 –que augura una Secretaría de Gobernación concentrada en la gestión del tema de seguridad y en la defensa discursiva de los gobiernos panistas– abre, además, una carta con la que el PAN pueda jugar en la definición del candidato y una eventual alianza al gobierno del Estado de México: Luis Felipe Bravo Mena. Más allá de que la estrategia política de estos cambios sea exitosa o no para el Presidente, una pregunta inquietante es si este tipo de modificaciones –que se han dado todo el sexenio– en el largo plazo dañan la estructura de un gobierno, especialmente considerando la alta curva de aprendizaje que los funcionarios con poca experiencia en el sector asignado enfrentan. .

El Estado de México. El destape de Alejandro Encinas como aspirante a la candidatura del Estado de México detonó el inicio del juego político. De entrada creó incertidumbre y una semana de declaraciones confusas en el PAN sobre la posibilidad de concretar una alianza y, finalmente, tuvo respuesta concreta con el anuncio de Luis Felipe Bravo Mena manifestando su disposición a participar en la contienda. Si bien una postulación de Encinas por la izquierda unifica, en cierta medida, los intereses de la izquierda, al mismo tiempo dificulta la alianza con el PAN. De lado de la izquierda, tanto para Andrés Manuel López Obrador como para Marcelo Ebrard tiene sentido apoyar al candidato más competitivo que la izquierda pueda presentar, ya que aprovecharán la campaña por el Estado de México para posicionarse rumbo a 2012 –además de buscar debilitar a Enrique Peña Nieto. En el PAN la figura de Encinas genera muchas resistencias por su cercanía a López Obrador. Si bien la posibilidad de alianza aún no está muerta y los dos partidos podrían inclinar sus procesos de toma de decisión hacia ella, tendrán que considerar que en el estado hay zonas en las que durante los últimos años se ha desarrollado un discurso muy encendido contra el partido con el que hoy pretenden aliarse, y tal contradicción podría llevarles, en el peor de los escenarios, a perder terreno ganado frente al PRI. Finalmente, en el PRI aún queda la definición del candidato. Si bien parece que la disciplina entre los aspirantes es total y no habrá las rupturas de otros estados, el perfil de los destapes en el PAN y PRD sí obligarían al PRI a darle mayor peso al candidato de lo que pensaban para asegurarse de que su estructura electoral funcione.

Guerrero.
El próximo 30 de enero 2.4 millones de guerrerenses elegirán nuevo Gobernador, 46 Diputados locales y 81 Alcaldes. Resalta que, por homologación del calendario electoral local con el federal –disposición contenida en las reformas electorales aprobadas en el 2007– el mandato del nuevo Gobernador será de sólo cuatro años, para ser renovado de nueva cuenta en el 2015. Si bien, las elecciones pondrán a prueba la permanencia del PRD al frente del Gobierno del estado y el control del Congreso local, la contienda por la gubernatura parece ser más una disputa entre las distintas élites políticas del PRI guerrerense, que un proceso electoral en el que se contrasten propuestas que transformen la realidad del estado. La alianza PRD-PT-Convergencia postula como su candidato a un ex priísta, Ángel Aguirre Rivero, senador con licencia por el PRI y ex gobernador interino del estado –sustituyó a Rubén Figueroa Alcocer cuando éste renunció a su cargo derivado de la matanza de Aguas Blancas en 1996. Su postulación por esos partidos respondió, principalmente, a que el PRI lo descartó como candidato a la gubernatura debido a que una vez asumida la gubernatura interina Aguirre Rivero decidió separar de sus cargos a los colaboradores más cercanos a Figueroa Alcocer, generando un enfrentamiento con éste –el PRI nombró candidato entonces al ex alcalde de Acapulco, Manuel Añorve Baños. La postulación de Aguirre Rivero como candidato también trajo conflictos al PRD, enfrentando al actual Gobernador del estado, Zeferino Torre Blanca con el Consejo Nacional de su partido. Si bien, el candidato natural para suceder a Torre Blanca era Armando Chavarría Barrera, asesinado en agosto de 2009, su muerte generó enfrentamientos entre los aspirantes: por un lado, David Jiménez Rumbo, del grupo político del fallecido Chavarría; Lázaro Mazón, afín al Presidente nacional del PRD, Jesús Ortega y; Armando Ríos Piter, respaldado por el actual Gobernador. Ello obligó tanto al CEN del PRD, como a Torre Blanca a optar por Aguirre Rivero, quien permitía conciliar los intereses de las distintas corrientes del partido y acababa de dejar las filas del PRI al haber sido descartado como candidato a la gubernatura por ese partido. Si bien las elecciones en Guerrero no despiertan el interés nacional, podrían representar un termómetro útil para medir el poder de las estructuras operativas de los partidos políticos. Además, la postulación de un ex priísta como candidato a la gubernatura por el PRD es, nuevamente, ejemplo de los problemas que ha tenido el PRI para resolver los conflictos internos derivados de la elección de sus candidatos, amenaza de la que no estará exento este año. .


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sábado, 8 de enero de 2011

Agenda Política 2011

Como viene siendo ya una costumbre desde 2004, el Centro de Investigación y Análisis Político GALMA pone a disposición del público la agenda política del año. En este documento, encontrará los Trending Topics, las Guerras y Conflictos, las Elecciones a seguir y los Talleres y libros que editaremos en este 2011.

Puede bajar el documento aquí.

jueves, 6 de enero de 2011

Semana política




Síntesis GALMA


5 de enero, 2011
 
¡Hola!  Adjuntamos los sucesos más interesantes de esta semana.

    1. Inseguridad: la herencia de 2010.
    2. El PRI y la disciplina
    3. Perspectivas de gobierno en 2011.


Inseguridad: la herencia 2010. Aunque el crimen organizado no es un fenómeno nuevo en el país, el problema de inseguridad en México se percibe, como nunca antes, como un asunto que concierne a todos. El 2010 dejó como enseñanza que ni siquiera las élites políticas pueden escapar de la ola de violencia. El combate de los últimos gobiernos en contra del narcotráfico, aunque exhibe una saludable intolerancia a las estructuras ilícitas que subsisten en el país, parece insuficiente e, incluso, ha sido nulificado por un sistema de procuración de justicia incapaz de hacer frente a la creciente incidencia delictiva en México. El desafortunado caso de Rodolfo Torre Cantú, y otras ejecuciones de candidatos son un ejemplo de ello. Hasta hace poco, el crimen organizado garantizaba la estabilidad de sus operaciones financiando campañas políticas; ahora, la intimidación se ha probado como un método y la ejecución como una solución al problema. En este escenario se pueden esperar dos cosas. La primera –y natural– es que las elecciones estén acompañadas de importantes despliegues de seguridad. La segunda –también natural como táctica de sobrevivencia– es que la seguridad y el combate al crimen organizado no sean temas que sirvan como estandarte a ninguno de los candidatos. Es en este contexto que la Cámara de Diputados aprobó a finales del año pasado un dictamen que tiene como propósito perfeccionar el tipo penal de "terrorismo" con el objetivo de encuadrar, de alguna manera, las acciones violentas del narcotráfico en esta nueva figura penal. Sin embargo, hacer estas modificaciones pueden tener más implicaciones negativas que positivas. Primero porque resulta inútil agravar las penas de delitos que, en la práctica, no se condenan. Segundo porque complejizar un tipo penal implica también, complejizar la carga de la prueba para el Ministerio Público. Por último, pero no menos importante, equiparar la actividad del narcotráfico con terrorismo transforma el problema de seguridad pública en uno de seguridad nacional. Habrá que tener cuidado que los sucesos de 2010 no traigan más de esas "buenas ideas" con consecuencias imprevistas.

El PRI y la disciplina. Sin lugar a dudas la atención del PRI este año se concentrará en el Estado de México, independientemente de que en la elección de dicho estado el riesgo de perder sea bajo por varios motivos: la población mexiquense tiene una buena percepción del desempeño  del actual Gobernador; el apoyo de los presidentes municipales priístas; y la ausencia de un contrincante poderoso en la oposición. Es por eso que esta elección, quizá, sea más significativa por lo que representa al interior del PRI que por los resultados que pueda anticipar de la elección de 2012. Para el PRI, la elección del Estado de México representa una importante prueba de la capacidad política de Enrique Peña Nieto para demostrar su fuerza al interior del partido. Y es por eso que más allá de la oposición en el estado, un riesgo para Peña Nieto sean los grupos políticos de su partido que, al igual que él, buscan la candidatura a la Presidencia y tendrían claros incentivos a ponerle obstáculos para debilitar su posición como precandidato y emparejar así la competencia rumbo a 2012, o bien, venderle más caro el costo de no pelearle la candidatura.  
Otro reto en 2011 para el PRI será la resolución de conflictos internos derivados de los procesos de nombramiento de candidatos a las gubernaturas que se disputarán este año –condición necesaria para alinear las distintas fuerzas políticas en torno a una candidatura a la Presidencia que deberá ser definida en otoño. En resumen ,en 2011 la prueba para el PRI se llama disciplina interna.

Perspectivas de gobierno en 2011.
Dos años de gobierno le quedan al Presidente Calderón, tiempo suficiente para que un líder pragmático con capacidad de decisión impulsara cambios positivos en un entorno de instituciones débiles, particularmente en el ámbito económico. Si bien la inseguridad continúa creciendo en las preocupaciones de la sociedad, los asuntos económicos que determinan el día a día de las personas continúan siendo una prioridad. Además, si bien es cierto que será difícil avanzar reformas en el Congreso, el Ejecutivo tienen la oportunidad de promover acciones en áreas tan distintas como infraestructura, telecomunicaciones, competencia, seguridad social e incluso educación.  El impedimento a que esto ocurriera sería un Presidente inmerso en el ciclo electoral y concentrado en la promoción de políticas de corto plazo cuyo principal objetivo fuese no entregar la Presidencia a otro partido. De darse este escenario, el país podría estar a la puerta de dos años de deterioro y de conflicto constante entre las distintas fuerzas políticas, donde todo se sometería a la lógica electoral. Las opciones están sobre la mesa. En juego está, además del legado de un Presidente, el futuro de un país que no está para permitirse perder dos años.


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